La escaramuza

El proyecto de la oposición

martes, 22 de agosto de 2017 · 12:00:00 a.m.
En una entrevista realizada a Walter Guevara Arze, expresidente y uno de los más importantes ideólogos del nacionalismo revolucionario, el acucioso intelectual dijo que en realidad el MNR construyó su ideología desde el Estado. Este fenómeno es, en realidad, la norma y no la excepción. Las ideologías políticas se construyen en el ejercicio del poder y a éste se llega con los lineamientos generales que servirán de estructura base en la formulación afinada de los preceptos ideológicos que definen la naturaleza de un determinado régimen. 

Ningún partido, movimiento o lo que fuese llega al poder con un proyecto en el verdadero sentido del término. No lo hicieron los liberales del 1900, ni los nacionalistas del 52, ni los plurinacionales del 2006 y tampoco lo harán los demócratas de la actualidad, excepto que estos últimos saben mejor que cualquiera de los anteriores de lo que realmente se trata.

Esta particular forma de construcción ideológica nos permite hacer algunas precisiones en torno a la situación que enfrenta al oficialismo y a la oposición. En principio, debe notarse que lo que el oficialismo se empaña en mostrar como un conjunto coherente de preceptos ideológicos, que dan forma al mentado proceso de cambio, es tan deficitario que resulta en extremo complicado aseverar si éste es un régimen socialista o capitalista, progresista o neoliberal, indigenista o simplemente racista.

 Hemos escuchado hasta el cansancio que el proceso de cambio hace parte de un modelo denominado "socialismo del siglo XXI”, pero es imposible saber de qué se trata. La solución teórica resultó expedita: lo denominamos populista, aunque tampoco podríamos saber de qué realmente hablamos.

La historia probablemente nos ayude. El MNR, por ejemplo, partió de un sustento más claro. Todo el accionar político en los largos veinte años de lucha en contra de la oligarquía minero-feudal cabían de forma precisa en la polaridad "nación versus antinación”. La síntesis de esta contradicción histórica tomó la forma de un nacionalismo revolucionario antiimperialista. En el caso del MAS, no sabemos a ciencia cierta de qué matriz parte. 

La diferencia más obvia es que el primero se sustenta en una "alianza de clases” y el segundo en la preeminencia de una raza. A despecho del MAS, habría que anotar que el MNR, al ciudadanizar el campesinado  a través del voto universal y otras medidas, lo liberó del yugo feudal oligárquico.
 
Se trataba de una "liberación ciudadana”, el MAS aportó con lo que no se atrevió a hacer el MNR, produjo una "liberación étnica”. En todo caso, al MAS le resultó mucho más fácil hacer las cosas porque actuó sobre una sociedad rural que contaba con más de cincuenta años de liberación social.

Podría decirse  -con las distancias obvias-  que el MAS es el MNR etnitizado, con una consistente dosis racista, pues considera que los privilegios del poder se nutrían antes del 2006 de lo que el Vicepresidente ha denominado "blanquitud” del poder. Lo que hizo el MNR y lo que hace el MAS viene al caso, porque sin comprender esa dinámica no se entiende el proyecto masista y tampoco el de la oposición.

 A estas alturas, parece lícito preguntarnos en qué consiste el proyecto oficialista y en qué el proyecto de la oposición. La respuesta podría resumirse de forma muy general en esto: el proyecto masista  obedece a un diseño racial que comporta una marcada tendencia a la imposición etnototalitaria. Su implementación supone la transgresión y el desconocimiento sistemático de las estructuras jurídicas, culturales, económicas y sociales republicanas, que en su concepto fueron los ingredientes de un capital blancoide.

Cuando la oposición tacha de dictatorial el régimen de Morales, lo hace en la certidumbre de que su proyecto conlleva la seña de la transgresión, de la imposición y el abuso, porque es la forma más rápida de  "indianizar el Estado” (para utilizar la frase de García Linera). La única manera de contrarrestar la estrategia etnitizada del poder instituido, es la vigencia de una democracia plena que garantice la igualdad de todos los ciudadanos más allá de la raza.

El proyecto que tanto reclama el oficialismo a la oposición es, en consecuencia, la democracia. La reconstrucción democrática de la nación. Este es, de momento, el objetivo histórico de la oposición; el del oficialismo, en cambio, podría resumirse bajo el concepto de dictadura.

Renzo Abruzzese es sociólogo.
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