La escaramuza

El todo por el todo

martes, 09 de enero de 2018 · 00:07

En la secuencia básica de las tensiones  a las que estaba acostumbrado el régimen de Evo Morales, los conflictos solían aparecer y en cuestión de algunos pocos días todos se daban afanosamente las manos. El caudillo emergía como la luz de un nuevo amanecer. Si esta hermenéutica no resultaba, el conflicto daba vueltas en círculos concéntricos, durante prolongados periodos de desgaste. Si éste no era suficiente como para avizorar una pronta derrota de los insurgentes, se clonaba la institución y se dividía el proceso. Esta estrategia “envolvente” les dio resultado hasta que aparecieron los médicos y el personal de salud. Con ellos nada dio resultado. 


 La estrategia, en vez de debilitar el proceso, lo potenció. En cuestión de días el apoyo ciudadano lo transformó en un movimiento nacional al que se unían diversos sectores, todos en contra del Código del Sistema Penal. Cuanto más se analizaba el ampuloso código, más claras estaban las características totalitarias y las aberraciones jurídicas que contenía. Cuanto más lo combatía el régimen haciendo uso de todos los recursos discursivos, mediatos, económico etcétera más crecía el conflicto. Algo no engranaba, algo había sucedido. En otro tiempo, apenas unos años atrás, esto era impensable. ¿Qué ha pasado? ¿Dónde el MAS perdió su conexión con el pueblo?


 Todo parece indicar que el factor clave es que las menospreciadas clases medias que el régimen intentó suprimir en su afanoso esfuerzo por etnitizar el Estado, reaccionaron frente al aberrante Código porque afectaba sus más preciados derechos democráticos y porque,   además, la estructura base del régimen, denominada “movimientos sociales”, se ha reducido en 11 años a un puñado de corporaciones que, finalmente, terminaron como la nueva oligarquía, totalmente desprestigiada a los ojos de la sociedad civil, incapaz de confrontar políticamente a la mayoritaria clase media.


 “El pueblo” de Evo Morales quedó resumido a una cofradía de vivos que se hacen llamar “movimientos sociales”  y una corte de sumisos funcionarios. El coro de fondo lo da el Vicepresidente, un personaje cuyo estilo soberbio y altanero le ha granjeado el odio de  propios y extraños. Desde sus parámetros ideológicos ha desarrollado una visión mesiánica, cuyos fundamentos teóricos nacen del fondo del marxismo clásico, en una extraña simbiosis entre Marx y Túpac Katari que en verdad sólo la entiende su autor y sus “intelectuales” a sueldo.


 Ese es el escenario en que los ciudadanos cansados de la retórica masista, de la infinita sucesión de mentiras y medias verdades, de la corrupción abrumadora, y del desprecio por el verdadero pueblo, decidieron salir a reclamar sus derechos. El MAS ha perdido derrotero, lo mueve una infinita ambición de poder sin proyecto histórico, porque todo lo que hizo –lo bueno y lo malo– era todo lo que podía hacer.


 Ante este agotamiento sólo le queda forzar las cosas, desencadenar sus furias, sus frustraciones, su incompetencia y para ello necesita dos cosas: mucho tiempo en el poder y mucho poder represivo; es decir, la vergonzosa sentencia del Tribunal Supremo Plurinacional que lo habilita como re-re-recandidato y el Código del Sistema Penal que es –en criterio de los expertos– una ley represiva toscamente elaborada.


 Resulta de todo esto que ahora el enemigo principal de Evo Morales es el pueblo de verdad y que en la vanguardia  se posicionaron unas clases medias que, sin distinción de raza, credo u origen, se proponen defender la democracia a despecho de los alaridos vicepresidenciales y sus descabelladas ofertas de guerra. Una dosis masiva de humildad y una mirada serena del entorno le haría muy bien al régimen. 


El MAS ha perdido el derrotero, se ha extraviado. En sus desvaríos olvidó de un plumazo aquello de que gobernar obedeciendo al pueblo produce estabilidad, paz y desarrollo. Se ha decantado el escenario de las próximas luchas sociales y políticas: democracia versus dictadura. A ese punto las sociedades como las nuestra suelen apostar el todo por el todo.

Renzo Abruzzese es sociólogo.

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