Atando Cabos

Ciudadanos al poder

Ciudadanos al poder
Rodolfo Eróstegui
martes, 08 de agosto de 2017 · 12:00:00 a.m.
Generalmente mi columna está dedicada al análisis del mercado de trabajo y de las relaciones laborales. Pero la especialidad no puede tapar los ojos del analista, por ello en esta oportunidad, y cuando sea necesario, dedicaremos algunas líneas al análisis de la política nacional e internacional por el simple hecho de que el trabajo se desempeña bajo políticas nacionales.
 
Estamos observando un deterioro acelerado de la democracia en nuestro continente. Lo que ocurre en Venezuela es un ejemplo claro de esta afirmación. Manifestaciones, marchas, paros, bloqueos por más de cuatro meses seguidos y varios años de expresiones contra el Gobierno de la ciudadanía venezolana, disconformidades que ya arrojaron casi 120 muertos,  no han cambiado en nada la actitud de los detentadores del poder. 
 
Por un lado, los ciudadanos opositores venezolanos señalan que el mercado de bienes y servicios está desabastecido, que a lo largo de la vigencia del socialismo del siglo XXI se han ido restringiendo las libertades ciudadanas y conculcando la libertad de expresión. Afirman que existe una sola voz, una sola idea que hay que obedecer y seguir. No se acepta la disidencia política-ideológica. Se acata y se cumple lo que la autoridad, cada vez más autoritaria, dice que se tiene que pensar y hacer. 
 
En Bolivia de manera sigilosa nos vamos acercando a lo que está ocurriendo en Venezuela. Sin embargo, se dice que aquí no se acepta que maten a ciudadanos que expresan su oposición. Pregúntenle al Goni, nos dicen los oficialistas y los opositores, pero al parecer esa situación está quedando un poco lejana, pues ya han ocurrido muertes que no se han esclarecido en las protestas ciudadanas.
 
Todo este deterioro político se debe al poco respeto ciudadano a las normas que rigen al país. Es decir, no se respeta la Constitución Política del Estado (CPE), ni los diversos códigos, leyes y mucho menos las resoluciones ministeriales. El programa de cualquier partido o movimiento social debería ser en primer lugar el respeto de las normas vigentes en el país, luego el modelo de desarrollo que queremos, la política social que deseamos, etcétera. 
 
 El irrespeto a las normas está llevando a la democracia a extremos peligrosos o a su ruptura inevitable. Se podría aceptar una ruptura de la democracia siempre y cuando los que están empujando al precipicio a la democracia nos muestren un modelo político alternativo viable y en el  cual las personas, hombres, mujeres, se sientan cómodos. Pero no, lo único que enseñan es su capacidad de aferrarse al poder y nada más.
 
Los partidos políticos en Bolivia, desde 1982, realizaron muchos esfuerzos en la construcción de la ciudadanía. Fue una lucha contra las organizaciones sociales (llámense sindicatos de trabajadores o campesinos, comunidades, etcétera) que asumieron la representación de los ciudadanos, quitándoles la capacidad de actuación política a las personas. Por ello, también los juzgados y fiscalías hacen y deshacen a las personas que por casualidad caen en sus garras. En los últimos años vivimos un proceso a la inversa. Las organizaciones sociales volvieron a quitar el pequeño espacio que ganaron los ciudadanos. Por ello, al no existir ciudadanos empoderados y contar sólo con organizaciones empoderadas, los jueces y fiscales actuarían con mayor cuidado.
 
En la década de los 70, las organizaciones sindicales jugaron un rol preponderante en la lucha por la construcción de un país democrático. Ahora parecen adormecidas políticamente y sólo dedicadas a lo que antes se decía despectivamente organizaciones sindicales salarialistas. Se muestran radicales en la demanda de sus salarios, pero se nota que están entumecidas políticamente.
 
Es hora de que los ciudadanos volvamos a recuperar los espacios políticos que hemos estado perdiendo paulatinamente.

Rodolfo Eróstegui T. es experto en temas laborales.