Vamos a andar

¿Ahora les toca a los cocaleros de los Yungas?

Por 
viernes, 23 de marzo de 2018 · 00:06

La noticia más sobresaliente de esta semana –después de la que se refiere a las esperanzadoras gestiones en La Haya– ha sido la desmesurada represión a los productores de Adepcoca. Dicen los dirigentes que hay más de 35 heridos y 20 de ellos de gravedad…


Por lo visto un grupo de cocaleros de Yungas –dizque militantes del MAS– tomaron la sede de Adepcoca exigiendo elecciones para desplazar a los actuales dirigentes y conformar un nuevo directorio. Hasta aquí, es problema de los cocaleros de Yungas y de su organización, y a los demás no nos corresponde meternos.


Pero resulta que cuando otro grupo –aparentemente mayoritario– de cocaleros pretende retomar la sede, ahí ya no es asunto de ellos sino que se mete la Policía, o sea el Estado. Y entonces uno se pregunta a qué tiene que meterse el Estado en un problema que concierne a una organización de la sociedad civil. Por lo visto, la Policía, además de reprimir injustificadamente, detuvo a 44 personas, enviando a 32 al Ministerio Público. 


 Cierto también que la Policía sufrió a su vez más de una docena de efectivos heridos y que tuvieron que ser hospitalizados (lo que muestra que los cocaleros que querían retomar su sede eran nomás multitud y multitud muy enojada). Pero igual nos seguimos preguntando por qué el Estado tenía que meterse en un problema interno de una organización de la sociedad civil.


 Y cuando nos planteamos esa pregunta no podemos menos que recordar lo ocurrido con la CIDOB y el Conamaq, y más recientemente con la COB y sólo nos explicamos este último lamentable enfrentamiento como expresión de un nuevo intento del Gobierno –o de su partido– de controlar organizaciones sociales, aunque para eso haya que dividirlas (y lo triste es que siempre hay miembros de las mismas que se prestan para ese tipo de maniobras).


Cierto que de esa manera consiguen debilitar a organizaciones que se dan el lujo de ser críticas, pero uno se pregunta si nuestro Gobierno y su partido realmente creen que de esta manera se fortalecen…

Y para colmo esto ocurre en el departamento de La Paz, donde en las últimas elecciones, supuestamente autonómicas, el MAS no pudo ganar ni la gobernación ni las dos grandes alcaldías (La Paz y El Alto) y donde hace poco que el propio Gobierno se ha esmerado en crear nuevos focos de resistencia en lugares tan importantes como Achacachi y la propia ciudad de El Alto.


 ¿No se dan cuenta, compañeros del Gobierno, de que lo que logran con estos comportamientos es aislarse cada vez más? ¿Hasta ahí puede llegar el efecto tóxico del poder (más tóxico cuanto más largo el ejercicio de ese poder)? ¿No les preocupa la amenaza de movilización, en solidaridad con Adepcoca, por parte de comités cívicos y de organizaciones mineras?


Pero además, el caso de Adepcoca resulta especialmente sensible, dadas las fricciones/rivalidades/conflictos de intereses que se vienen generando hace mucho tiempo entre los cocaleros de Yungas y los del Chapare, a partir de las cuales resulta inevitablemente sospechosa la actitud de un gobierno, que siempre ha aparecido identificado con los últimos y que ahora pareciera que quiere debilitar a los primeros…


 Desde la Guerra del Agua y pasando por los primeros años del gobierno de Evo, una esperanzadora consigna política era la que podría formularse en los términos de “cada vez menos Estado y más sociedad civil”, consigna más profundamente revolucionaria –y concreta– que las de “socialismo comunitario” y similares, y que durante varios años se expresaba en lo que dio en llamarse Estado participativo. 


 Sin embargo, asistimos a un proceso contrario (cada vez más Estado y menos sociedad civil y cero participación), sin pensar que ése fue el error que llevó al fracaso al socialismo soviético (y de sus satélites), a la yamajiría libia e, incluso, a la experiencia más exitosa y consistente que fue la Revolución Cubana…


¿No es de sabios aprender de la experiencia propia y ajena, en lugar de afanarse únicamente por la concentración de poder? ¡Ukamau!

Rafael Puente es miembro del Colectivo Urbano por el Cambio (CUECA) de Cochabamba.

Permítanos un minuto de su tiempo.

Para desarrollar el periodismo serio e independiente, esencial en democracia, que usted aprecia en Página Siete, contamos con un equipo de reporteros, editores, fotógrafos, administrativos y comerciales de primer nivel.

Los ingresos con que Página Siete opera son producto de nuestro trabajo; no contamos con prebendas de ninguna naturaleza.

Si usted desea apoyar el esfuerzo que realizamos, suscríbase a P7 VIP, para recibir de lunes a viernes una carta informativa por correo electrónico, que contendrá un resumen de las noticias y opiniones más interesantes de Página Siete, a un costo de sólo Bs 15 al mes.

Para suscribirse haga clic aquí o llame al número 2611749, en horas de oficina.

391
5

Otras Noticias