Diletantismos

Ur- populismo

Por 
sábado, 17 de marzo de 2018 · 00:07

La historia es en buena medida fantasmagórica, enseñó Musil en su famoso novelón. Todavía en los años 30 y 40 del siglo pasado, cuando ya Lenin se había ido al otro mundo convertido en un gran genocida, en Europa luminarias de diversa laya seguían pensando que era el heraldo de una buena nueva. 


Sabemos que este nuevo siglo está adquiriendo un perfil monstruoso, pero cuesta darle un nombre, y más describirlo. A veces el insomnio me lleva a ver el canal Rusia today, para ver cómo la idiotez izquierdosa, que se suponía había sido expulsada por la puerta grande la historia, ha vuelto a entrar por la ventana en la forma de una nueva guerra fría. 


Vemos cómo Putin ha asumido el envenenamiento como política de Estado, y Ji Ping ha conseguido la presidencia eterna de China, pero no sabemos si esto no desembocará en algunos años en una trifulca ecuménica, como ocurrió en el perverso siglo XX. 


Pero por lo pronto podemos ir evaluando algo: que a principios de siglo, en la simpática y colorida Latinoamérica, el famoso socialismo asumió una cara grotesca en manos de cogollos de aventureros ambiciosos que lo usaron como una añagaza diabólica para apoderarse de los países, como ha pasado en Venezuela y corremos el riesgo de que pase en Bolivia (pero no pasó en Ecuador, así que hay esperanza). 


Es cierto: el estrepitoso fracaso mundial del socialismo real había dejado dos flores exóticas y pesadillescas: dos monarquías hereditarias en Corea de Norte y Cuba. En las aulas de Sociología me enseñaron algo sobre el despotismo asiático como una tradición milenaria de uso del poder, y así se explica en cierta medida lo de Corea del Norte. 


Pero lo de Cuba es más enigmático, porque como América Latina tiene más tradición occidental, su forma de autoritarismo es más bien el suave, famoso y atormentador populismo. Y este proteico engendro político es el que precisamente amenaza a Bolivia actualmente. 


En su artículo El fascismo eterno, Umberto Eco usa la teoría de los juegos de Wittgenstein para decir que el fascismo fue más plástico, más maleable, más chacotero, por así decirlo, que el nacionalsocialismo (por eso lo llama ur-fascismo). De esta manera, pudo ser usado después en el tercer mundo para que las muchas cepas de populismo apelaran a varias de sus prácticas. 


 “El término fascismo se adapta a todo porque es posible eliminar de un régimen fascista uno o más aspectos y siempre podremos reconocerlo como fascista. Quítenle al fascismo el imperialismo y obtendrán a Franco o Salazar; quítenle el colonialismo y obtendrán el fascismo balcánico. Añádale al fascismo italiano un anticapitalismo radical y obtendrán a Ezra Pound”, dice Eco. 


 Pues bien, siguiendo la receta: déjese macerar el anticapitalismo, dése vuelta el colonialismo para convertirlo en anticolonialismo, agréguese abundante dosis de indigenismo y victimismo histórico, y mézclese con dos gotas de culto a la personalidad, y obtendrán ustedes el populismo-fascismo practicado por el MAS.


En efecto, el gobierno actual es fascista al obligarnos a ver la cara de Morales hasta en la sopa o al darse el lujo de usar de manera cien veces más desvergonzada que otros gobiernos el asunto del mar. Novelas y películas nos mostraron el depresivo ambiente de totalitarismo que asumía la rutina en la Italia de Mussolini. Pues yo sentí algo parecido el sábado pasado cuando desplegaron una bandera partidaria de dimensiones colosales y sacaron a los niños a cantar a las calles las plegarias de la verdadera religión nacional que es la reivindicación marítima. 


 Días después, al salir de la universidad donde trabajo, oí al pasar cómo un estudiante le decía a su compañero que eso del banderazo le parecía una cojudeza mayúscula. Juventud, divino tesoro, será insoportable pero se da cuenta.


 En un sentido más, omitido por Eco, el fascismo se ha destacado: ha hecho pasar a la historia el mote de fascista como sinónimo de mal tipo, de fome. Resultado de lo cual, pasado tanto tiempo, si quieres insultar, puedes usar la palabra fascista, no nazi, siempre que quieras neutralizar a algún rival, como hizo el indocumentado y lamentable exministro Ferreira, que no vaciló en llamar anciana fascista a una viejecita exespañola largamente defensora de los famosos derechos humanos.

Walter I. Vargas es ensayista y crítico literario.

Permítanos un minuto de su tiempo.

Para desarrollar el periodismo serio e independiente, esencial en democracia, que usted aprecia en Página Siete, contamos con un equipo de reporteros, editores, fotógrafos, administrativos y comerciales de primer nivel.

Los ingresos con que Página Siete opera son producto de nuestro trabajo; no contamos con prebendas de ninguna naturaleza.

Si usted desea apoyar el esfuerzo que realizamos, suscríbase a P7 VIP, para recibir de lunes a viernes una carta informativa por correo electrónico, que contendrá un resumen de las noticias y opiniones más interesantes de Página Siete, a un costo de sólo Bs 15 al mes.

Para suscribirse haga clic aquí o llame al número 2611749, en horas de oficina.

255
4

Otras Noticias