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Memorias de un revolucionario falangista

Jaime Gutiérrez condujo un grupo miliciano durante el intento de golpe del 19 de abril de 1959, organizado por Falange Socialista Boliviana en contra del gobierno de Hernán Siles Suazo (1956 - 1960).

Memorias de  un  revolucionario falangista
Gonzalo Díaz Díaz de Oropeza
"Soy el último sobreviviente de la revolución del 19 de abril de 1959”, afirmó Jaime Gutiérrez Terceros, al contar a Miradas las acciones que emprendió hace exactamente 56 años, cuando tenía 24 años de edad.
Aquel día, los miembros de Falange Socialista Boliviana (FSB), principal partido opositor al gobierno del Movimiento Nacionalista Revolucionario (MNR), protagonizaron su último gran intento de tomar el poder. Herbert Klein, en su libro Historia de Bolivia, afirma que FSB fue un "partido católico conservador con ribetes fascistas” que fue fundado en la Universidad Católica de Chile en la segunda mitad de los años 30 por Óscar Únzaga de la Vega.
Luego de que el gobierno del MNR comenzó a afectar las rentas de la clase media, FSB se convirtió en el partido más fuerte en las ciudades. El apoyo a este partido comenzó a crecer en las elecciones intermedias celebradas durante la primera gestión de Víctor Paz Estenssoro (1952 - 1956) y  se afianzó en las elecciones generales de 1956, "cuando FSB ganó en las ciudades”, según Klein. 
El historiador Mariano Baptista Gumucio, en su libro Historia Contemporánea de Bolivia, afirma que Únzaga de la Vega  tenía una "peculiar y encendida devoción por la patria”. "Fue un producto de la desesperación de la clase media boliviana contra la mentalidad mezquina y colonialista de los grupos dirigentes”. "Era un hombre de intachable honestidad y de gran carisma”, dice.
 Para Gutiérrez Terceros, Únzaga de la Vega era un hombre extraordinario e inteligente. Cuando uno ingresaba a FSB, lo primero que él enseñaba eran valores, como no mentir, la paz, el amor, la alegría y el coraje. "Eran la base de todo falangista”, aseguró.
El proyecto de revolución del 19 de abril de 1959 fue el último gran intento que protagonizaron los miembros de FSB. El resultado fue trágico, pues aquel día no sólo perdió la vida Únzaga de la Vega, sino también decenas de sus dirigentes; y muchos otros fueron internados en centros de detención.
 Grupos especiales
El intento revolucionario se preparó con Walter Alpire a la cabeza. "Se decidió convocar a los falangistas a una misa” en diferentes templos, como San Francisco, María Auxiliadora y Santa María, entre otros.
Los falangistas planeaban asaltar el cuartel Sucre y tomar las armas. "Éramos muy pocos”, recordó el falangista. "Yo estaba entre los grupos especiales”, detalló Gutierrez. Además del cuartel Sucre, otros grupos debían hacer lo propio en Radio Illimani y Teléfonos Automáticos.
El grupo de Gutiérrez debía evitar la salida de agentes del edificio del Control Político (CP), sobre la calle Potosí. "Yo salí con un grupo de seis personas”. "Yo tenía una metralleta”, recordó. De acuerdo al plan, quienes tomaron el cuartel Sucre debían enviar refuerzos a este grupo.
Hubo una balacera y al promediar las 11:20 vieron a un grupo de 15 personas. "Apareció el grupo entrando por la calle Mercado”. Los falangistas detuvieron a estos milicianos. "Los pusimos contra la pared. Hubo un herido. Les quitamos más o menos 15 armas, más sus municiones”.
Los falangistas que asistieron al templo de San Francisco se sumaron al grupo de Gutiérrez, cuyo número de integrantes se elevó a 20. "No sabíamos con exactitud cómo estaban actuando los otros grupos”, afirmó. Sin embargo, el entonces presidente de la Confederación Universitaria Boliviana (CUB), Fausto Medrano -quien estaba encargado de supervisar las acciones-, llegó hasta el grupo.  "Él estaba en la casa donde estaba Óscar Únzaga, Álvarez Lafaye, Enrique Achá y Rene Gallardo”.
Medrano contó a Gutiérrez que había visto a la gente ingresar al cuartel Sucre, aunque no supo lo que pasó después. También le contó que Radio Illimani había sido tomada y se transmitía de acuerdo a lo programado. Luego, este dirigente se retiró con la promesa de volver.
Entre 12:00 y 12:20, Gutiérrez supo que un vehículo se dirigía a la presidencia en plaza Murillo. El militante falangista estaba donde ahora se encuentran el edificio de Lotería Nacional y COTEL, que en ese entonces era un terreno. Saltó dentro de la propiedad y cambió la cacerina de su metralleta con 32 balas. "Empecé a disparar los 32 tiros”. "Era un auto blindado”, recordó. Luego supo que el conductor quedó herido, pero a pesar de ello, el vehículo llegó a la casa de Gobierno. Luego, junto al grupo, Gutiérrez tomó las dependencias de Tránsito, de donde sacaron dos armas.
Bandera blanca
Entre las 15:30 y 16:00 había miles de milicianos del MNR que disparaban. En la esquina de las calles Santa Cruz y Murillo, Gutiérrez y los falangistas vieron a miembros del ejército. Una oficial se acercaba a ellos con una bandera blanca. El dirigente falangista, a su vez, sacó un pañuelo. "No queremos matarlos, aunque la instrucción es terminar con ustedes. Les pido que escapen, huyan de aquí”, le dijo el militar. "No, nosotros no hemos venido para huir, sino para estar en la revolución”, contestó Gutiérrez. "Los vamos a tener que atacar”, fue lo que dijo el capitán antes de retirarse.
Los falangistas interceptaron una camioneta que llevaba milicianos del MNR y bajaba por la calle Murillo. "La paramos y les quitamos las armas”. "La camioneta la pusimos a mitad de la calle”. "A los 15 o 20 minutos  empezamos a sentir los bazucazos. Entre la gente de la falange había dos muertos, unos cuatro heridos, entre ellos, yo”, contó Gutiérrez, quien  sufrió una herida en la pierna y en la ceja.
detenidos
 Junto a sus camaradas,  ingresaron a una fábrica que había en la zona. "Nos tomaron presos, nos pusieron contra la pared a heridos y no heridos, a todos”, relató. Luego comenzaron a caminar por la calle Murillo y, a la altura de la calle Sagárnaga, apareció un jeep en el que además del chófer iba un policía. Los militares detuvieron el vehículo y ordenaron que lleven a los cuatro detenidos al  CP.
"Si los llevo a Control Político, los van a matar”, explicó el mayor de Policía, quien se dirigió a los detenidos y les dijo: "Más bien saquen sus cosas de valor y pónganlas en sus zapatos. Los voy a llevar al Panóptico”.
Así, los cuatro detenidos fueron conducidos al Panóptico Nacional ubicado en la zona de San Pedro. Un cirujano que estaba preso atendió a los heridos. El más grave era Víctor Vega, quien recibió  un disparo que le atravesó el estómago. Eran las 18:00 y comenzaron a llegar más detenidos que fueron acomodados en diferentes salas. "En una sala, que era para dos personas, estábamos 20”, recordó el falangista.

