TIERRAMÉRICA

Ingenieras solares descalzas luchan contra la desigualdad

“En todo el mundo, la vida de las mujeres es la misma, con demasiadas dificultades, pero juntas podemos reescribir nuestra historia”, dice Magan Kawar, experta en energía renovable.
Ingenieras solares descalzas luchan contra la desigualdad
Stella Paul / IPS.Magan Kawar (de rosado) enseña a sus estudiantes de distintos países del mundo.
domingo, 19 de marzo de 2017 · 00:00
Stella Paul / Tilonia, India / IPS / Especial para Miradas

 U na mañana del verano boreal de 2008, la india Magan Kawar decidió abandonar su aldea en busca de trabajo. Al otro día, sus suegros la condenaron al ostracismo. "Estaban muy enojados”, recordó la mujer de 52 años, con dos hijos y originaria de Bhawani Khera, 400 kilómetros al oeste de Nueva Delhi.

"Las mujeres nunca salen solas de su casa. Irse de la aldea y trabajar en una oficina con hombres fue una desgracia. Mis suegros dijeron que les llevé la desgracia”, relató.

Kawar salió rumbo a Tilonia, a una hora de autobús de su aldea, a pesar de que sus familiares enojados y sus vecinos impactados la vieron partir con total consternación. Junto con su esposo  se convirtió en técnica solar en un centro de innovación rural.

Cuando su mundo le cerró las puertas tras de sí, su esposo le aseguró: "Un día, todo estará bien”, recordó.

Ocho años después, Kawar, quien sólo había terminado tercer grado de primaria, es una de las principales expertas en energía renovable de India.

Actualmente es la principal instructora del Barefoot College (Universidad Pies Descalzos), en Tilonia, un centro de innovación y capacitación único, donde las mujeres de todo el país y del mundo se especializan en tecnología solar.

La Universidad Pies Descalzos de Tilonia fue creada hace cuatro décadas por Bunker Roy, un educador visionario y ambientalista que imaginó un lugar donde las mujeres con poca o ninguna educación formal pudieran adquirir herramientas para ganarse la vida y convertirse en líderes.

Se enseñan muchos oficios como costura, soldadura y carpintería, entre otros, pero el programa más emblemático es un curso semestral en tecnología solar.

El curso acepta a mujeres mayores de 35 años, principalmente de comunidades económica y socialmente postergadas de zonas sin electricidad. Hay dos centros de aprendizaje separados, para las indias y para las extranjeras, llamadas "mamás solares”.

Cada una de las mamás solares es elegida por su comunidad y enviada al instituto por sus respectivos gobiernos y becadas por el de India, que les ofrece una beca que cubre su estadía en el campus y la comida.

Actualmente, hay 30 mamás solares de 13 países de Asia y África, entre los que se destacan India, Myanmar (Birmania), Siria, Malí, Sierra Leona y Botswana.

El último grupo de estudiantes se graduará el 15 de este mes, cuando recibirán 700 dólares como estipendio por los meses que estuvieron estudiando. Para muchas, es una suma que podrían emplear como capital semilla para comenzar un negocio en su comunidad.

 

Aprender mediante lenguaje de señas

Se pone en práctica un método   que fomenta una educación que "realmente empodere”.

Las alumnas que se graduaron en   febrero recibieron una linterna solar, fabricada por las técnicas del instituto.

El circuito de la linterna es complejo, con decenas de microchips electrónicos conectados entre sí en una pequeña placa de poco más de 10 centímetros. Enseñar esa compleja tecnología cuando ni los profesores ni las estudiantes hablan inglés o cualquier otra idioma común puede parecer un enorme desafío, pero no para las instructoras de Pies Descalzos que tienen su propia metodología innovadora.

"Comenzamos haciendo una lista de las partes y de los equipos más importantes y les decimos a cada estudiante que se la aprenda de memoria. Eso es fundamental”, explicó Magan Kawar. "Luego, nos comunicamos señalando las partes, las señales y las acciones”, acotó.

"Por ejemplo, tomo una placa de circuito, señalo una parte y digo ‘presionen’. O luego tomo un cable de la fuente de energía de prueba, se la muestro a las estudiantes y les digo ‘prueba de energía’. Y ellas copian”, detalló.

No se entregan certificados ya que el lugar no apunta a ser un centro formal de educación. En cambio, se pone en práctica un método muy simple que fomenta una educación que "realmente empodere”, explicó Bunker Roy, también director de la universidad.