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Ricardo Paz Ballivián
Entre ceja y ceja

Ballotage

Ballotage
Los inventores del ballotage o segunda vuelta electoral irán a practicar esta institución paradigmática del derecho francés nuevamente el próximo domingo 7 de mayo. Los franceses recurren a este mecanismo desde el siglo XIX, cuando gobernaba Napoleón III y la modalidad actual se encuentra establecida desde la instauración de la Quinta República, a través de la Constitución de 1958.

 En esta ocasión se enfrentan Marine Le Pen, una abogada y eurodiputada, que es a la vez  consejera regional de la región francesa Norte-Paso de Calais, que ya fue candidata del Frente Nacional en las elecciones presidenciales de 2012, y Emmanuel Macron, un economista, exministro de Economía, Recuperación Productiva y Asuntos Digitales, que había lanzado su movimiento político ¡En Marcha! hace sólo un año.

Si no existiera la segunda vuelta en Francia y si tuvieran un sistema como el estadounidense, por colegios electorales, representativos de las poblaciones mayoritarias por regiones, ya hubiese sido electa presidenta Le Pen, que se impuso entre los varones, entre los obreros y en el voto rural. Macron hubiese quedado fuera, a pesar de su predominancia en el voto femenino, urbano y con altos ingresos. 

Macron obtuvo 23,86% y Le Pen 21,43%, que suman 45,29%. El resto del 54,71% se repartió entre Fillon con el 19,94%, Mélenchon con el 19,62%, Hamon con el 6,5%, Dupont con el 4,7% y 4,2%, que se reparten cinco agrupaciones menos favorecidas por el voto. Los votos nulos y blancos no llegaron al 3% y la abstención fue solamente del 22%.

Si asumimos que los que votaron por cada uno de los adversarios que quedaron para la segunda vuelta lo volverán hacer, queda más de la mitad del electorado en disputa. Macron espera confiado que los votos de la centroizquierda (Hamon), centroderecha (Fillon) y la abstención de la izquierda (Mélenchon) lo lleven a la victoria, mientras que Le Pen lucha denodadamente por conseguir los votos de parte de la centroderecha, de la izquierda y del republicanismo (Dupont).

La intensa campaña para el ballotage, de menos de dos semanas, mostró claramente a Marine Le Pen con la iniciativa. Estuvo agresiva, desafiante y jugándose el todo por el todo, ya que diagnosticó acertadamente que sus posibilidades son realmente escasas. En cambio, Macron se muestra triunfalista, excesivamente complaciente y sin nuevas propuestas para conquistar el voto que le falta. Las encuestas reflejan estas dispares actitudes. Le Pen logró acortar en algunos puntos porcentuales la ventaja, todavía holgada, que lleva Macron.

 Dado este panorama, a pocos días de la votación, es muy probable que Macron se imponga y logre la Presidencia, pero no será tanto por méritos o atributos propios, como por el miedo y la incertidumbre que generan un eventual gobierno de Le Pen. A pesar de sus esfuerzos y su sacrificada campaña, la candidata del Frente Nacional no parece haber logrado reducir de manera dramática los temores y aprehensiones de sus compatriotas indecisos.

 En las últimas semanas, el ambiente se ha caldeado de manera vertiginosa. Ataques terroristas, disturbios, denuncias de intervencionismo ruso mediante "hackers”, movilizaciones cotidianas en contra de ambos candidatos, etcétera. Todo esto, sin duda, favorece el discurso radical de Le Pen, pero hasta ahora no parece alcanzar para pronosticar un cambio sorpresivo en el resultado final de la elección. 

 Esta campaña refuerza nuestra convicción de que es el voto negativo el que tiene la incidencia definitiva en la segunda vuelta, pero la enseñanza mayor es que el contexto histórico y las circunstancias de una elección determinan tanto o más que la estrategia y el candidato, las posibilidades de éxito. Macron está en el lugar indicado, en el momento indicado. Puede no ser un candidato ideal, puede haber cometido errores gruesos de apreciación, puede haber perdido la fuerza cuando más la requería. Por el contrario, Le Pen puede haber hecho todo lo que tenía que hacer, puede estar con todo el ímpetu, pero no le alcanza. No todo es campaña en elecciones, la política sigue siendo definitoria. 

Ricardo Paz Ballivian es sociólogo.
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