20 de abril

Al día siguiente llegó el jefe del CP, Claudio San Román, para reconocer a los 400 detenidos. Al mediodía, Gutiérrez fue condu cido a otra sala de donde lo llevaron a las oficinas del CP. "Me llevaron a las siete de la noche a Control Político”. "Fui masacrado durante 30 a 35 días, me apaleaban, me pateaban; no se cómo resistí”, contó. Del CP, Gutiérrez fue conducido al Panóptico Nacional, donde estuvo detenido por un año.
Peor que las golpizas

Gutiérrez se enteró de la muerte de Óscar Únzaga de la Vega el día que fue conducido al CP. El entonces ministro de Gobierno, Wálter Guevara Arze, quien conocía a su familia, le dijo: "Tú eres muy joven para estar en política, haces sufrir a tus padres”. Luego le dio la mala noticia. "No te van a tocar más, pero quiero avisarte que tu jefe ha muerto y se lo va a enterrar”. Gutiérrez no le creyó y recién días después, cuando llegó un nuevo preso, confirmó lo ocurrido con su líder. Sintió como si lo hubieran apaleado, fue peor que las golpizas que recibió, según relató.
El nuevo preso llegó al CP entre el 22 y 23 de abril. Además de confirmarle la muerte del líder de FSB, en una sala en la que también estaban detenidos dos miembros del Partido Obrero Revolucionario (POR), le detalló lo siguiente: "Sabes, Jaime, el drama es que a todos tus amigos los han matado”. "Me causó un impacto tremendo, aguanté todas las golpizas y dije ‘que me maten’”, afirmó Gutiérrez.
Luego el falangista recordó  lo que pasó con la gente que ingresó al cuartel Sucre. "Fueron al parque donde supuestamente estaba el armamento. Llegaron allá, a las armas les habían sacado los percutores y no había balas; no servían para nada”, aseguró. En eso, un jeep apareció con una ametralladora y un comandante. El grupo de falangistas se replegó a un dormitorio. "Mataron nada menos que a 23 personas”, afirmó Gutiérrez.
Este episodio es "uno de los asesinatos más grandes de la historia boliviana”, dijo el falangista. Todos eran dirigentes políticos, pero también había un líder campesino, llamado Rubén Quispe, que se salvó. Cuando comenzaron a disparar, él se ocultó en un turril y observó todo. Lo descubrieron y él sólo habló en aymara. "Por esa circunstancia no lo mataron”, explicó. Otro de los sobrevivientes del cuartel Sucre fue Víctor Sierra, quien recibió siete disparos.

