Entre ceja y ceja

El poder y la caída

El poder y la caída
El poder y la caída
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miércoles, 21 de febrero de 2018 · 00:06

Evo Morales recordará siempre el 26 de junio de 2002, cuando el embajador de Estados Unidos en Bolivia, Manuel Rocha, se entrometió en las elecciones para pedir a la gente que no vote por el líder cocalero. Rocha sabía que esta era la mejor manera de restarle votos a Manfred Reyes Villa y que sus declaraciones tendrían el efecto exactamente contrario. Así sucedió y Evo Morales trepó, en los cuatro días que restaban para la elección, más de siete puntos porcentuales. Del cuarto lugar que peleaba con Jaime Paz Zamora, se disparó hasta terminar segundo y, por consiguiente, adquirir el derecho a disputar la Presidencia de la República en el Parlamento. Estados Unidos, queriéndolo o no (lo explicará algún día la historia larga), contribuyó decisivamente al ascenso político de Morales.


 Este fue el inicio verdadero del acceso al poder de Evo Morales. Allí terminó con el estigma de que un líder cocalero no podía aspirar a la Presidencia de la República. Los tres años siguientes desarrolló una estrategia de acumulación política y alianzas estratégicas, que finalmente le permitieron arrasar en las elecciones adelantadas de 2005 y dar inicio al denominado “proceso de cambio“, que ya lleva más de 12 años de implementación.


 No fueron 12 años de coser y cantar. Evo Morales supo y pudo sortear, con enorme habilidad política, y no poca dosis de audacia y suerte, varios momentos difíciles que estuvieron a punto de truncar su ejercicio del poder.


 Primero se batió con la férrea, aunque desordenada e ineficaz, oposición de las regiones. En 2006, los prefectos de La Paz, Cochabamba, Santa Cruz, Tarija, Beni y Pando eran opositores; sólo Chuquisaca, Oruro y Potosí eran del MAS. Esta querella se definió entre 2008 y 2009, con una victoria inapelable del oficialismo, referendo revocatorio y masacres del Hotel Las Américas, y Porvenir de por medio.


 A fines de 2010, casi todo se va por la borda por un exceso de confianza que llevó al Gobierno a intentar un “gasolinazo”, que fue ampliamente resistido por la gente. Evo demostró su pragmatismo al recular “obedeciendo al pueblo“, acción que repetiría en otras situaciones álgidas, como la llegada de la octava marcha en defensa del TIPNIS de 2012, que también hizo tambalear al régimen y, recientemente, cuando decidió la abrogación del nuevo Código de Procedimiento Penal ante la inatajable movilización ciudadana.


 En los comicios a Evo Morales casi siempre le fue bien. Ganó elecciones generales en 2005, 2009 y 2014 y, como mencionamos, se ratificó con amplitud en 2008, ante el gigantesco error político de la oposición que lo desafió en un revocatorio.


 Su partido, el MAS, fue más irregular, ya que perdió importantes plazas de gobernaciones y alcaldías en 2010 y en 2015, y fracasó en las elecciones judiciales de 2011 y 2017. La única vez que Evo Morales perdió una elección, estando directamente involucrado, desde que es Presidente, fue el referendo para la reforma constitucional del 21 de febrero del 2016. Ese es el otro día que también recordará siempre Evo Morales, porque es el día que, de manera inequívoca, marca el inicio de su caída.


 Ahora, ofuscado por el ejercicio de tanto poder, Evo Morales escucha a corifeos que le aseguran que todavía puede “una vez más”, que debe preservar “su legado” y que no debe permitir “el retorno de los vendepatrias”. Ordena a unos obsecuentes que ofician de magistrados que lo habiliten a como dé lugar y se dispone a librar una nueva batalla definitiva. Y, lamentablemente, no oye a gente sensata que le dice que, así como el pueblo lo acompañó durante tantos años, ahora, ese mismo pueblo  le pide que salga por la puerta grande.


 Evo Morales y el MAS viven “el tiempo de las cosas pequeñas”, se aferran al gobierno porque se impusieron los que enloquecieron con el poder. Al frente tienen a la gente, que hoy día para y se moviliza en defensa de la democracia y la libertad. Es el proceso de la caída de Evo Morales que debe culminar pacíficamente en enero de 2020. Mañana … el pueblo.
 
Ricardo Paz  Ballivián es sociólogo. 

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