Entre ceja y ceja

Diatriba contra la polarización

Diatriba contra la polarización
Diatriba contra la polarización
Por 
miércoles, 10 de enero de 2018 · 00:06

Nuestro país está polarizado y eso es muy malo. La polarización implica que la sociedad se divide artificialmente entre “buenos y malos”, “ángeles y demonios”, “justos e injustos”, “puros e impuros”; en fin, entre “nosotros y ellos”. La polarización da origen a la exclusión y a la violencia. Cuando la sociedad está así antagonizada, ganan los extremos, los radicales, los que prefieren ver la realidad en blanco y negro, los que no reconocen los colores, ni siquiera los grises.


 La polarización establece una diferenciación única y extrema. O estás conmigo o estás contra mí; traducido al momento que vivimos: o estás con “el proceso de cambio“ o estás contra Evo (porque ya nadie puede dudar, a estas alturas, que el denominado “proceso de cambio” se ha encarnado en una persona). Para unos y para otros no es concebible el no alineamiento.


 Adicionalmente, la polarización que padecemos es muy peligrosa porque se expresa espacialmente.

Estamos, como hace 12 años, enfrentados campo y ciudad. Las recientes elecciones de autoridades judiciales muestran de manera patética esta realidad. También la polarización exacerba las contradicciones de clase y culturales. Los factores identitarios, que dan lugar al racismo, se visibilizan en sus rasgos más execrables con la polarización. Vivimos, pues, encima de un barril de pólvora a punto de estallar.


 Los apóstoles de la violencia, de uno y otro lado, baten palmas y auguran un pronto enfrentamiento definitivo. Esperan con ansias la batalla final. Unos y otros creen que las sociedades avanzan mediante la solución violenta del conflicto. Los unos creen en la “violencia revolucionaria” y los otros piensan que no hay otro camino que “sacarlos a la fuerza”.


 El espacio del centro político, pero sobre todo de la diversidad democrática, se ha ido constriñendo al extremo de casi desaparecer. Esto, hay que decirlo, con todas sus letras, es obra del MAS y de sus ideólogos y estrategas. La polarización es su obra y su victoria. Solamente en un escenario así pueden sobrevivir algún tiempo más. Alentados por las actitudes racistas, excluyentes, corporativas y violentas del otro extremo, se oxigenan y ganan tiempo.


 Es por tanto deber de la ciudadanía democrática, de la que cree en la diversidad, el disenso, la pluralidad y el libre pensamiento, dar la batalla contra la polarización. Aunque ésta aparezca en el momento desigual y complicada, en un ambiente hostil y agreste. Pero no podemos sucumbir ante las pulsiones del antagonismo ciego.


 No tenemos porque “elegir” un bando. Estar opuesto a las políticas y abusos de Evo Morales no me tiene que obligar a estar en la misma bolsa que Sánchez Berzaín o Román Loayza. Yo creo en la democracia, soy republicano y defiendo el derecho individual de cada ciudadana y ciudadano a pensar como le venga en gana, sin obligación de someterse a colectividad alguna. Combato firmemente el corporativismo, denuncio el accionar perverso de las “minorías eficaces”, rechazo los bloqueos y cualquier acción estatal o de grupo que coarte las libertades ciudadanas. Me niego a que por estar contra el gobierno autoritario y antidemocrático de Evo Morales, tenga que aparecer alineado con racistas igualmente antidemocráticos.


 Sé que lo que escribo ahora puede ser leído como políticamente inoportuno, pero si uno no dice lo que piensa y reivindica en lo que cree en momentos como éste, y prefiere mirar al costado, entonces ¿cuándo? … Mejor será siempre quedar mal con algunos que con la propia conciencia.


 La sociedad se desarrolla democráticamente cuando hay diversidad y libertad. Cuando hay multipartidismo y no estamos obligados a elegir sólo entre dos opciones o sometidos a una sola. La salud de una democracia se mide por la variedad de centros políticos que existen, cuando los extremos son minoritarios y campea la libertad de opción, de opinión, y el no alineamiento. Sueño con esa sociedad para nuestras hijas y nuestros hijos, donde no vean como enemigo al que no piensa como uno.

Ricardo Paz Ballivián es sociólogo.

343
13

Otras Noticias