Golpes en lugar de participación

viernes, 15 de septiembre de 2017 · 08:48
Los últimos espectáculos que nos han brindado importantes representantes del Gobierno que acababan golpeando en público a representantes de partidos opositores nos vienen a confirmar, de manera denigrante, una tendencia que había empezado a desarrollarse hace más de siete años en nuestro proceso de cambio. No podemos olvidar que uno de los rasgos más revolucionarios de dicho proceso fue lo que podíamos llamar la conformación de un Estado que —además de Plurinacional, Soberano, Transparente, Productivo, Equitativo y Defensor de los derechos de la Madre Tierra— era también un Estado Participativo. Así funcionó la Asamblea Constituyente y así se superó el "empate catastrófico” de 2007-2008. Nunca olvidaré aquella frase del Presidente Evo Morales, en abril del 2008, cuando dijo (cita textual): "A los que piensan diferente que nosotros los tenemos que convencer, no los tenemos que vencer”; una formulación prometedora y verdaderamente revolucionaria, pero que en los hechos ha ido perdiendo vigencia.

La cosa empezó el 2010, cuando se dieron los conflictos con muertos en Caranavi, y llegó a su punto más álgido y contradictorio el 2011 cuando se produjo la represión de la Marcha Indígena (por el TIPNIS) en Chaparina. Luego vino el ataque a la prensa independiente y opositora; la guerra contra las ONG que cometieran el delito de no ser funcionales al Gobierno; la descalificación de los masistas disidentes, y más recientemente el ataque insólito a compañeros como Pablo Solón y Rafael Archondo; y el funcionamiento de la aplanadora oficialista en la preselección de candidatos y candidatas a las Elecciones Judiciales; y el espectáculo de Achacachi (y de otros municipios, donde se llega a encarcelar a dirigentes o funcionarios que se atreven a denunciar a alcaldes masistas por supuestos actos corrupción; en lugar de proceder a investigar dichas denuncias).
Realmente un lamentable proceso de involución. Y ahora, cuando nada menos que nuestro Vicepresidente intenta "poner en su lugar” a la diputada Norma Piérola haciendo uso de la fuerza física; y cuando la asambleísta departamental de Cochabamba Leonilda Zurita —todo un símbolo de las antiguas luchas sociales en el Chapare— agarra a patadas a la asambleísta Lizet Veramendi (para que se calle y deje de "molestar” a un ministro), sentimos que estamos llegando a una desesperada negación del Estado Participativo. Entendemos que la diputada Piérola saque de quicio al Vicepresidente —es capaz de sacar de quicio a cualquiera— pero precisamente un Vicepresidente del Estado está obligado a no dejarse desquiciar, y no puede darse el lujo de protagonizar ese triste espectáculo de negación del derecho a opinar (y si la opinión es absurda lo que hay que hacer es desenmascararla, en ningún caso acudir a la violencia física). Peor aún en el caso de la asambleísta Veramendi, cuya argumentación no tenía nada de desquiciante sino que estaba cargada de razón, serenidad y lógica política, y que se ve respondida con patadas por parte de la asambleísta Zurita (y parece que otras que la siguen).

¿No se dan cuenta nuestras autoridades de que esta forma de "liquidar” un debate es contraproducente? ¿Qué se deduce cuando en un debate los argumentos son sustituidos por patadas o puñetes?

¿Qué ha pasado con nuestro Estado democrático-participativo? ¿Será que se está perdiendo definitivamente, igual que se han ido perdiendo el Estado Plurinacional (es decir descolonizado) que permite la descalificación de los pueblos indígenas de Tierras Bajas como "salvajes” que no saben lo que les conviene? ¿Será lo mismo que viene ocurriendo con el Estado Transparente (donde la corrupción no se investiga), con el Estado Productivo (que se limita a la extracción y exportación), y con el Estado Defensor de los derechos de la Madre Tierra, aquella Pachamama que ahora se encuentra en estado de coma inducido?

No lo olvidemos. Toda esta regresión empezó el 2010, cuando ganamos las elecciones con más de dos tercios del Poder Legislativo… El exceso de poder, !ése parece ser el fondo del problema!
 
No lo olvidemos Toda esta regresión empezó el 2010, cuando ganamos las elecciones con más de dos tercios del Poder Legislativo. 

Rafael Puente es miembro del  Colectivo Urbano por el Cambio (CUECA) de Cochabamba
 

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