Entre ceja y ceja

Bolivia 2045

miércoles, 07 de septiembre de 2016 · 12:00:00 a.m.
Se cumplen 25 años de aquel 22 de enero de 2020, cuando el expresidente Evo Morales, quién por más tiempo gobernó en toda la historia de Bolivia, colocó la banda presidencial en el pecho de quién le sucedió en el mando del Estado. A partir de ese momento nuestro país inauguró una etapa de institucionalización y desarrollo que lo llevó a la situación actual de liderazgo en América Latina.

Se sucedieron, en estricto cumplimiento de la alternancia democrática, cuatro gobiernos de distinta ideología y ninguna de las personas que ocuparon el sillón presidencial intentó reelegirse.
 
En los primeros años se produjo una profunda reforma del Estado que introdujo cambios radicales en la administración de la justicia, en las instituciones (especialmente la policía y las fuerzas armadas), en los servicios de salud y seguridad social y, fundamentalmente, en la educación.

Contrariamente a lo que vaticinaban analistas de entonces, la gente aceptó, primero, y defendió, luego, las reformas, que vinieron acompañadas por una reingeniería del aparato gubernamental, que instituyeron un sistema meritocrático de servicio público. Desde entonces ya no fue necesario pertenecer a partido político alguno para ejercer la función pública. El único requisito fue la idoneidad. Hoy tenemos un aparato burocrático pequeño y sumamente eficiente, que es modelo para los países de la región.

Las transformaciones no fueron impuestas fácilmente, debido a la resistencia de grupos corporativos autodenominados "movimientos sociales”, pero la fuerza de la mayoría ciudadana se hizo respetar por fin y, sin necesidad de represión ni sangre, las bolivianas y los bolivianos nos atrevimos a cambiar de verdad.

Sin duda que influyó mucho en el ánimo colectivo, la histórica victoria que obtuvimos ante la Corte Internacional de Justicia de la Haya y que obligó al Gobierno de Chile de entonces a negociar de buena fe el acceso soberano al Océano Pacífico que hoy gozamos. Fue un proceso largo de concertación, pero conseguimos el objetivo actuando con firmeza, dejando de lado la beligerancia y la bravuconería, demostrando que se puede vencer con las armas de la razón.

Nuestra economía, antes extractivista y dependiente de los precios de las materias primas, se tornó gradualmente en una economía de base ancha que logró diversificarse con potencialidades insospechadas. A la revolución en la agricultura, que hoy nos permite exportar alimentos a todo el mundo, se sumó una política de industrialización de nuestra producción competitiva, que nos colocó como los principales exportadores de microchips y microbaterías del planeta. 

Al dejar de producirse los bloqueos y los cortes de vías, paralelamente a la intensa y extensa construcción de carreteras, el turismo creció de manera exponencial hasta niveles jamás previstos. Hoy somos el principal destino turístico de Sudamérica y de nuestras quince reservas naturales, el Salar de Uyuni, el Madidi y toda la región del Lago Titicaca, incluido el nuevo y desarrollado Tiahuanaco, son de las más visitadas en todo el mundo. 

 Se produjo una gigantesca movilidad social y la mayoría de las bolivianas y bolivianos, antes cuentapropistas, gremiales, comerciantes, pequeños productores campesinos o desempleados, se reconvirtieron en grandes y medianos empresarios, protagonistas de la nueva economía diversificada. Los indicadores de salud, educación, acceso a los servicios, vivienda y seguridad social se dispararon y en estos cinco lustros nos pusieron entre los países de mayor índice de desarrollo humano a nivel global.

 Otra de las claves de nuestro éxito estuvo en la reforma constitucional de 2025, que nos dotó de una Constitución de sólo 63 artículos y a la que sucedió una reforma radical de nuestra legislación, que hizo que nuestras normas sean claras, aplicables y justas. Profundizamos las autonomías departamentales y municipales y logramos de manera armónica, al fin, extraer, de la unidad en nuestra diversidad, la potencia nacional para progresar y prosperar.

Ricardo Paz Ballivian es sociólogo.
107
12