Vamos a andar

¿Ahora queremos volver al Estado autocrático?

viernes, 29 de septiembre de 2017 · 00:00
Hace unos días nuestro Presidente afirmó que la independencia de poderes es un invento norteamericano, y que para lo que sirve es para derrocar gobiernos democráticos. ¿Será que Evo Morales realmente piensa así? ¿O será que se dejó llevar por la bronca que le genera el canciller chileno (al que se dirigían esas afirmaciones)? En todo caso, resulta preocupante leerlas, más aún en el momento político que estamos viviendo.

 Para empezar, si repasamos someramente la historia de este país nuestro, tan llena de golpes de Estado -derrocamiento de gobiernos democráticos y no democráticos- no encuentro ningún caso en que dicho derrocamiento haya sido obra de la "independencia de poderes” (es decir, que haya sido el Parlamento o el Poder Judicial el que procedió a ese derrocamiento); por lo general fueron las Fuerzas Armadas (o algunos de sus sectores) las que se dedicaron a eso; y nunca hemos sabido que nuestro Presidente descalifique por eso a las Fuerzas Armadas (más bien insiste en mimarlas).

 En segundo lugar, es evidente que la independencia de poderes no se inventó en Estados Unidos; su origen está en las grandes revoluciones europeas como mecanismo para acabar con los Estados autocráticos medievales (y con los abusos de sus gobernantes, que más bien debían someterse a leyes y a juicios que no dependan del capricho de ellos). Y en su momento los fundadores de Estados Unidos recogieron la independencia de poderes, como la recogió en varios de nuestros países el Libertador Simón Bolívar (al que nadie pudo ni puede acusar de ser pronorteamericano ni antidemocrático). La división de poderes ¿no es absolutamente coherente con la idea de un Estado Plurinacional en el que se respeta al máximo las iniciativas y visiones de todos los grupos humanos, por pequeños que parezcan?

 Ahora bien, eso no significa que el sistema democrático (con sus tres poderes) haya resultado satisfactorio. Con o sin independencia de poderes, el Estado sigue siendo poderoso, sigue siendo inevitablemente abusivo y deshumanizante, sigue sin poder satisfacer los derechos de cada ciudadana, y de cada ciudadano (¿tal vez con excepción de los Estados escandinavos?)

 Pero hoy por hoy, cuando todavía no estamos en condiciones de dejar a un lado el Estado,lo que sí podemos hacer es buscar la forma menos autoritaria de Estado, y ahí sí está comprobado que la independencia de poderes puede jugar un papel positivo.

 Lo grave de la afirmación presidencial es que no responde a un análisis poco cuidadoso de la historia, sino que en el fondo está justificando la situación actual del Estado boliviano; un Estado en el que se ha llegado al extremo de que el Órgano Ejecutivo envía un proyecto de ley al Legislativo con la instrucción de que se apruebe sin discusión; un Estado en que el Órgano Ejecutivo, a través del Legislativo, decide quién puede y quién no puede ser candidato a las diferentes instancias del Órgano Judicial...

 ¿Para qué gastamos un montón de plata en mantener a esos dos órganos que en el fondo no hacen más que obedecer al Ejecutivo? Y peor todavía, cuando invertimos un montón de millones en construir un nuevo Palacio Legislativo, millones que serían mucho más útiles si se los asignara a asegurar la salud de la población… ¿No sería suficiente incluir en el Gabinete del Presidente un ministerio de asuntos legales? En todo caso nos resultaría mucho más barato. 

 Y, de la misma manera, cabría pensar en que todo el aparato judicial funcionará dependiendo directamente del Ministerio de Justicia y, por tanto, clara y llanamente del Ejecutivo (y nos ahorramos elecciones judiciales y sus correspondientes gastos y problemas de candidaturas).

 Si realmente queremos volver a la monarquía, establezcamos claramente que el único poder es el Ejecutivo y no malgastemos presupuesto ni afanes en la simulación de otros poderes (u órganos).
 
¿Y la Constitución vigente? Pues le pedimos al Tribunal Constitucional que la declare inoperante, y nos ahorramos un montón de problemas. ¿No lo cree usted, amable lector o lectora?

Rafael Puente es miembro de Colectivo Urbano para el Cambio (Cueca) de Cochabamba.
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