“La” campaña

miércoles, 27 de julio de 2016 · 00:00
Cuando termine esta semana habrá arrancado oficialmente la recta final de la campaña electoral en los Estados Unidos. Vienen antecedidas de una de las primarias más emocionantes e imprevisibles de la historia. En el lado republicano se impuso inopinadamente el candidato con menores opciones y entre los demócratas un "socialista” dio batalla prácticamente hasta el final. Los binomios quedaron definidos al inaugurarse las convenciones y prometen una batalla épica en los meses que quedan hasta noviembre. 

 Donald Trump y Mike Pence, por un lado, y Hillary Clinton y Tim Kaine, por otro, son los adalides de ambos partidos y el resultado final dependerá no solamente de la templanza, y creatividad de las estrategias, sino, fundamentalmente, de quién cometa menos errores. Sin duda que el azar tendrá también mucho que ver.

 Los demócratas arrancan, en los papeles previos, entre los analistas y en los sondeos, como claros favoritos. El peor error que podrían cometer es el confiarse y pensar que sólo tienen que administrar la distancia actual. Esa es precisamente la actitud suicida que asumieron los competidores republicanos en las primarias en relación a Donald Trump. Este candidato ha demostrado que puede dar vuelta cualquier elección con intervenciones no convencionales y que sabe mucho de psicología de masas. Su fuerte está en el hecho de que el electorado cree que su chabacanería y sus groserías son sinónimo de franqueza y frontalidad. Es, sin duda, una representación depurada de la "antipolítica” que en las décadas anteriores ha probado su eficacia electoral en América Latina. 

 Hillary, por su parte, si bien tiene como principal debilidad su edad y las dudas que se han generado en relación a su firmeza en su eventual función como comandante en jefe del principal ejército del mundo, contra lo que deberá luchar con denuedo es la caracterización que Trump tratará de endilgarle como representación del establishment. Su fortaleza está, paradójicamente, no tanto en sus propias virtudes, sino en el "terror” que el candidato republicano genera en gruesos sectores del electorado.

 O sea que esta campaña se configura como una disputa en la que las "campañas negativas” serán el recurso estratégico definitorio. Ganará, no tanto el que sea capaz de convencer que su propuesta es la mejor, sino el que persuada a los electores indecisos, y a los que tradicionalmente prefieren no votar del, riesgo que significaría el elegir al rival.  Será una campaña en que el "miedo” resultará el protagonista principal y donde los ataques a la integridad, a los defectos y a los errores del pasado de los respectivoscandidatos se expondrán de manera impúdica ante los severos y susceptibles ojos de la opinión pública.

 Así como Hillary podría cometer el error de subestimar al rival, Trump puede equivocarse fatalmente si cree que repitiendo su estrategia de demolición, que fue tan eficaz en las primarias, ganará en esta ocasión. Ambos deben entender que esta recta final será muy diferente de las primarias. Esta vez los errores se pagarán muy caro y serán muy bien aprovechados por los rivales. Un gafe, como el ingenuo plagio de Melania Trump en el discurso en la convención republicana, podría significar el fin de la campaña de esta opción. Así mismo, no serán suficientes las débiles explicaciones de Hillary acerca del cuestionable uso de su email particular poniendo en riesgo la seguridad nacional, como sucedió hace unas semanas.

 Nada está dicho y cualquiera puede ganar esta elección. No comparto la idea de que es "imposible” que resulte vencedor Trump, por razones "racionales”. Sólo el 20% del electorado decidirá su voto de esta manera; el 80% lo hará movido por sus emociones relacionadas al afecto o el desafecto que las campañas generen. 

 Será, no cabe duda, la campaña más "emocional” de los últimos tiempos y se decidirá por algún detalle o contingencia. En este plano, pronostico que la mejor arma de Trump será el rol que se le asigne a su inteligente y encantadora hija Ivana, mientras que Hillary encontrará en su descomunal intuición política la manera de hacer la diferencia.

Ricardo Paz Ballivián es sociólogo.