Vamos a andar

Aborto, patriarcado y jerarquía

viernes, 17 de marzo de 2017 · 12:00:00 a.m.
Cuando la Asamblea Legislativa cumple con una elemental responsabilidad de reconocimiento de los derechos de mujeres en situación difícil, despenalizando el aborto en determinadas circunstancias, le sale en contra la jerarquía católica, más preocupada por supuestos dogmas que por entender la situación angustiosa en que se encuentran muchas mujeres que han quedado embarazadas como resultado de una violación o de otros posibles abusos masculinos, o que por diversas circunstancias no sienten que puedan vivir la maternidad en serio. Y a esa Jerarquía Católica –esencialmente patriarcal– se suma el Colegio Médico –el que más sensibilidad debería tener al respecto–, mostrando así que son demasiados los médicos que tampoco han podido superar la mentalidad patriarcal.

Porque lo primero que cabe afirmar en este tema es que los varones sólo podemos opinar discretamente y respetando de antemano la opinión, la decisión y los derechos de las mujeres.
 
Son ellas las que engendran una nueva criatura; por tanto, son ellas las que asumen –y en algunos casos no tienen por qué asumir– esa responsabilidad. Es su cuerpo el que está en juego y a los varones sólo nos cabe acompañarlas, ayudarles, respetarlas, y en ningún caso pretender decidir por ellas. 

Por tanto, señores jerarcas, pandilla de patriarcas que hasta ahora no han sido capaces de tratar con elemental sentido de justicia los crímenes de pederastia, y que no admiten en sus filas jerárquicas a mujeres por muy valiosas y comprometidas que sean, lo que les toca es escuchar (y aprender), en ningún caso juzgar ni prohibir.

Además, deben entender que este nuevo proyecto de ley no está "promoviendo” el aborto y que se trata de posiciones mínimas al respecto, pero por eso mismo totalmente necesarias. Sabemos que la decisión de abortar es una decisión difícil, cuando no angustiosa; nadie aborta por gusto, es una decisión que sólo se toma cuando las circunstancias son decididamente hostiles para la vida y realización de la madre o para la vida y realización de la eventual criatura que todavía está en germen. Y lo menos que debe hacer el Estado es reconocer esas decisiones como legítimas, sin meterse a juzgar.

Pero además vivimos en un Estado laico –¡gracias a Dios!– y los argumentos provenientes de creencias, y concepciones religiosas sólo tienen sentido en el ámbito de quienes pertenecen a determinadas iglesias o comunidades religiosas. Por eso mismo resulta ridícula la decisión del partido Unidad Demócrata cuando establece que sus parlamentarios y parlamentarias votarán de acuerdo a su credo religioso: ¿acaso son representantes de tal o cual iglesia? Tendrán que votar de acuerdo a lo que piensan y creen sus electores, y electoras y, por tanto, lo sano y consecuente sería que hagan una consulta al respecto entre quienes los han elegido (y si eso va en contra de su "credo” lo consecuente será que renuncien al cargo).

Y por lo que hace al Colegio Médico, ¿alguna vez se ha preocupado del montón de abortos clandestinos que practican sus asociados? ¿Se han enterado de las tragedias humanas que se producen a causa de esos abortos clandestinos, no controlados, y muchas veces realizados en condiciones precarias? ¿No entienden que la única solución es la despenalización del aborto para que pueda realizarse en condiciones que garanticen la salud de las mujeres que por muchas razones se ven en la necesidad de abortar? Lo que no implica que a un médico que realmente siente objeción de conciencia haya que obligarlo a que practique un aborto; ni parece que se tenga que entender en ese sentido la nueva ley.

Y a quienes se llenan la boca con la "defensa de la vida” les quiero preguntar: ¿Les parece VIDA la de un niño o niña indeseado o deforme o sometido a la peor de las orfandades? ¿Conocen ustedes los orfanatos y la VIDA que se vive en ellos? En vez de proferir mandatos supuestamente divinos ¿por qué no se ofrecen a hacerse cargo de una de esas criaturas que repletan los hogares de todo el país?

Señores y señoras asambleístas esperamos que sigan adelante con este proyecto largamente anhelado y que no se dejen influir por jerarcas ni patriarcas a los que nadie ha concedido el derecho de disponer del útero de las mujeres (ni aunque sean sus feligresas). Amén.

Rafael Puente es miembro del Colectivo Urbano por el Cambio (CUECA) de Cochabamba. 
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