¿Tiempos de fragmentación?

viernes, 30 de junio de 2017 · 12:00:00 a.m.
Con esta formulación -"tiempos de fragmentación”- nos han estremecido (hace dos semanas) una serie de agrupaciones indígenas de nuestro Estado supuestamente Plurinacional, que expresamente califican así a la "última década”; es decir, nada menos que al proceso de cambio que venimos proclamando y apoyando. Son organizaciones de Tariquía, del TIPNIS, de los pueblos guaraní y moxeño, incluyendo organizaciones de mujeres indígenas.
 
¿No era acaso al revés? ¿No se trataba de superar el viejo Estado neocolonial fundado en 1825? ¿No era esta última década la de la descolonización, la de los derechos de la Madre Tierra, la del Vivir Bien? ¿Cómo que fragmentación? Sin embargo, el manifiesto en cuestión formula sus quejas en términos que ciertamente expresan la realidad que esos pueblos viven con más crudeza que nadie, y por lo mismo acaban convocando a la articulación… ¿De qué hablan?
 
Para empezar, de la repetida violación de sus derechos: intervención de territorios indígenas, persecución de dirigentes, creación de organizaciones paralelas, contaminación del medioambiente, violación de derechos elementales, como el derecho al agua, a la salud, a la educación, al trabajo, ¡a la vida!...
 
Y de manera más concreta, de la penetración de empresas transnacionales que, con el "pretexto del desarrollo” (textual) llevan adelante megaproyectos extractivistas (mineros, petroleros, hidroeléctricos y carreteros), violando los derechos de los pueblos indígenas, así como sus territorios y sus formas de vida.
 
Lamentablemente no es la primera vez que escuchamos ese tipo de quejas y denuncias. Sabíamos de la exploración petrolera en bosques amazónicos que ha  llegado a amenazar incluso a pueblos no contactados. Sabíamos que la empresa San Cristóbal consume cada día más agua que toda la ciudad de El Alto en un mes (y para colmo aguas fósiles). Sabíamos que la actividad minera fue la causa principal del desecamiento del lago Poopó. Sabíamos que sigue adelante el proyecto de carretera por el TIPNIS.
 
Sabíamos de la creación de un Conamaq paralelo y de una CIDOB paralela. Sabíamos de megarepresas hidroeléctricas asesinas de la Madre Tierra… Pero no deja de resultar impresionante el manifiesto escrito por las organizaciones mencionadas y, sobre todo, la calificación de "tiempos de fragmentación”.
 
Por eso no podemos menos que apoyar las demandas formuladas por ese manifiesto y que pueden clasificarse en tres capítulos:
 
Primero, la anulación de las leyes y decretos que vienen generando ese proceso de fragmentación, junto con la paralización de las dotaciones de tierras que violan los artículos 2 y 30 de la nueva Constitución.
 
Segundo, el rechazo a las famosas "consultas previas”, ya que en los hechos tienden a anular la autodeterminación de nuestros pueblos indígenas, violando nuevamente el artículo 30 de la Constitución.
 
Tercero, el rechazo  al uso de semillas foráneas y transgénicas.
 
Pero lo que resulta más preocupante es la respuesta fáctica del Estado y sus autoridades (y de las organizaciones paralelas manipuladas) a este manifiesto indígena. No sabemos siquiera si lo han leído. Lo que sí sabemos es que una  organización que no es paralela pero sí sometida (la Conisur) acaba de proponer una Ley de Protección Desarrollo y Integral y Sustentable del TIPNIS que -basándose en la conocida y tramposa consulta previa que se hizo en dicho territorio- plantea nada menos que la abrogación de la Ley 180 (de manejo del ese parque), todo esto en contra de una mayoría de comunidades que expresamente se pronunciaron contra esa abrogación… Y podemos prever que la Asamblea Legislativa hará caso a esa Conisur y calificará de papel higiénico el manifiesto que estamos comentando…
 
Realmente es para llorar. Pero no se gana nada llorando. Lo que se requiere es una difusión permanente del mencionado manifiesto y un creciente apoyo social al mismo. Amén. 
 
Pero no se gana  nada llorando. Lo que se requiere es una difusión permanente del mencionado manifiesto y un creciente apoyo social al mismo.
 
Rafael Puente es miembro del Colectivo Urbano por el Cambio (CUECA) de Cochabamba.
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