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El drama de las universidades públicas

El drama de las universidades públicas
El drama de las universidades públicas
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viernes, 01 de junio de 2018 · 00:06

El escándalo nacional que se ha armado por la muerte del universitario Jonathan Quispe, de la UPEA, nos pone al desnudo la problemática cada vez más difícil que enfrentan las universidades públicas. A pesar del creciente número de universidades privadas, las públicas no dan abasto. Hace años que tienen más estudiantes que los que pueden atender de manera eficiente. Y es que Bolivia es uno de los países en que predomina la obsesión por los títulos universita rios.

 No se podría afirmar que no haya preocupación por la formación académica y profesional, pero la obsesión es por el título; así se explica la falsificación de títulos, dicen que incluso la compraventa de los mismos, y por supuesto el crecimiento imparable del número de jóvenes que acuden a nuestras universidades.  Hay países, como Alemania, en los que un importante porcentaje de jóvenes opta por una formación técnica, sin necesidad de llegar al nivel universitario, pero en el nuestro pareciera que el que no tiene título universitario está desperdiciando su vida.

Y a esto se añade la dificultad que tiene el Estado boliviano para poder cubrir la demanda presupuestaria de las universidades, constantemente creciente. Y no es extraño que en la ciudad de El Alto este fenómeno sea más intenso que en otras, ya que se trata de la ciudad que más viene creciendo, y en la que el ingreso per cápita es menor que en otras.  Por tanto no es sorprendente que nuestro Gobierno se vea en serias dificultades a la hora de responder a esa demanda interminable, tanto más cuanto que en los últimos años viene preocupándose por otro tipo de inversiones –muchas veces suntuarias– como es la construcción de diferentes palacios, aeropuertos, estadios y museos…

Ante semejante panorama, es normal que se produzcan movilizaciones y protestas de parte de la UPEA –y de otras varias universidades– a las que el presupuesto no les alcanza. Lo que no es normal es que la primera respuesta de las autoridades estatales sea la represión (de hecho en el primer gobierno de Evo eso no habría ocurrido); que en lugar de empezar por escuchar a los universitarios/as, de intercambiar criterios y analizar conjuntamente los problemas (aunque sea para encontrar soluciones provisionales), se les ponga de “interlocutora” a la Policía. 

Y la Policía sabe que lo suyo no es dialogar sino imponer orden, y sabe que hay sectores particularmente agresivos para los cuales el orden sólo se impone por la fuerza bruta, y entonces la ejercen; y en este caso con el triste resultado de un universitario muerto (aunque todavía no haya quedado claro cómo ocurrió esa muerte ni cómo fue la historia de la famosa canica, que ha llegado a generar contradicciones entre el Ministro de Gobierno y la propia Policía…).

Ahora el Gobierno está convocando al diálogo al rector de la UPEA. ¿No es un poco tarde? ¿No debió haberse abierto el diálogo antes de la confrontación entre universitarios y policías? ¿No era esa la línea para la resolución de problemas durante el primer gobierno de Evo? ¿Por qué en lugar de consolidarla se la ha ido descartando a partir del 2010, hasta el extremo de sumar en estos últimos ocho años un número de muertes que antes nadie hubiera imaginado? No se puede afirmar que la actitud de la UPEA haya sido desde el primer momento la correcta, pero la responsabilidad de resolver problemas por la vía del diálogo, y de prevenir conflictos, no deja de ser del Gobierno.

Y con muertos de por medio se vuelve mucho más difícil la negociación, se enquistan las diferentes posiciones, se agudizan los resentimientos, se complican las demandas, y se hace cada vez más difícil encontrar una verdadera solución. Y así el país se va volviendo poco a poco ingobernable, ¿no lo creen ustedes, compañeros y compañeras del Gobierno? ¿No será que todavía estamos a tiempo de recuperar la forma de manejar conflictos que se practicaba en el período 2006-2009? ¡Ukhamau!

Rafael  Puente es miembro del Colectivo Urbano por el Cambio (CUECA) de Cochabamba.

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