La izquierda inteligente

La izquierda inteligente
La izquierda inteligente
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martes, 22 de mayo de 2018 · 00:05

“La derecha es casi por definición intelectualmente mediocre. Por lo general las personas inteligentes son de izquierda”, aseveró el vicepresidente en un acto público la semana pasada. Como nunca, debo reconocer que en este juicio valorativo coincidimos plenamente. La izquierda a lo largo de la historia fue incuestionablemente superior a la derecha. Desde su nacimiento, la izquierda en el mundo entero y sin duda en Bolivia representó los mayores anhelos que hacen a la entidad humana, luchó denodadamente por la vigencia de los derechos humanos y cuando estuvo en el poder los respetó a raja tabla.

 La izquierda durante la resistencia a las dictaduras fascistas que asolaron el país fue sin duda la reserva moral de la sociedad boliviana, en ella se cobijaba, (tanto en ese momento como ahora) la esperanza y los anhelos de una sociedad libre, más justa, menos discriminativa y excluyente. Fue la izquierda la que instaló en el imaginario social el sentido de la igualdad ante la ley, el derecho a la defensa, el debido proceso, la libertad de pensamiento, la libertad de expresión, el respeto a los medios, la legitimidad y el derecho reconocido de disentir y pensar diferente. A diferencia de la derecha fascista, la izquierda considera que todo ciudadano puede ejercer su derecho a disentir sin temor a ser judicializado, no siembra  pruebas ni corrompe policías. La izquierda creó y respeta un Poder Judicial independiente. La Corte Electoral (hoy Tribunal Electoral) gozaba de un respeto y una credibilidad inmaculada. No ponía  de rodillas a  jueces y fiscales ni compraba las conciencias en los cuarteles. No judicializó la política. Estas son propias de una “derecha mediocre”, del “fascismo rojo” o de las fuerzas más conservadoras con maquillaje revolucionario. Para la izquierda el adversario político nunca alcanzó la categoría de enemigo, no produjo –como la derecha–  profetas del odio ni racistas camuflados y no liquidó política y/o socialmente a quien pensara diferente.  La izquierda no divide, une.  Errores incluidos, no transformó el poder en una cofradía de ladrones ni hizo del Estado una orgía de poder sin límites ni preceptos. La izquierda es moral, es honesta y su integridad se traduce en sus intelectuales y militantes. La derecha es en cambio inmoral y corrupta.

Con la izquierda es imposible que un jovenzuelo asaltara millonariamente un banco a vista y paciencia de todo el Estado, o que en un Fondo Indígena se robaran millones en nombre de los más pobres. Es imposible que un  diputado se invente pueblos enteros para robarle al Estado. La izquierda no produce  “caras conocidas” ni cosa parecida. 

La izquierda, desde sus inicios cobijó lo mejor de la sociedad. Se trata sin duda de una clase de políticos y de una militancia inteligente que no tardó en comprender qué –como diría uno de los más grandes intelectuales de izquierda en Bolivia, Zavaleta Mercado–, la única manera de ser es la manera democrática, y la única manera de desaparecer, la despótica. Los hombres de izquierda nunca se avergüenzan de su filiación, no necesitan camuflarse, son hombres transparentes se muestran sin tapujos, no dicen una cosa y hacer lo contrario, no necesitan mentirle al pueblo hasta el cansancio. 

La inteligencia de la izquierda –por oposición a la derecha cavernícola– quedó plasmada en los avances de una democracia moderna y de un concepto de nación que lejos de enfrentar y dividir, une. Que lejos de corromper, sanea, transparenta; que lejos de reprimir, libera, que comprende que la igualdad es un concepto que hace mucho abandonó los criterios de raza y los sustituyó por los de ciudadanía, que el respeto a la ley y las normas es el respeto a los ciudadanos. 

Por todo lo sintetizado no tengo más remedio que declarar públicamente que comparto el criterio del Sr. García Linera, lo que nos diferencia es que yo –como todos los hombres de izquierda– actuó en consecuencia. Jamás fuimos lobos vestidos de ovejas. Fuimos y somos, la reserva moral de la sociedad.
 

Renzo Abruzzese es sociólogo.

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