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El nuevo imperialismo chino

El nuevo imperialismo chino
El nuevo imperialismo chino
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viernes, 20 de abril de 2018 · 00:06

Una de las novedades fundamentales de nuestro Estado Plurinacional era la del Estado soberano, y no se puede negar que fue —y en parte sigue siendo— una auténtica novedad. Probablemente seamos el único país del mundo que lleva más de diez años sin Embajador de Estados Unidos (tras la expulsión del último que padecimos y que no quiso entender que no era quién para dar órdenes en Bolivia). Realmente se trata de un rasgo innegablemente positivo del Proceso de Cambio.


Pero lo que le falta es consecuencia, tanto ideológica como práctica. El artículo 1 de la CPE afirma la importancia del “Estado soberano” sin especificar respecto de quién, se supone que respecto de cualquier poder extranjero. Sin embargo, nuestro Gobierno, que ha tenido el valor de ser consecuente en la defensa de la soberanía respecto del Gobierno y las empresas de Estados Unidos, no tiene ningún inconveniente en someterse a los intereses de la China, que nadie duda en calificar como nuevo “imperio” (con la única diferencia de que en China los intereses económicos privados están camuflados de intereses estatales).


 Hoy en nuestro país son numerosos los grandes y costosos emprendimientos que dependen de capitales y tecnología china, y que al mismo tiempo están siendo rechazados por la población civil de las zonas afectadas. En estos momentos son noticia las movilizaciones en defensa de Tariquía, de la región amazónica Tacana, del Chepete y El Bala, y del proyecto Río Grande Rositas (y hay más).

Tomemos como ejemplo este último:


 Para empezar, se promulgó dos decretos supremos para asegurar el contrato exclusivo del Estado boliviano como el Exim Bank de China (y sus empresas aliadas) en la ejecución del proyecto Río Grande-Rositas. Se trata de un proyecto hidroeléctrico con un costo inicial de 1.000 millones de dólares, que son crédito chino (en contra de la vehemente protesta de las poblaciones afectadas, cuyos derechos no cuentan, como no cuentan los derechos de la Madre Tierra). 


 Las condiciones del Exim Bank son que las empresas contratadas sean chinas —ahí están ya la Three Gorges Corporation (TGC) y la China International Water & Electric Corporation— y que los equipos a comprar sean  igualmente chinos (y chinos muchos de sus trabajadores, a costa del creciente desempleo en Bolivia). O sea, que la China se asegura todas las ganancias y no arriesga nada.


Además el historial de dichas empresas en su propio país es preocupante (por los elevados daños sociales y ecológicos que han causado, entre los que cabe mencionar la relocalización de millones de personas, los problemas de erosión de suelos e incluso la generación de graves movimientos sísmicos), como parece que fue nefasta su actuación en otros lugares, por ejemplo en Merowe, Sudán, por razones similares…


 Nuestro Gobierno parece que sólo valora la rapidez y cuantía de los créditos, y no quiere calibrar los costos a largo plazo, tanto económicos como ambientales, todo para convertirnos en “centro energético de Sudamérica” (objetivo que no figura en la Constitución y que incluso puede acabar chocando con planes similares del Brasil, con el que parecen creer que podemos competir). ¡Y ahora se nos viene el famoso fracking! pero de eso hablaremos otro día…


 Si a este proyecto le sumamos los otros muchos que se están negociando con la China, podemos hablar de un nuevo sometimiento imperial. Por su parte, nuestro Presidente ha afirmado que quienes están en contra de las empresas chinas es porque están a favor del imperio norteamericano, como si fuera inevitable escoger entre un imperialismo y otro, y como si no fuera posible ese Estado soberano que afirma el Artículo 1 de nuestra Constitución.  


Afortunadamente, ha sido nuestro Vicepresidente el que ha venido a ayudarnos al afirmar el otro día (explicando a niños de escuela la diferencia entre “izquierda” y “derecha”) que “ser de derechas es comprar mochilas chinas”. Si comprar mochilas chinas es ser de derecha ¿qué será contraer créditos millonarios y firmar contratos con todopoderosas empresas chinas (que fabrican mucho más que humildes mochilas) a riesgo de destruir a la Madre Tierra y de arruinar la vida de miles de familias? ¡Gracias, Vicepresidente!

Rafael Puente es miembro del Colectivo Urbano por el Cambio (CUECA) de Cochabamba.

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