En riesgo de extinción

La Naturaleza ante la astucia burocrática

La Naturaleza ante la astucia burocrática
La Naturaleza ante la astucia burocrática
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martes, 07 de noviembre de 2017 · 00:00
Una vez que el principal, o único, teórico de la   revolución democrática y cultural  pasa a afirmar que los derechos de la humanidad tienen que adaptarse a las necesidades electorales de una persona y su grupo de servidores, se puede esperar que cualquier posibilidad de sorpresa está cancelada, en la dimensión del uso de conceptos.
 
 De allí que no deba causar asombro que el "director de la Autoridad Plurinacional de la Madre Tierra” anuncie que, en   representación de nuestro país, declarará ante el mundo que "tenemos el derecho a seguir emitiendo gases de efecto invernadero”. Claro, si parte de nuestra Constitución tiene que ser declarada nula igual que los votos de la mayoría para habilitar la candidatura de una persona, no hay problema en descubrir y declarar nuestro derecho nacional a acelerar la muerte del planeta, ya que estamos en desventaja en comparación con todo lo que contaminaron, depredaron y devastaron los países de alto desarrollo capitalista.
 
 No sé si tenemos que agradecer al director boliviano de la Madre Tierra u, otra vez, al Vicepresidente, la elaboración de tan sofisticadas categorías, porque si existiese un solo tribunal, asociación o concejo de países que aceptara como buenos los argumentos de nuestros representantes, lo próximo que toca intentar es reivindicar nuestro derecho a conquistar territorios, eliminar pueblos íntegros, sustraer riquezas y recursos de otros pueblos, porque como el capitalismo nació del pillaje, la piratería y la expropiación violenta; nosotros, sus víctimas, tenemos derecho a practicar todo eso como requisito para luchar contra la pobreza y conseguir nuestro desarrollo.
 
 Para ser justos, el Estado boliviano ya está practicando, fronteras adentro, la política de colonizar, avasallar, desconocer derechos de pueblos, como los del TIPNIS o todos los que se inundarían si los proyectos del Chepete y El Bala se hacen realidad, por lo que reclamarle a la comunidad internacional nuestros derechos a atropellar a los demás, como base irrenunciable de un desarrollo "históricamente equitativo” cabe perfectamente en esa lógica conceptual.
 
 Bolivia no es la pionera en reclamar su derecho nacional a seguir calentando el planeta, nos ha ganado la delantera el gobierno de Estados Unidos, que al abandonar el COP 21 ha argumentado que está obligado a seguir quemando carbón y a mantener sus niveles presentes de emisión de gases contaminantes, porque "está en desventaja” frente a otros países que se "siguen desarrollando” usando tales medios.
 
 En idéntica línea de razonamiento, el director plurinacional de la Madre Tierra (porque ella tiene que someterse a su criterio y opiniones) indica que "hay criterios diferentes para definir energía renovable, energía alternativa y energía limpia. O sea, muchos de estos temas están en el cómo y en las definiciones que uno haga, y también con qué se llegue a comparar”.
 
 El enorme e incontrolable problema es que al calentamiento planetario no le importa un pepino lo que diga u opine el señor Trump, o el rencor del señor Vicepresidente contra los bosques y su amor por el desarrollo tradicional, porque, muy al estilo   de "digan lo que digan” o "quieran o no quieran”, el calentamiento sigue aumentando y castigando a los más pobres.
 
 La ruta de habilitar la reelección permanente ya ha pasado por el calvario de explicar a embajadores y cancilleres cómo el mundo y nuestra Constitución están equivocados en el tema, pero lo que todavía no comprenden nuestras autoridades, sus ideólogos y demás beneficiarios, es que cuando se trata de la Naturaleza no existen abogados, argumentos o trucos que sirvan para evitar que el daño que le causamos se atenúe. No hay fronteras, derechos o desplantes que cambien el curso de los acontecimientos.
 
 Lo único que sirve es abandonar la ruta de la depredación y la devastación, dar un giro total para que la derrota de la pobreza no abandone la ruta de armonía con la Naturaleza, de crear una economía basada en el uso y la preservación de las fuentes de vida que existen en nuestro territorio. Es eso lo que necesitan entender los oficialistas, los opositores, los empresarios y todos los demás, porque el tiempo ya se agota.
 
Roger Cortez Hurtado es  director del Instituto Alternativo.
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