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El fracaso de la Revolución Rusa

martes, 21 de noviembre de 2017 · 00:02

Tras 100 años de la Revolución Rusa, hay un antes y después en la historia del siglo XX. Esto porque surgió la Guerra Fría entre la URSS y Estados Unidos, que a pesar de ser aliados en la Segunda Guerra, cada bloque apostó por aplicar políticas públicas basadas en su propia ideología.


 Rusia durante 300 años estuvo regida por la autocracia zarista llena de privilegios, en tanto el pueblo estaba sumido en la pobreza. Los bolcheviques, inspirados en la teoría marxista, se levantaron en armas en 1917 y en Rusia empezó una nueva era. Fue una época de caos y muerte, donde Lenin impuso “El  terror  rojo” a través de la Checa, la Policía rusa. Luego hubo una guerra civil, y en 1922 se formó la Unión de Repúblicas Socialistas Soviéticas (URSS).


 La ideología comunista era un planeamiento teórico que buscaba una sociedad justa e igualitaria y la no explotación del hombre por el hombre. Tras la lucha de clases conquistada por el pueblo, el Estado socialista aplicó un modelo basado en una sociedad equitativa. Este, sin embargo, resultó ser una utopía imposible de adoptar simplemente porque cada hombre es distinto al otro. Cada uno tiene propios talentos y ambiciones.


 Impusieron el comunismo con las armas y el terror. Cualquier opositor era detenido y torturado.

Ejecutaron a millones sin juicio y de forma masiva, y enviaron a los presos políticos, contrarrevolucionarios e incluso a sacerdotes a los Gulags, a realizar trabajos forzados donde morían además por hambre y frío.


 La violencia se agudizó tras el ascenso de Stalin al poder. Un hombre maniqueo y paranoico, al que no le tembló la mano para ajusticiar a sus propios correligionarios. Probablemente uno de los genocidas más grandes de la historia.


 Se estima que en la URSS habrían muerto 20 millones de rusos en los enfrentamientos, asesinatos, pestes y hambrunas, principalmente en Ucrania en el genocidio de Holodomor, por el mal manejo del proceso de colectivización del agro.


 El Soviet implementó el Estado socialista, que se basó en el partido único, dictatorial, poderoso, represor, sin libertades ciudadanas, donde los jerarcas del partido gozaban de privilegios.


 La URSS impuso su ideología a los países satélites después de la Segunda Guerra que fueron víctimas de la falta de libertades y la exportaron a otros países sin mayor éxito. A esto se sumó una burocracia extrema que resultó en  un Estado muy ineficiente.


 Estatizaron la economía sin dar lugar a las iniciativas privadas y esto no dio los  resultados esperados. En la década de los 80 su principal rival, Estados Unidos, alcanzó el doble del PIB que la URSS. El estancamiento de la economía llevó a que la gente se dedicara al mercado negro, al contrabando y al mercado informal. 


 El punto de inflexión fue en 1985, cuando Mijaíl Gorbachov, un visionario reformador, ascendió al poder. Promovió la Perestroika y la Glasnost. Aquella dio lugar a la iniciativa privada permitiendo a las personas tener sus propios negocios y dio lugar a las inversiones extranjeras. Y con la ésta (llamada transparencia o apertura) liberó a los presos políticos y dio libertades ciudadanas y de prensa, permitiendo, así, que partidos no comunistas se presentaran a elecciones.


 En 1989, el emblemático Muro de Berlín cayó y con él el comunismo. La Revolución Rusa y el marxismo tuvieron un costo humano demasiado alto para ser un fracaso. Hoy el mundo se ha globalizado y goza de mayores libertades.

Verónica Ormachea Gutiérrez es periodista y escritora.

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