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Trump encendió la mecha

martes, 19 de diciembre de 2017 · 00:07

Trump ha metido el dedo en la  llaga al proclamar de forma unilateral a Jerusalén como capital de Israel. Si bien ha empoderado a Israel, hubiese dado más réditos continuar con las negociaciones de paz.


El Presidente de Estados Unidos también dijo que trasladará su embajada a Jerusalén, cuando todas las representaciones diplomáticas se encuentran en Tel Aviv. A raíz de dicha decisión, ya no le corresponde a Estados Unidos ser mediador por no haber actuado con neutralidad.


El estatus de la ciudad santa, es un tema que debe negociarse entre israelíes y palestinos. Estos últimos reivindican -como fue en el pasado- el sector oriental como su capital.


La decisión de Trump ha sido una provocación y ha tocado la fibra más sensible ante la frágil situación que se vive en Oriente Próximo. Prueba clara es que su decisión ha aumentado la tensión en la región. Ha habido enfrentamientos que han dado como resultado a cuatro palestinos muertos, protestas ante las embajadas de Estados Unidos y Hamas llamó a una nueva intifada.


El presidente turco, Erdogan, y líderes musulmanes llamaron al mundo a reconocer a Jerusalén Este como capital de un Estado palestino. Es más, Erdogan anunció que trasladará su embajada al sector oriental de la ciudad milenaria. Todo esto conflictúa aún más el delicado escenario. Trump no mide y poco le interesan las consecuencias de sus decisiones.


Washington, en aras de la paz, pudo haber declarado la división que decidió la ONU, en 1947, que consideraba a Jerusalén como una “ciudad internacional separada”. El sector occidental para los israelíes y el oriental para los palestinos. Luego, tras la Guerra de los Seis Días, la ciudad Santa quedó bajo el control de los hebreos.


Esta decisión hubiese sido más pacífica y ecuánime y acercado más a países como Los Emiratos Árabes Unidos y Arabia Saudita que últimamente se han aproximado a Israel.


 El objetivo de Trump era claro. Influenciado por su yerno judío y asesor presidencial Kushner y los influyentes lobistas hebreos en Washington, ha beneficiado a Israel, su aliado incondicional y estratégico en Cercano Oriente. Asimismo ha cumplido con los financiadores de su campaña que han sido principalmente judíos.


La decisión de Trump fue en base a una ley que aprobó el Congreso norteamericano en 1995. Ésta no fue llevada a cabo por Clinton, Bush ni Obama, con el fin de no remover el avispero, en aras de la seguridad de Estados Unidos y sus ciudadanos.


El Presidente de Estados Unidos ha hecho caso omiso a la crítica de la Unión Europea, la ONU y de los países del mundo árabe musulmán. Incluso el Santo Padre hizo una llamado a que se respete el statu quo de la ciudad según establece la ONU.


Entretanto, el Consejo de Seguridad de la ONU evalúa una resolución para que la decisión de Trump sea anulada y revocada ya que no tiene efecto legal. Lo más probable, sin embargo, es que Estados Unidos vete la medida. Si un país miembro permanente del Consejo, como lo es éste, veta una resolución, no se da curso.


La ciudad santa ha sido motivo de discordia desde que existe. Los judíos, cristianos e islámicos reclaman su soberanía ya que alberga templos y lugares sagrados para ellos. Nunca, sin embargo, se ha llegado a un acuerdo que satisfaga a todas las partes.

Verónica Ormachea G. es periodista y escritora.

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