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Entre ceja y ceja

Ecuador, la importancia del voto negativo

Ecuador, la importancia del voto negativo
La experiencia enseña que en las campañas electorales de segunda vuelta lo que prima es el voto negativo. Los ciudadanos votan en primera vuelta por el candidato de su preferencia y lo hacen fundamentalmente persuadidos de sus virtudes y fortalezas. Por supuesto que en primera vuelta ya existe el voto negativo, es decir, que algunos electores definen su voto en contra de alguno de los candidatos y se adhieren al que creen que le puede derrotar. Pero es en la segunda vuelta donde se destaca claramente esta manera de proceder.

Tomando como caso de estudio lo que está sucediendo en este momento en nuestra hermana República del Ecuador, podríamos decir que el 40% que votó en primera vuelta por Lenín Moreno lo volverá hacer y el 30% que votó por Guillermo Lasso igualmente. Queda, por consiguiente, el 30% restante que optó por alguno de los otros seis candidatos. Ese tercio del electorado votará, no tanto por las virtudes y fortalezas del elegido, sino en contra del adversario, al que le atribuirán defectos y debilidades que lo hagan percibir como el "mal mayor”. 

En ese sentido, para planificar la estrategia de campaña y pronosticar el resultado más probable, los investigadores de la opinión pública suelen indagar con acuciosidad los negativos de los contendientes. En el caso del Ecuador el candidato Guillermo Lasso tiene más negativos que Lenín Moreno, lo que le brinda a este último una ventaja de carácter estratégica. Esta realidad se refleja en las encuestas de intención de voto. De cinco de ellas que analizamos, cuatro le dan una clara victoria a Moreno y sólo una a Lasso, a manera de un empate técnico.

Ahora bien, ¿la probabilidad mayor de la victoria de Moreno es sólo porque Lasso tiene mayores negativos? No, por supuesto que no. Ninguna campaña electoral se define por un solo factor, aunque algunos sean más importantes que otros. Moreno está con mejores opciones también por varios otros elementos que podríamos mencionar a continuación.

Primero, Moreno no es Correa. El actual candidato de Alianza País tiene un perfil político y humano muy diferente al Presidente de Ecuador. No sólo su condición de persona con discapacidad, sino su carácter conciliador y su natural predisposición al diálogo, lo diferencian del apasionado, radical y confrontador Rafael Correa. Adicionalmente, el Presidente ecuatoriano, con mucho más olfato político y sensatez que sus pares de Venezuela, Bolivia o Nicaragua, decidió no forzar una nueva reelección y generó un proceso de recambio que aflojó algo la polarización de la sociedad.

Segundo, Moreno logró convencer a buena parte del electorado que no optó por él en primera vuelta, con un discurso crítico a medidas equivocadas del régimen saliente y de promesas específicas de cambio en políticas públicas clave.

Tercero, la estrategia agresiva y dura de Guillermo Lasso, eficaz para posicionarse como principal rival en primera vuelta, no parece haber tenido el mismo predicamento en la segunda vuelta. La insistencia en centrar la campaña en los ataques a Correa (que no es candidato), utilizar el manido expediente de la "venezolanización” del Ecuador y la propuesta de "cambiar todo”, no da la impresión de haber logrado sumar muchos más adeptos. Es una estrategia de fidelización que parte del supuesto de que el 60% del electorado que no votó por Moreno, se decantó en contra del "modelo”.

 Ese es, desde mi punto de vista, el mayor error de apreciación y que llevó a un diseño de campaña errado por parte de Lasso. Por lo menos el 20% de la gente que no votó por Moreno en primera vuelta lo hizo por razones que nada tienen que ver con ideologías o posicionamiento político.

El próximo 2 de abril tendremos el veredicto de las urnas y sabremos con certeza cuánto pesaron cada uno de los factores analizados. Sin embargo, ya podemos decir, con algo de convicción, que buena parte del resultado será producto del voto negativo. La lección: parte del triunfo es aprender a no hacerse odiar.

Ricardo Paz Ballivian es sociólogo.
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