Entre ceja y ceja

Al borde de un ataque de nervios

Al borde de un ataque de nervios
Ricardo Paz Ballivian
miércoles, 23 de agosto de 2017 · 12:00:00 a.m.
Las encuestas son el termómetro que muestra la disposición de fuerzas en la sociedad en determinado momento y en una circunstancia particular. Las que miden la aceptación del Presidente suelen ser consideradas indicadores de la favorabilidad del Gobierno y, por consiguiente, del estado de salud del proyecto político en desarrollo. Evo Morales ha visto caer sus números, a lo largo de los últimos años, pero especialmente en 2017, desde un 60%, en su mejor momento, hasta menos del 40% actual. Esta situación tiene muy nerviosos a los actuales gobernantes y en especial a sus operadores políticos.

 El vicepresidente Álvaro García Linera, por ejemplo, dijo sentir mucha tristeza por la protesta de activistas durante la entrega a Evo Morales del premio de Ciencias Sociales "CLACSO 50 años” y dijo que, entre quienes reclamaban, se encontraban jóvenes "equivocados”, que -espera- puedan cambiar "con el tiempo”. Además, aseguró que los que encabezan dichas manifestaciones "no se merecen respeto, son una pequeña pandilla de políticos y de dueños de ONG que reciben plata del norte, de Estados Unidos, y de Europa seguramente”.

 Pero lo realmente grave vino después. García Linera continuó: "Contra Goni no dijeron nada, pero
contra Evo, por recibir un premio, dicen, ¿cómo pues un indio va a recibir un premio, cómo un campesino va a recibir un premio?”. Y remató: "Duele el corazón, duele que todavía haya racismo” e instó a "no permitir que esos vendepatrias vuelvan a gobernar el país, porque seguramente esa gente haría mucho daño al pueblo boliviano”.

 Esta manipulación de la realidad constituye un agravio a la inteligencia de los interlocutores y un peligroso maniqueísmo que nos podría conducir a desgracias mayores. Dividir la sociedad racialmente y atribuir los males a unos, y las virtudes al otro es de un riesgo atroz. Sólo basta recordar el tristemente célebre genocidio de Ruanda.

 Se denomina así al intento de exterminio de la población tutsi por parte del gobierno hegemónico hutu de Ruanda, en 1994. Antes de la independencia del país, sus líderes siempre fueron tutsis, pero, desde 1961 hasta 1994, el poder fue asumido por los hutus. Ese fatídico año, el entonces primer ministro de Ruanda, Jean Kambanda, dijo que estaba "personalmente a favor de conseguir librarse de todos los tutsis... sin tutsis todos los problemas de Ruanda desaparecerían”. En 1994, las milicias hutus fueron arengadas contra los tutsis por parte de las facciones más extremas. Los mensajes incidían en las diferencias que separaban a ambos "grupos étnicos”. 

 En el momento del inicio de la matanza, la milicia ruandesa estaba compuesta por 30.000 hombres. El genocidio de cerca de un  millón de tutsis fue financiado con el dinero malversado de la ayuda internacional del Banco Mundial y del Fondo Monetario Internacional. Tal gasto permitió que uno de cada tres varones hutus tuviera un machete nuevo para asesinar. Indios contra blancos, campesinos contra citadinos, como aquel de los hutus contra tutsis, es un antagonismo potencialmente aciago que nuestros líderes no deberían alimentar.

 Para el caso que nos ocupa, debemos afirmar que nadie se opuso (¡cómo podría hacerlo!) a que "un indio, un campesino, sea premiado con un reconocimiento que está reservado a un intelectual”.
 
Tanto el posgrado de Ciencias para el Desarrollo de la UMSA, como el CEDLA, miembros de la CLACSO en Bolivia, protestaron con razones fundamentadas, explicadas en sendos pronunciamientos, que no tienen relación alguna con las acusaciones del Vicepresidente.

 De igual manera, los jóvenes que se manifestaron valientemente fuera y dentro del hall de la Vicepresidencia, no son una "pandilla” y menos están "equivocados”. Defienden su derecho al libre pensamiento y a la libre expresión, pilares de una sociedad democrática. No comprender estas reacciones y denostar de manera maniquea es propio de la intolerancia, y el paternalismo. No cabe duda que, como solían advertir los griegos, los dioses ciegan a quienes quieren perder.

Ricardo Paz Ballivian es sociólogo.
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