Diletantismos

Jaime Saenz para reskatiris

Por 
sábado, 20 de enero de 2018 · 00:07

No sabía si escribir reskatiri con “c” o “k”, pero la verdad es que, tratándose de una palabra aymara, creo que le cae mejor la k, aunque estoy llano a ser corregido por algún aymarólogo eminente, que los hay. El reskatiri literario es ese curioso personaje cultural que, una vez seducido por la pasión de buscar y rebuscar en libros y periódicos antiguos, termina confundiendo la literatura con el hallazgo de obras perdidas, versos náufragos, cartas de amor de escritores famosos, tal o cual textículo perdido en tal pasquín, etcétera, etcétera. 


 ¿A qué viene esto? Pues a la necesidad de dar parte de un hallazgo hemerológico que hice casualmente cuando buscaba otro documento: se trata de la crónica o informe periodístico que hizo Jaime Saenz de su viaje a Alemania, realizado en los años 30, como parte de una delegación juvenil.

Tengo un sobrino político, este sí reskatiri de fuste y no amateur como yo, a quien he ofrecido el dato, así que no puedo dar información más precisa, menos el periódico en el que está el texto. Por lo demás, como soy un simple aficionado, quizá esté meando fuera de tiesto y el documento ya haya sido detectado antes. 


No sé si es entonces que Saenz se enamoró del nazismo o ya antes había despertado su germanofilia, pues tampoco soy un devoto saenzeano que se diga. Pero si lo fuera, atendería más este curioso hecho, porque, en toda su dimensión cómica y seria al mismo tiempo, es importante en la conformación del rico mundo artístico que supo construir a lo largo de toda su vida. Y también otros aspectos que la excesiva pudibundez de la cultura nacional ha impedido ver (su afición a la cocaína, por ejemplo). 


Al respecto, no estaría demás que alguien cercano y con la suficiente musculatura de biógrafo encarara la tarea de investigar, y narrar su vida; una biografía más completa y “profesional” que la sentida y bonita semblanza que le hizo Blanca Wiethüchter. Pongo profesional entre comillas porque considero, como tantos otros, que la biografía es un arte narrativo como el que más. El finado Rubén Vargas hubiera sido el indicado quizá, pero la parca se lo llevó inesperadamente. Saenz se lo merece, no sólo por su obra, sino precisamente por su vida, asaz interesante, a menudo divertida, aunque su humor no sea precisamente el que más me entusiasma. 


El reskatiri literario tiene también algo de detective, pero no de crímenes sino de autorías, plagios, obras juveniles despreciadas y otras yerbas literarias. Hete aquí otro ejemplo: tengo una edición de La montaña mágica que parece haber sido la que leía con avidez el poeta paceño, pues era de sus obras favoritas. Eché en cuenta de esto después de mucho usar el libro durante años, al observar que el bárbaro librero de viejo que seguramente me lo vendió (obviamente no recuerdo ni dónde ni cuándo compré ese libro de segunda mano) había borrado la firma de la primera página del volumen, para venderlo “en mejores condiciones”, supongo. En lo que queda de la firma, en efecto, se notan los típicos rasgos y el trazo de la de Saenz. 


Es una hermosa edición española (José Janés, Barcelona, 1947) de tapa dura, harto trajinada, monocroma y sin la foto del escritor, menos aún los comentarios elogiosos obligatorios a los que somete la industria editorial actual (aunque, todo hay que decirlo, es cierto que se anuncia como gancho que el autor es Premio Nobel de 1929). Si no estoy meramente equivocado, podría resultar interesante observar las marcas de lectura que tiene este ejemplar. Como se sabe, se trata de una novela de ideas y, repito, era una de las preferidas de Saenz. 


 Yo diría, por ejemplo, que hay elementos o detalles en esa comedia trascendental que es Felipe Delgado que se corresponden con esa otra comedia trascendental que hizo Mann alrededor de Hans Castorp. Ambos son, no los artistas, sino los jóvenes de temperamento artístico que se sumergen finalmente, el uno en la guerra, el otro perdido  en las breñas de Uyupampa. Ambos podrían haber dicho con Mayakovski: “la barca del amor se estrelló contra la vida corriente”.


Y debe haber otras cosas, pero yo sólo quería dejar esa pelota picando.

Walter I. Vargas es ensayista y crítico literario.

Permítanos un minuto de su tiempo.

Para desarrollar el periodismo serio e independiente, esencial en democracia, que usted aprecia en Página Siete, contamos con un equipo de reporteros, editores, fotógrafos, administrativos y comerciales de primer nivel.

Los ingresos con que Página Siete opera son producto de nuestro trabajo; no contamos con prebendas de ninguna naturaleza.

Si usted desea apoyar el esfuerzo que realizamos, suscríbase a P7 VIP, para recibir de lunes a viernes una carta informativa por correo electrónico, que contendrá un resumen de las noticias y opiniones más interesantes de Página Siete, a un costo de sólo Bs 15 al mes.

Para suscribirse haga clic aquí o llame al número 2611749, en horas de oficina.

85
7

Otras Noticias