niño de bolivia


Jaime Gutiérrez Terceros nació en Llallagua, Potosí, donde su padre, Ernesto Gutiérrez, tenía concesiones mineras. Su madre, Raquel Terceros Mendoza, quiso que sus hijos tuvieran una mejor educación, por lo que se trasladaron a Cochabamba.
Ingresó a FSB en 1946 a la edad de 11 años, "primero como niño de Bolivia”. Cuando estaba a punto de cumplir 18, participó en el intento de revolución del 9 de noviembre de 1953 en Cochabamba.
Luego de la intentona, llegó a La Paz, donde se refugió en la nunciatura Apostólica que tramitó su salida a Brasil. Un año después, Únzaga de la Vega también llegó a Río de Janeiro, "porque el gobierno de ese entonces presionó a Perú y a Chile para que no lo admitan”. En 1957 fue exiliado a Paraguay, de donde retornó a La Paz, ciudad en la que radica desde entonces.
Gutiérrez contó que toda su familia fue víctima de la represión, ya que su hermano fue enviado al centro de detención de Curahuara de Carangas. Asimismo, cuando estaba exiliado en Brasil, su madre fue detenida y su padre fue perseguido. Incluso su hermana menor tuvo que irse a la casa de un familiar. "Fue para nosotros un drama”, afirmó, al explicar que no sólo estuvo preso bajo los gobiernos de Paz Estenssoro y Siles Zuazo, sino también de René Barrientos, Juan José Torres y Hugo Banzer.
Gutiérrez estudió Derecho, pero no se tituló, pues luego de casarse y tener hijos comenzó a trabajar en una empresa comercializadora de medicamentos, en la que llegó a ser gerente de ventas. "Cometí el error de retirarme el año 1972”, reconoció.
 En su partido llegó a ser secretario general y jefe interino. "Había llegado a la cúspide de la falange y la corte me nombró Jefe Ad Interin, sólo para que convoque a elecciones”. Se retiró de las actividades políticas luego de convocar a una convención de su partido en Cochabamba, en los años 80.
Luego retomó sus actividades empresariales, pues se le ocurrió montar una fábrica de detergentes industriales. Al diseñar esta empresa, pensó en buscar a clientes específicos que demandaban ese tipo de productos, como compañías mineras y  constructoras. Ahora, este emprendimiento está en manos de los que fueron sus empleados, quienes le compraron la industria y "la manejan exitosamente”.
"Cuando uno ha cumplido 80 años hay muchas ausencias, de nombres, de gente que ha estado en la lucha”, afirmó. "He tenido una vida muy dramática, pero muy fortalecida por las enseñanzas de los valores inculcados dentro de la falange”, concluyó.

"Eran contrarrevolucionarios”
Miradas tomó contacto con el historiador y sociólogo Alexis Pérez Torrico. En su opinión, Falange Socialista Boliviana fue "un partido fascista que surgió en Santiago de Chile en 1938”.
"En el momento álgido de la revolución, se aprovechó del descontento de algunas fracciones de la clase media y alta debido a la hiperinflación y la presencia  vigorosa del movimiento popular en las esferas sociales y políticas”, señaló.
Respecto a la entrada al cuartel Sucre, opinó que se trató de un error, de "una aventura”, porque "los carabineros no se dieron la vuelta” y se mantuvieron fieles a la revolución.
Según Pérez, los militantes de FSB de la década de los 50 fueron miembros de la clase media y alta que fueron agraviados por la revolución del MNR, "ya que fueron despojados de sus tierras”.
Pérez opina que los falangistas no se pueden considerar víctimas de la represión, "ya que eran contrarrevolucionarios”, que actuaron en contra de la izquierda y el MNR, por ejemplo, en la Universidad San Simón de Cochabamba.
El también docente de la UMSA y la UCB minimizó el papel de FSB y sus militantes en la historia nacional. "No tienen relevancia para la historia, ya que fueron conspiradores, golpistas, no iban con las masas populares y fueron acompañantes de dictaduras”, expresó.

 

 

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