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La escaramuza

Barricadas ciudadanas

Barricadas ciudadanas
El Vicepresidente de la nación, en una intervención pública en la ciudad de El Alto, declaró que si fuera necesario defenderían la democracia y el proceso de cambio "desde las calles y desde las urnas”. Supone esto que si eventualmente las pretensiones prorroguistas no les dan ventajas, estaría dispuesto a sacar gente a las calles y forzar los resultados. El Vicepresidente considera que eso es posible porque el pueblo alteño  es "de la calle”,  "subversivo… de barricada”.

Este tipo de apelaciones no dejan de llamarme la atención porque  quienes atravesamos las etéreas quimeras de la revolución en nuestra juventud conocemos perfectamente el estilo, los vocablos y las falacias que este tipo de discursos encierra. Cuando lo escucho vuelven a mi memoria aquellos épicos días en que todos creíamos en la grandeza de Fidel, de Nikita Kruschev o de Nikolai Podgorni. Ellos también llamaban al "pueblo” a salir a las calles a defender la revolución, una "revolución” que les había prometido una vida digna, una sociedad libre, el reino de las dimensiones humanas, donde todos serían inmensa e indefinidamente felices. Como todos sabemos, el rosario de quimeras que propuso la revolución dio como resultado exactamente lo contrario: miseria, represión, miedo, mentira. Sociedades diezmadas siempre en nombre del pueblo y su tirano.

Un discurso como el que dio el Vicepresidente la semana pasada en El Alto, advirtiendo que si pierden las posibilidades de re-re-re-relegir a Evo Morales "el pueblo” saldrá a defenderlo "a las calles”, armará "barricadas” y se transfigurará en la imagen viva de un "subversivo” es absolutamente a-histórico, no corresponde a estos tiempos, es casi un fósil en la historia de los discursos de poder, sólo es posible cuando la idea que se tiene de una nación moderna ha quedado presa entre las reliquias del pasado. Hoy no hay barricadas, hay redes; no hay subversivos, hay indignados; no están las masas en las calles, están los ciudadanos más allá de su condición de clase o de raza. Esos criterios superados por la historia.

El Vicepresidente debiera convocar al pueblo para defender el voto mayoritario. Ese voto que ya se manifestó, que ya dijo No. Democrático sería llamar al pueblo para defender los resultados de un referendo, no para desconocerlos. Eso es antidemocrático y por lo demás no tiene sentido, no obedece a una idea moderna de la democracia moderna en un mundo moderno; es, a trocha y mocha, una apelación mañosamente octogenaria. Pero además, si se lanza una convocatoria de ese talante, quien lo haga sólo trasluce los esquemas mentales que lo dominan. 

Para que una convocatoria de esa naturaleza parezca posible, quien la formula públicamente sólo está haciendo explícito un déficit en la comprensión de la realidad actual, no ha comprendido la naturaleza de la democracia boliviana, no logra entender cómo "el pueblo” puede tener un grado eficiente de autonomía democrática inmune a la propaganda, a las mentiras hechas política de Estado, a la demagogia y a la intimidación represiva.

Tampoco ha comprendido las dimensiones del proceso histórico nacional que hicieron posible la victoria del MAS y que pueden resumirse en una sola frase: lucha por la ciudadanía y la identidad. No ha comprendido que la sociedad boliviana, desde la Colonia a la República y de ahí a lo que estamos, sólo tuvo y tiene una agenda común, más allá de las razas y de las ideologías.
 
Esta agenda cabe en dos palabras: ciudadanía y democracia. Todos los arreglos performáticos y artificios de maquillaje darán siempre como resultado un NO a lo que el pueblo considere no democrático y a lo que niegue o lesione su estatus de ciudadano, y su identidad cultural.

Renzo Abruzzese es sociólogo.
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