La escaramuza

Podrán lucir escote

martes, 25 de julio de 2017 · 12:00:00 a.m.
El presidente del Tribunal Constitucional de Bolivia instruyó mediante un comunicado oficial la prohibición de usar a lo largo de la semana laboral un conjunto de 11 prendas de vestir que -a juicio de esa magna institución- resultaban poco apropiadas. La reacción obviamente no se dejó esperar:
 
redes sociales, analistas, políticos y ciudadanos de todos los órdenes rechazaron la medida, y la tacharon de antidemocrática, despótica y autoritaria. El Vicepresidente no escatimó calificativos en contra del presidente de ese órgano del Estado en un tardío intento por lavar la cara del Tribunal.
 
Finalmente, su autor retiró la medida; las señoritas podrán vestir minifaldas, los funcionarios varones jeans, las damas  más sofisticadas podrán lucir preciosos escotes y los que se sientan cómodos podrán calzar zapatos deportivos. La medida, sin duda, correspondía a un Estado teocrático, un islamismo criollo de contendidos autoritarios al mejor estilo yihadista.

 En los hechos, no es trascendente que esta aberración se hubiera ejecutado de forma fallida, lo importante es que pone en evidencia las concepciones que operadores de la talla e importancia, como los del Tribunal Constitucional, poseen en referencia a los límites del poder y la vigencia de los derechos civiles.  

 Que una medida absolutamente antidemocrática y de corte fascista, como la emitida por el TC, hubiera nacido en la única institución que tiene por función primordial velar por el cumplimiento de las leyes y las libertades ciudadanas,  da cuenta de la profundidad y el alcance que las visiones totalitarias han copado las instituciones del Estado. 

Si algo así hubiera sido iniciativa de organizaciones sociales o grupos orgánicos del partido de gobierno, como los Satucos, por ejemplo, o las Bartolinas o los cocaleros, la opinión pública podría haberla juzgado como un exabrupto más en la larga lista de exabruptos que este tipo de organizaciones han hecho públicas desde el ascenso del MAS, pero que esto se origine en la institución creada para castigar todo tipo de trasgresiones al derecho ciudadano, sólo puede interpretarse como la expresión natural de una visión de la justicia basada en la imposición y el ejercicio  abusivo del poder. Una visión en la que "disciplinar” la sociedad y desconocer los derechos individuales, y privados resulta  natural. Al fin y al cabo, hace parte del "métele nomas”.

Pero para que esto sea posible y el responsable de garantizar los derechos ciudadanos se esmere en violarlos, se requiere contar con una lectura compartida muy particular de las características y la talla del exabrupto, se requiere además –y de forma imprescindible- una estructura que sea capaz de soportar semejante transgresión. Una institución consustanciada con su misión, inmersa en el sentido de respeto a la ley no acepta, ni en broma, semejante disposición, no porque reinara en ella la lucidez que se supone debe tener, sino porque esas instituciones no están hechas para eso. 

 Sugerir una prohibición como la emanada produciría una hecatombe que terminaría desmoronando su propia institucionalidad, sería un acto suicida. Eso no ha pasado ni va a pasar en el TC porque no está pensado para hacer respetar la ley; está diseñado para poder sacarle ventaja, violarla cuando así sea conveniente, desconocerla como en célebre caso de los votos blancos. 

 El circular de prohibición pudo seguir un curso normal al interior del Tribunal porque las violaciones a la norma hacen parte de forma de ser, de su modus  habitual. Ponía en evidencia de forma tan descarada este atributo, que aunque en el fondo seguramente lo disfrutaban, tuvieron que rechazarlo públicamente. Si ampliamos esta sui géneris figura, terminamos develando los deseos más profundos del régimen: disciplinar la sociedad, enmarcarla en los preceptos rígidos, incuestionables, inmemoriales. Lograr que la gente piense y actué según la visión del poderoso.
 
Renzo Abruzzese es sociólogo.
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