La Paz, Bolivia

Miércoles 20 de Septiembre | 10:42 hs

Recuerde explorar nuestro archivo de noticias
Renzo Abruzzese
La escaramuza

La medida del desorden

La medida del desorden
La actual crisis venezolana se nos presenta como la resultante de un proceso de deterioro progresivo del régimen chavista iniciado el 2 de febrero de 1999. Hasta la muerte de Hugo Chávez (marzo 2013) el régimen había enfrentado una serie de crisis internas de diferente magnitud. Sin duda, la propiciada el 2002 por Fedecámaras, un organismo gremial y la plana mayor de la Estatal Petrolera PDVSA, marca el punto de inflexión del poder chavista.

 Derrocado el 12 de abril y de regreso al poder dos días después, la asonada acelera la creación del Partido Socialista Unido de Venezuela, (2006), organización política que en los años siguientes adoptaría posiciones radicales, incluida la formación de grupos ideológicos, comunales, paramilitares y parapoliciales organizados en los denominados "colectivos”. 

 Acompaña el proceso de radicalización política una progresiva polarización de la sociedad venezolana, sistemáticamente orquestada y financiada por el propio régimen. En paralelo y bajo la bandera del socialismo del siglo XXI, la estructura económica venezolana se desploma progresivamente. 

La tasa inflacionaria estimada para el 2017 alcanzará la terrorífica magnitud de 1.600%, frente a una tasa promedio para la región de 5,7%, según cálculos del FMI. Se estima que las reservas de petróleo que posee suman 298 mil millones de barriles, una cifra que según la Energy Information Administration "es  más que las reservas de Arabia Saudita, Rusia o Irán y ocho veces más que las de Estados Unidos”. A pesar de ello, en enero del 2016, el país con más petróleo en el planeta tuvo que comprarle a su archienemigo, Estados Unidos, 550 mil barriles de crudo a través de West Texas Intermediate (WTI) y su filial Citgo Petroleum.  

Desde el inicio del régimen la protesta ciudadana ha sido reprimida bajo formas dictatoriales y el régimen adopta las características de una dictadura militar-civil implacable y cada vez más dura.
 
Todos los factores se han deteriorado sin tregua. Observamos en este punto el mayor nivel de desorganización del poder político. Al borde de una guerra civil y en el límite máximo de la crisis, la caída del Gobierno se da por descontada; sin duda, porque en una progresión continua de hechos, la dictadura cruzó un punto de no retorno, camino a su propia destrucción.

¿Cómo se pudo llegar a una situación semejante? 

Seguramente la cantidad de factores que interviene requiere de una interpretación multidisciplinaria de altísimo nivel, empero, observada en términos generales, podríamos sostener que ante nosotros tenemos un claro fenómeno entrópico. La entropía, como se sabe es, en términos generales, "la medida del desorden de un sistema”, fenómeno que se caracteriza por una progresión continua e irreversible. Políticamente hablando, una huida al desastre.

Parece que los regímenes que gestionan formas políticas basadas en la confrontación y la radicalización permanente, como mecanismos de legitimación y conservación del poder, provocan lo mismo que da origen a una entropía termodinámica, una aceleración de sus componentes que termina autodestruyéndose o infringiéndose daños irreversibles. En física  este proceso está determinado por la temperatura a la que se someten las partículas, cuanto más se calientan más rápidamente transforman el sistema. En fenómenos de corte neopopulista, pareciera que cuanto más se radicalizan más acelerada es la descomposición y desorganización de las formas del poder. 

La entropía de los procesos termodinámicos alcanza un punto en que es imposible que sus partículas reconstruyan ningún estado previo. Su transformación es definitiva. En política, el deterioro del poder puede alcanzar un punto en que ninguna medida, por democrática y conciliadora que parezca, logrará detener el movimiento y la orientación de la sociedad civil.

La situación de Venezuela muestra un grado de entropía que podría delinear -con las salvedades en cada caso- un horizonte posible de sucesos similares. De hecho, en todos los experimentos populistas latinoamericanos del siglo XXI la secuencia de los procesos y de sus características son muy similares. Lo mismo cabe decir de la desorganización del poder que generan y que, eventualmente, termina con ellos.

La lección venezolana desde este ejercicio meramente académico podría resumirse en una frase entrópica por definición: hay un momento en que la medida del desorden termina con el poder.

Renzo Abruzzese es sociólogo.
124
1

También te puede interesar: