La escaramuza

Una chispa de incendie la pradera

martes, 05 de septiembre de 2017 · 12:00:00 a.m.
Entre la caída del socialismo real en la ex-Unión Soviética en 1991 y la crisis financiera del 2008, el planeta ha experimentado una suerte de mutaciones impredecibles que finalmente encontraron su mejor expresión en el triunfo de los populismos de todo género. Si la elección de Trump expresó para el mundo entero el fin de la racionalidad pragmática del occidente sajón, el creciente poder de Putin se presentó como el retorno de los despotismos personalizados bajo el influjo de un Rasputín de la modernidad tardía. 

El Brexit no solo complotaba contra la unidad europea, sino, además, le negaba todo eventual futuro a una Europa sacudida por la crisis del capitalismo maduro. Emmanuel Macron nacía como el ave fénix de entre las cenizas de una Francia echada a menos tratando de encontrar su derrotero, y la poderosa Ángela Merkel de la reconstruida Alemania cosechaba sus mejores logros en medio de la tormenta. Entre un Trump que ha confundido el mundo con una cadena de hoteles, un Putin que ha revivido las glorias del poder soviético que dábamos por muerto, una Merkel que intenta encontrar la razón de Europa y un Macron que nace como un tímido esfuerzo por levantar la cabeza de una Francia aminorada, el mundo se ha dado vuelta.

Este escenario que deja la sensación de un final de época en la que los iconos de la racionalidad de occidente se desploman bajo la errática y peligrosa dirección de un Trump que no parece haber comprendido las dimensiones de su poder, de un Putin que las comprendió demasiado bien, de una Inglaterra que ha perdido la huella de su propia sombra y una Alemania pragmática y racional digna heredera del impenetrable Hegel, se percibe una crisis de occidente de la que nada bueno se puede esperar. Al otro lado del mundo un Kim Jong-un "fan de The Beatles, de las películas de Jean-Claude Van Damme y de la NBA” e implacable prototipo de un tirano desalmado y medieval, ha puesto el mundo en vilo con una serie de dispositivos atómicos. En su última afrenta, (la prueba de una poderosa bomba de hidrógeno) dejó las cosas claras cuando anunció más triunfante que desafiante: "con tres de éstas se acaba el mundo”. 

Por los recodos menos prominentes del planeta, una pléyade de "salvadores” se ha erigido en nombre del pueblo. Bajo el signo de un socialismo trasnochado y proclamando constituir la "reserva moral del mundo” se han dado a la tarea sistemática de pulverizar toda moral y erigirse como los pro-hombre de un progreso que muestra claros síntomas de ser un espejismo más que una realidad. Una eventual realidad marcada por la corrupción que, contra todo pronóstico, pudo más que la unión de todas las fuerzas democráticas y todos los partidos juntos en el esfuerzo por sacarlos del poder. La libertad goza ahora de muy mala reputación por estos lares.

Al otro lado del mundo, agazapado en las sombras de un aparente desplome de occidente, un Estado Islámico proclama la construcción de un Califato erigido sobre las formas más brutales de eliminación del diferente. Las sombras de una inquisición radical y la negación de todos los valores de la humanidad son puestos en "jaque mate” con la habilidad de un aprendiz de ajedrez frente a Magnus Carlsen, campeón mundial 2016. ISIS rompe todas las reglas de juego y reinventa el ocaso de la razón humana y el triunfo de las formas más espantosas de lucha política.

Mientras tanto, nos tomamos un café en el boliche más próximo pensando que eventualmente cualquiera de los factores de esta tambaleante geopolítica pueda escaparse de las manos y, rememorando un poético enunciado maoísta, "una chispa encienda la pradera”.

 Renzo Abruzzese es sociólogo.