La escaramuza

El retorno de los liberales

martes, 18 de octubre de 2016 · 00:00
Seguramente uno de los conceptos que más connotaciones negativas puede asociar en la ciudadanía es de "liberal”. Razones no faltan si uno se detiene a pensar en el pasado reciente del planeta y más allá de éste, los efectos liberales que experimentamos en la región durante el periodo conocido como "neoliberal”. Si a esto se suma la crisis del capitalismo global  ocasionada básicamente por el voraz apetito de un puñado de billonarios y transnacionales a los que el Estado, en diferentes países desarrollados, tuvo que sacar de la bancarrota como única manera de salir de la crisis global del capital, la valoración que el ciudadano de a pie posee de los paradigmas liberales es por fuerza negativa, antipopular y depredadora.

Pese a esta triste historial, algunos elementos propios de la doctrina liberal parecen haberse amalgamado con los postulados antagónicos de los sectores no liberales. La necesidad de una vigencia plena de las libertades ciudadanas, el respeto a la libertad de expresión y de pensamiento, la inviolabilidad de la propiedad privada, y el apego a los derechos humanos se muestran como puntos en que tanto liberales como no liberales coinciden de forma tácita.

 Lo mismo sucede con el manejo de la economía como tal. La dependencia a un mercado globalizado no permite a estas alturas del desarrollo del capital acciones aisladas y constituye una camisa de fuerza cuando se intenta abandonar las formas liberales de organización general de la economía en un determinado país.

 Esto, que podría ser el resultado de la última crisis del capitalismo liberal, lo vemos como una constante en el desarrollo del capitalismo. Muchos investigadores modernos sostienen que los regímenes francamente opuestos a las políticas liberales sólo se mantienen en base a una autoridad carismática con un soporte discursivo afincado en el antiliberalismo, empero, el deterioro de los grandes "caudillos”, por regla general, da pie a un avance a las formas liberales, a veces encubiertas bajo un lenguaje revolucionario. 

 Paralelamente, el desarrollo histórico contemporáneo ha mostrado que la dinámica económica que envuelve todas la economías del planeta deja ver que la forma más eficaz de administración de los grupos de interés que el propio sistema crea es más eficiente y rinde mejores resultados bajo las perspectivas liberales. El caso de China contemporánea es, sin duda, el mejor ejemplo en tanto permite una apreciación del surgimiento de formas y mecanismos liberales que se presentan por generación espontánea cuando el aparato productivo alcanza niveles de desarrollo de la magnitud de los vistos en ese país.

 El caso de Japón pone al descubierto la hipótesis de que los procesos de desarrollo basados en incrementos progresivos de tecnología son capaces de trastocar toda la estructura monárquica y crear un escenario del todo liberal, a pesar de la subsistencia de fuertes dispositivos culturales y una tradición milenaria.

 Estas situaciones obligan a analizar la crónica pobreza y dependencia en la mayoría de los países latinoamericanos. Si China, Japón, Corea del Sur, Vietnam y otros alcanzaron en tan poco tiempo niveles de desarrollo exitoso tan altos, parece lícito preguntarnos qué pasa en América Latina. 

 El pensamiento liberal sostiene que el capitalismo no ha funcionado en ningún momento en América Latina en los mismos términos que funciona en esos países. Los fracasos experimentados por las visiones y proyectos estatales liberales, que de forma recurrente generan profundas crisis, como es el caso actual de algunos países del continente, se deberían más a una inadecuada y errática forma en la implementación del modelo liberal de economía capitalista, que ha deficiencias propias del capitalismo avanzado. 

 Esta hipótesis resulta atractiva en la medida en que, en los hechos, casi todos los experimentos populista tienden a retomar un cause liberal y a establecer una relación entre grupos de poder cada vez con mayores exigencias democráticas.

Considerando los criterios mencionados, la experiencia latinoamericana reciente podría sugerir un retorno de las formas liberales y un afianzamiento de las demandas democráticas en el continente, de la mano de la imperiosa necesidad de transformar los parámetros de relacionamiento con el bloque de países del norte.

Renzo Abruzzese es sociólogo.