Entre ceja y ceja

La política hoy en América Latina

miércoles, 19 de abril de 2017 · 12:00:00 a.m.
Argentina convulsionada por marchas, cortes de vías, huelgas y disturbios. Chile, sufriendo una crisis de liderazgo en sus élites políticas y con un gobierno impopular, cercado por la corrupción.
 
Uruguay como un lunar de cierta estabilidad y tranquilidad. Brasil, padeciendo los rigores de la peor crisis moral y política de toda su historia. Paraguay con sus dirigentes enajenados de su pueblo y con su Congreso incendiado. 

Bolivia en una transición política que no se sabe dónde irá a desembocar. Perú con sus expresidentes acusados de corrupción y peculados. Ecuador partido en dos facciones aparentemente irreconciliables. Colombia tratando de salir del laberinto de la guerra, con un gobierno agotado. Venezuela en la situación límite, al borde de la guerra civil. Panamá saturada por la corrupción. Costa Rica, soportando las turbulencias que le rebotan de la región con su admirable institucionalidad. 

Nicaragua, tolerando la autocracia devenida en dinastía de los Ortega. El Salvador, Honduras y Guatemala con sus penurias particulares y el denominador común de la inseguridad ciudadana desbordada. México con un gobierno débil y unos poderes fácticos impunes. República Dominicana hastiada por la corrupción y una clase política que cada vez se deslegitima más.

Haití sumida en la desorganización y el sufrimiento interminables. Cuba siempre al borde de la transformación, pero sin dar el paso definitivo. Esta es la América Latina política de hoy, alterada y en emergencia.

 Más de 600 millones de habitantes en 22 millones doscientos mil kilómetros cuadrados. La mayor parte de la población está compuesta por jóvenes menores de veinticinco años. Es una de las zonas más urbanizadas del mundo donde el 82% de la población vive en ciudades y es también una de las áreas con mayor diversidad étnica. La desigualdad social y la pobreza siguen siendo los principales desafíos de toda la región. América Latina es la región más desigual del mundo y más de un tercio de su población vive bajo la línea de la pobreza.

 Salvo Cuba, que oficialmente es una república socialista, el resto de los diecinueve países se declaran democracias. Los actuales gobiernos de Venezuela, Nicaragua, Bolivia y Ecuador reivindican también el socialismo como forma de gobierno, pero constitucionalmente consignan la forma republicana democrática de sus respectivos Estados.

 Tanto el Índice de Desarrollo Democrático que elabora la fundación alemana Konrad Adenauer, como el Informe sobre la Calidad de las Democracias que produce IDEA Internacional, grafican un panorama desolador respecto de la institucionalidad democrática en nuestros países. Sin duda que lo que vemos diariamente en las noticias es la consecuencia de males estructurales que no hemos podido resolver.

 Los rasgos comunes que explican la caldeada situación política que vivimos en América Latina estos días son: la pobreza, la desigualdad, la inequidad, unidas a la carencia de institucionalidad, la subordinación de la justicia al poder político, la corrupción generalizada y el desenfreno de la delincuencia, y el bandidaje en todas sus formas, aristas y tamaños.

 Adentro, la política no está cumpliendo su objetivo primordial, que es gestionar de manera eficiente, pacífica y concertada, los conflictos en las relaciones sociales. En nuestros países, la ausencia de paradigmas que devengan en contratos sociales de mediano alcance, generan las condiciones para el surgimiento de proyectos políticos personalistas o de grupo, que tienen como exclusivo afán la reproducción del propio poder y de ninguna manera el bienestar colectivo.

 Y, por afuera, el resurgimiento de nacionalismos atávicos, racismo, fundamentalismo y exclusión en otras latitudes (Estados Unidos, Europa, China, India, Rusia, Medio Oriente) nos amenazan y nos encuentran en una situación de "impreparación” política para resistir con éxito. Es el momento de un giro dramático en América Latina. Ahora sí es el tiempo del verdadero cambio. 

Ricardo Paz Ballivian es sociólogo.