Entre ceja y ceja

Aislados

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miércoles, 18 de abril de 2018 · 00:07

Pocas veces en la historia de Bolivia estuvimos tan aislados de la comunidad internacional. Lo paradójico del hecho es que, probablemente, nunca hayamos estado tan necesitados de apoyo y solidaridad de esa misma comunidad internacional. 


 Es previsible que, dentro de unos pocos meses, la Corte Internacional de Justicia con sede en La Haya emita un fallo favorable a nuestra demanda para negociar con Chile, de buena fe y en un tiempo prudente, un acceso soberano al océano Pacífico, que nos devuelva al ansiado mar y cierre nuestra herida más dolorosa como nación. En ese instante, requeriremos de la comunidad internacional, especialmente de la más cercana, un respaldo decidido para que Chile acate con lo que mande el fallo de la CIJ. 


 Pero, lamentablemente, nuestra política exterior actual, totalmente a contrapelo de nuestros intereses nacionales y nuestras necesidades, se empeña en colocarnos en el rincón más alejado de los consensos internacionales, arrinconados junto a un puñado de países, la mayoría tiranías y cruentas dictaduras, que reciben cotidianamente el repudio global.


  Nuestra presencia circunstancial en el Consejo de Seguridad de la ONU, lejos de servirnos para divulgar nuestro derecho al mar y generar adhesión a nuestra causa, se empeña más en apoyar al bloque liderado por Rusia y China, en los conflictos que poco tienen que ver con nosotros, como el caso del conflicto en Siria. 


  Es incomprensible que cuándo debiéramos jugar un rol útil de bisagra, de promoción del diálogo, preferimos denostar a una de las partes, precisamente aquella que más influencia tendrá cuando necesitemos de respaldo.


 Mas, lo realmente grave es lo que sucede a nivel regional. Nuestra participación en la reciente Cumbre de las Américas sólo puede ser calificada como penosa. Continuar apoyando la dictadura venezolana, más específicamente al déspota Maduro,  es algo que no tiene presentación. 


 No solamente no firmamos la declaración que exigía la realización inmediata de elecciones legítimas, con la participación de todos los actores políticos en Venezuela y garantía de la comunidad internacional, sino que nuestro Presidente, una vez concluido el cónclave internacional, se fue hasta Caracas, para ofrecer al tirano todo su respaldo y solidaridad. ¿Alguien puede creer que esas afectadas demostraciones de apoyo a la dictadura venezolana nos ayudarán en el futuro inmediato a generar consensos en torno a nuestra causa marítima?


 Y, la cereza en la torta la pusieron varios voceros del partido de Gobierno, que salieron al paso de las declaraciones del Secretario General de la OEA, ante la difusión del informe de la Comisión de Venecia, relativo al tema de los límites a la reelección presidencial en América Latina. Estos comedidos voceros se apresuraron a descalificar a Luis Almagro, llenándolo de calificativos ofensivos y, lo que es peor, anunciando que Bolivia no reconocerá un eventual pronunciamiento de la Corte Interamericana de Derechos Humanos que desconozca el fallo írrito e ilegal del Tribunal Constitucional Plurinacional que pretendió habilitar a Evo Morales a una nueva repostulación.


 Nuestra política exterior no podría habernos puesto en una peor situación, precisamente en las vísperas del fallo de La Haya: aislados de la comunidad internacional por las veleidades ideológicas de nuestros gobernantes, que apoyan a Siria y Venezuela, sin sopesar el daño a nuestra causa por esa actitud y, anunciando, de manera incomprensible, que no acataremos un probable fallo de una corte internacional, cuándo al mismo tiempo estamos exigiendo precisamente aquello de Chile.


 A estas horas, nuestra diplomacia debería estar desplegando una estrategia seria, bien elaborada y mejor ejecutada, convenciendo, y persuadiendo al mundo de la justicia de nuestro derecho al mar.

Deberíamos estar haciendo amigos y aliados por todo el mundo, especialmente entre nuestros vecinos y allegados, en lugar de pasar las vergüenzas que pasamos a diario, y quedando cada día más aislados. 

Ricardo Paz Ballivián es sociólogo.

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