La escaramuza

Legítimo o ilegítimo, esa es la cuestión

martes, 14 de noviembre de 2017 · 12:00:00 a.m.
Para muchos bolivianos las elecciones del 3 de diciembre no terminan de ser comprendidas en su verdadera dimensión. Se trata, como todos sabemos, de las elecciones de miembros del Poder Judicial a partir de un conjunto de listas elaboradas por el Congreso, bajo la égida del MAS y sus dos tercios, por los que la ciudadanía tendrá que votar en un acto electoral.

 Huelga decir que se trata de un conjunto de hombres y mujeres que el partido de gobierno considera idóneos, y a los que en teoría encarga la purificación de la justicia. En el pasado era el Congreso el que elegía y nombraba magistrados de todo nivel. No se seleccionaban por voto popular, y eso suponía intensas negociaciones que debían realizarse a fin de definir, caso por caso, ítem por ítem, función por función. 

 A pesar de actuar de una manera poco apropiada –cuoteando-, se conseguía a los mejores y más calificados para cada puesto, y en proporciones equilibradas. El Poder Judicial era controlado finalmente por más de una fuerza política, lo que implicaba límites y contrapesos. La democracia del 82 y los acuerdos políticos posteriores logró de esta manera altos niveles de cualificación en este campo.

 Hoy la cosa ha cambiado. Nos obligan a votar por las listas de candidatos seleccionadas por el partido de gobierno, y de una sola vez aprobamos el conjunto de las autoridades judiciales. En un solo movimiento el MAS se hace de todo el Poder Judicial. De la "a” a la "z”.  Políticamente está claro que el objetivo es contar con un Poder Judicial dócil que maneje los escándalos de corrupción de forma conveniente al MAS y, sobre todo, viabilice mediante su aprobación las pretensiones prorroguistas del Presidente.

Pero lo que en realidad se juega  en estas elecciones es la legitimidad del régimen. Si Evo Morales logra que las elecciones respalden a través de la votación ciudadana la lista de autoridades judiciales que ha propuesto, se entenderá que la ciudadanía acepta implícitamente su repostulación y niega la voluntad popular expresada en el No el 21F; es decir, podrá ser candidato presidencial con el apoyo ciudadano mayoritario. Si la proporción de votos nulos y blancos es mayor, se entenderá que la ciudadanía no acepta ni las listas de postulantes y menos la eventual habilitación de Evo Morales para terciar por una cuarto periodo de gobierno. 

Se ha mencionado también que el MAS preferiría un gobierno vitalicio y aprovecharía esta ocasión.
 
El voto nulo y blanco bloquearía estas pretensiones. Si el nulo y el blanco son superiores al voto válido, la proporción de votos a favor de un candidato sería tan baja que cada candidato será "elegido” por un número ridículo de ciudadanos. Tendremos jueces de  alto rango que se hicieron del puesto con unos pocos miles de votos, logrados en unas elecciones de millones de electores.
 
Esta situación le negaría legitimidad al Poder Judicial y al propio Gobierno.

Un régimen ilegítimo lo único que logra es el desprecio del pueblo y la tendencia sistemática a  desconocer la legalidad y validez de sus actos. Un gobierno ilegítimo gobierna contra el pueblo y en beneficio de una oligarquía que se va cerrando poco a poco en torno a los más cercanos del gobernante. Esto es propio de las dictaduras. En ellas el dictador gobierno, contra todo criterio, impone sus propios puntos de vista, sus propias políticas públicas, políticas económicas, leyes y normas, al margen de la aprobación ciudadana.

 La ilegitimidad de un régimen nacido de forma "chuta” termina destrozando las instituciones y acelerando todos los mecanismos de enfrentamiento y polarización social, altera la paz social de manera drástica, lo que obliga al régimen a hacerse cada vez más dependiente de sus Fuerzas Armadas.  Termina así en un régimen de fuerza, antidemocrático y autoritario, y como sabemos por experiencia propia, para un país como el nuestro ése es el camino más rápido hacia su quiebre social, político y económico. El caso más visible hoy en día  es Venezuela. 

 Resulta que estas elecciones judiciales no son elecciones solamente judiciales, son el momento en que los bolivianos tendremos que decidir el destino de nuestros hijos y el curso que tomará un régimen cuyo perfil es claramente totalitario, caudillista y antidemocrático. Nuestro voto definirá si los próximos años tenemos un país en paz o uno sacudido por la inestabilidad en todos los órdenes de la vida de un país y, eventualmente, un país sumido en la violencia.

Renzo Abruzzese es sociólogo. 
336
3