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Las expectativas en las parejas

Conocer a nuestra pareja de manera real, es un ejercicio que tiene que ver con la realidad.

Las expectativas en las parejas
Bitia Vargas  La Paz
 
Se ha demostrado que en el mundo  hay un número creciente de personas con problemas y sufrimientos derivados de las relaciones sentimentales, los cuales son escuchados y tratados diariamente por los psicólogos y terapeutas. 

El estrés, la ansiedad, los celos, el mal humor, la rabia son ejemplos de emociones que se viven  dentro de una relación.

Dentro de un matrimonio, o en las relaciones de trabajo, jefe y empleado, las personas creamos expectativas sobre los demás y acabamos esperando que actúen según nuestra voluntad.

En psicología, a estas expectativas las denominamos proyecciones, porque proyectamos en los otros, aquellas carencias y necesidades que nosotros tenemos, intentando en vano que este otro las llene o las resuelva. 

No hay sufrimiento en una relación por el hecho de que el otro nos haga algo que no nos gusta, pero sí lo hay  por el hecho de esperar que él   haga algo tal como nosotros  queremos, siendo que nunca lo hará realmente como deseamos e imaginamos. 

La expectativa irreal crea el sufrimiento: "debería haberse dado cuenta que me gustan las flores y nos los chocolates”; "debería haberme buscado y pedido disculpas”; "si ella me hubiese querido…”

Cuando nos apasionamos, creamos un mundo fantástico, proyectamos en el otro a una persona perfecta, nos quedamos "ciegos”, con el tiempo nos damos cuenta de que "la persona no era como imaginábamos”, y por ello la culpamos por nuestra infelicidad.

Conocer a nuestra pareja de manera real, es en verdad un ejercicio que tiene que ver con la realidad, y para ello requerimos primero aceptarla y después adaptarnos, ajustarnos, congeniar, en un sentido literal, con ella. 

Convivir con los defectos y con las acciones que no nos gustan, por muy pequeñas que éstas sean ("nunca se limpia los pies al entrar”, "siempre deja abiertas las tapas de las botellas…”), es algo muy difícil, pero permite que aprendamos a lidiar con lo diferente y que nos volvamos personas más completas.

Enamorarse es una actividad muy sana, pero si nos salimos de control, es decir nos obsesionamos, nos simbiotizamos (volverse uno solo), nos volvemos posesivos e intolerantes, podríamos llegar a hacer cosas que no haríamos normalmente si no estuviéramos atrapados por el sinfín de emociones que nos produce un enamoramiento apasionado.

No hay regla para una relación perfecta, puesto que no hay personas perfectas. 

Lo que puede ayudarnos es dejar de culpar al otro por nuestra infelicidad, y buscar en nosotros mismos las cosas que no están ayudando a la construcción de una relación saludable, porque no olvidemos que las relaciones se construyen de a dos. 

Generalmente, nos damos cuenta cuando analizamos que probablemente, en algún momento nos hemos quedamos callados cuando deberíamos haber hablado algo que nos incomodaba, o algo que en realidad queríamos transmitirle a nuestra pareja. Eso ocurre generalmente cuando sólo queremos agradar a nuestra pareja, y eso acaba anulándonos. 

No debemos olvidar que ninguna relación dura en el tiempo cuando uno de los miembros de la pareja se anula constantemente por evitar comunicar sus propias emociones. Tampoco olvidemos que las relaciones empiezan a funcionar cuando manejamos como principios de vida la comunicación y la aceptación. 

La aceptación que nos evita de hacer expectativas construidas en imaginarios que sólo existen en nuestra cabeza, y jamás serán resueltas por un tercero, que por supuesto es incapaz de leernos la mente.

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