Entre ceja y ceja

Colombia: la hora de los duros

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miércoles, 30 de mayo de 2018 · 00:07

Los resultados de la primera vuelta en Colombia no sorprendieron. Los sondeos previos a la elección auguraban que los extremos políticos se impondrían al centro. Si bien Sergio Fajardo logró una votación más importante que la esperada, no le alcanzó para dar el batacazo. Iván Duque, el representante del partido del expresidente Uribe, se alzó con el primer lugar y Gustavo Petro, exalcalde de Bogotá, quedó segundo. 

 Germán Vargas Lleras, visto por muchos y a pesar de sus esfuerzos como el candidato oficial, no logró activar la “maquinaria“ y se tuvo que conformar con una votación menor. Finalmente, Humberto de la Calle, el exitoso negociador del acuerdo con las FARC, quedó confinado al quinto lugar, sin haber conseguido siquiera sobrepasar el umbral de salida que establece la ley electoral colombiana.

 Duque realizó una campaña simple e impecable. Acertó en sumar a Martha Lucía Ramírez, líder natural del Partido Conservador, como compañera de fórmula, y a partir de allí se dedicó a concentrar a los electores que habían votado en contra de los acuerdos de paz con las FARC.

  Su estrategia fue muy exitosa para la primera vuelta y ahora tiene el desafío de virar prudentemente hacia el centro, suavizando su discurso para tratar de conseguir los 12 puntos que le faltan para ganar. Petro también hizo una campaña notable, ya que prácticamente se reinventó luego de una alcaldía muy cuestionada y logró seducir a los sectores más opuestos al uribismo, y a los partidos tradicionales.

 Sin embargo, es evidente que para Petro la situación se plantea más complicada, dado que tiene que duplicar su votación para poder vencer. Como es obvio, los votantes de Fajardo, Vargas Lleras y De la Calle son los que definirán el pleito. El centro político, que cometió el gravísimo error de participar dividido, tendrá ahora que optar por cuál de los extremos inclinará la balanza.

  A primera vista, Duque la tiene más fácil. Se supone que la mayoría de los votantes de Vargas Lleras se podrían inclinar a su favor y que también podría cosechar unos puntos definitivos entre los adherentes de Fajardo. Sin embargo, debe remontar el antiuribismo de buena parte de la sociedad colombiana, que teme mucho regresar al pasado de la violencia y de la guerra. 

 Petro, que en los papeles previos y en los sondeos de opinión aparece desfavorecido, tiene ante sí el colosal desafío de demostrar a sus conciudadanos que no hará un gobierno en la línea de Hugo Chávez. Su pasado guerrillero y su radicalidad de antaño no le ayudan, pero también es cierto que todo el daño que le podían hacer con esta amenaza ya se lo han infligido.

 No cabe duda que las próximas semanas resultarán muy intensas y cargadas. Se desplegarán en todo su vigor las campañas negativas, pues, como es bien sabido, en la segunda vuelta se invierte radicalmente la lógica de la estrategia electoral. En la primera vuelta se busca convencer a los electores que nuestro candidato es el mejor; en cambio, en la segunda vuelta, el objetivo es demostrarle al electorado que nuestro rival es el peor.

 También jugará un papel preponderante la posibilidad de un masivo abstencionismo. Muchos ciudadanos que optaron por Fajardo, Vargas Lleras o De la Calle podrían decidirse a no votar, lo cual, sin duda, favorecería al mejor posicionado de momento, que es Duque. La opción de Petro se juega mucho también en la posibilidad de convencer a jóvenes y sectores de estratos bajos de que apuesten al “mal menor”, que eventualmente representaría él en esta elección.

 De todas maneras, cualquiera sea el resultado, tendremos como resultado final una Colombia polarizada en los extremos políticos, con un pronóstico incierto acerca del devenir del proceso de paz y la posibilidad indeseable del retorno a la violencia. 

 Severa lección para el centro político, que, de ir unificado y con una adecuada estrategia electoral, pudo haber derrotado cómodamente a los extremos. Al no hacerlo, por intereses personales y de grupo, puso al país al borde del abismo.
 
Ricardo Paz Ballivián es sociólogo.

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