Frente a Trump Evo sí (pero no así)

viernes, 03 de febrero de 2017 · 12:00:00 a.m.
Resulta realmente satisfactorio oír a nuestro Presidente convocando a todos los demás presidentes de América Latina a cerrar filas contra la política imperialista, segregacionista, racista y anti-musulmana de Donald Trump, que está expresando lo peor de ese Estado norteamericano convencido de ser el dueño del mundo. 

Evo cumplió con la cortesía interestatal cuando felicitó a Trump después de que ganó las elecciones, pero ahora cumple, con mayor rapidez que ningún otro Gobierno de la región, cuando descalifica esa política de levantar muros contra los pueblos, al mismo tiempo que mantiene sus fronteras abiertas a las empresas transnacionales. No podemos dejar de sentirnos orgullosos por esa posición consecuentemente rebelde frente al Imperio norteamericano (que se expresó hace ya 10 años con la expulsión de un embajador entrometido y todavía se expresa en el vacío de esa embajada).

Sin embargo, no podemos tener la misma satisfacción cuando miramos aquí adentro y vemos que, en contra del mensaje dirigido por el Presidente a sus colegas del continente, nuestras fronteras se mantienen totalmente abiertas a las famosas transnacionales. En algunos casos —como el de la Sumitomo que se ha comprado la famosa San Cristóbal, allá en los Lípez— se trata de operaciones contratadas antes de que empezara este "proceso de cambio”, cosa que se puede decir también de la mayor parte de las empresas petroleras; pero en otros muchos casos se trata de empresas que han entrado con el beneplácito de este Gobierno, como es el caso de las múltiples empresas chinas, y de las puertas abiertas a la Rosatom de Rusia.

El Presidente ha llegado a decir que quienes estamos en contra de esta nueva presencia transnacional lo que queremos es que nos siga dominando el Imperialismo norteamericano; ante lo que muchos nos preguntamos por qué tenemos que escoger entre un imperialismo y otro, por qué no podemos librarnos de todo imperialismo, y ésta es la contradicción que percibimos en las últimas declaraciones de Evo contra Trump.

Alguien ha dicho que el capitalismo chino es peor que el imperialismo yanqui "por rápido y furioso”. A eso se puede añadir que también es más peligroso porque no pretende cobrar en dinero sino en materias primas, manteniéndonos así en las mismas condiciones de los peores tiempos coloniales…

Además, las empresas chinas vienen como resultado de los créditos chinos, que ponen como condición que se las contrate. Oficialmente se ha anunciado que con el último crédito comprometido de 4.858 millones de dólares, la deuda bilateral con China pasará de 606,4 millones a 5.464 millones de dólares. Y las cifras seguirán creciendo, paralelamente con la disminución de nuestras reservas. La perspectiva resulta aún más preocupante si tenemos en cuenta el carácter poco transparente de esas empresas chinas —como es el caso de la CAMC (con sus siete contratos millonarios y plagados de irregularidades, sin necesidad de mencionar la telenovela de la señora Zapata) o de Sinohidro (pregunten a la empresa Misicuni)—; sin contar con su estilo de explotación de la mano de obra (digna de los peores tiempos del capitalismo temprano) y sin contar con la aberración de que nos trae mano de obra china (como si en nuestro país no hubiera suficiente desocupación).

Tenemos derecho a esperar del presidente Evo Morales una actitud mucho más consecuente: si criticamos a Trump no lo imitemos en nada, tampoco en abrir las fronteras a las transnacionales, sean de la nacionalidad que sean. Tenemos derecho a esperar que la lucha contra el capitalismo empiece por ahí. Y si tenemos necesidad de alguna empresa transnacional —ante la comprensible insuficiencia de nuestras empresas nacionales— que se escojan empresas mínimamente garantizadas y no siempre las mismas, y, además, empresas que contraten trabajadores bolivianos, que eso sí tenemos (y bien cotizados que son en Argentina o en España).

Compañero Presidente, ¿no está usted de acuerdo con que su colega Trump es nomás la mejor expresión del capitalismo imperialista, sólo que de manera cínica y sin ponerse antifaz, como hacen otros? Entonces, no nos limitemos a criticarlo, hagamos todo lo contrario de lo que él hace. ¿No sería eso lo consecuente?

Rafael Puente es miembro del Colectivo Urbano por el Cambio (CUECA) de Cochabamba. 
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