REPORTAJE

Del oro a los animales de coco, miel dorada y aceite de majo

Comunidades del oriente boliviano hacen un uso sostenible de los bosques y diversifican su producción, generando mejores condiciones de vida.
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Del oro a los animales de coco, miel dorada y aceite de majo
Fotos: Víctor Gutiérrez / Página Siete.Sonia Valero, de Alto Beni, muestra a sus animales trabajados en coco.
Del oro a los animales de coco, miel dorada y aceite de majo
Aceite de majo, especial para el cuidado del cabello y la piel.
Del oro a los animales de coco, miel dorada y aceite de majo
El aceite de majo se aplica en la raíz del cabello para fortalecer su crecimiento.
Del oro a los animales de coco, miel dorada y aceite de majo
La leche de majo, rica en nutrientes y vitaminas.
Del oro a los animales de coco, miel dorada y aceite de majo
Las figuras de animales hechas en coco.
Del oro a los animales de coco, miel dorada y aceite de majo
Selman Villanueva ofrece la miel que la produce en el municipio de Guanay.
domingo, 14 de mayo de 2017 · 03:00:00 a.m.
Luis Escobar / Santa Cruz

Elefantes, loros, osos y una gran variedad de animales hechos de cocos luchan por conseguir un mercado y cambiar la vida de varias familias de la comunidad Santa Rosa del municipio de Alto Beni. El salto es atractivo. Hace un par de años una familia recolectaba alrededor de 40 cocos y los vendía a un boliviano cada uno a un intermediario que llegaba a la comunidad cada dos semanas. Hoy apuestan por crear artesanías que llegan a costar entre 40 y 120 bolivianos.

El intermediario era exigente, sólo se llevaba  los cocos jugosos y muchos otros se echaban a perder; por esta razón también se dedican a la agricultura pero una de subsistencia que sólo les permitía comer.

Sonia Valero, una mujer indígena, comenzó con el proyecto y su familia de 10 integrantes la apoyó. Hoy sus padres, esposo, hijos y sobrinos aprendieron este oficio que les genera mayores ingresos. "En un principio era difícil”, recordó pero la posibilidad de obtener un nuevo ingreso la animó a continuar.

"Tenemos bastante materia prima, bastantes cocos. Ese dinero no nos alcanzaba para nuestra familia y por esta razón comenzamos a hacer los tallados en coco”, cuenta Sonia, una mujer que con los tallados llegó a ser presidenta de su comunidad.

Lx, junto con otras como la producción de miel, el aprovechamiento de la semilla de majo, el turismo y la madera, surgieron a través del proyecto   Gestión Integral y Sustentable de Bosques del Ministerio y del viceministerio de Medio Ambiente.

Sonia conversó con la comunidad para que se sumara a esta iniciativa. "Al principio éramos 60 personas, de ellas fueron desertando porque vieron lo complicado que es hacer los tallados. Se necesita paciencia, habilidad y algunas hermanas no conseguían hacerlo. Quedamos 20 mujeres en la organización y todas trabajamos con nuestros esposos e hijos”, relata.

Una persona puede terminar un tallado en un día. Primero, se descascara  el coco seco, se hace el diseño del animal que desean obtener, puede ser un búho, gorila, mono  o  elefante.
 
Comienzan el tallado con un simple cuchillo, lo lijan y al final le colocan el barniz para darle ese aspecto brilloso.

"No tenemos mercado, por eso el Ministerio nos apoyó para conseguir lugares donde ofrecer los productos”, dice Sonia desde un stand de la Expoforest que se realizó en la ciudad de Santa Cruz el pasado mes.

Las mujeres llevan sus artesanías a las ferias de Palos Blancos y en su municipio de Alto Beni como lugares fijos cada fin de semana y se las puede contactar al número de celular 64860667 los fines de semana. 

En su comunidad no tienen señal de celular. Sin embargo, van de feria en feria ofreciendo los atractivos animales. "Nuestro sueño es tener un mercado seguro, ahora no lo tenemos. Sin embargo, recibimos pedidos para colegios o instituciones”, dice esta emprendedora indígena.

Estas inquietas mujeres también dieron un giro a su producción agrícola y ahora preparan el desayuno escolar para los estudiantes de su municipio. "Entregamos galletas de sésamo, de coco, queques de banano, refrescos de sésamo, de copoazú, carambola. Cada proveedora da a diferentes unidades educativas. Por ejemplo, mi familia prepara 62 raciones y ese es nuestro contrato con el Alcalde. Con ello, le damos un valor agregado a nuestros productos”, explica Sonia.

De buscar oro a producir miel dorada

Encontrar oro es una lotería. Cansado de apostar a su fortuna por más de una década, Selman Villanueva dejó de buscar el metal dorado de los ríos de la comunidad San José de Pereda del municipio de Guanay para producir miel. Después de  tres años de su nuevo emprendimiento llegó a obtener hasta 200 kilos anuales de este alimento.

Su trayectoria no fue sencilla. Desde muy joven se dedicó a la agricultura y ayudó a sus padres en la producción de maíz, poroto, maní sólo para el consumo de su familia; luego obtenían arroz que lo vendían en los mercados locales. 

Después vino el auge del oro a la zona. "La minería es más fácil, se gana pero no es constante. Comencé a buscar oro desde los 20 años por una década. El oro es una lotería, algunos sacan y otros no, a mí no me fue muy bien en la minería. Cuando sacaba me alcanzaba sólo para vivir”, cuenta.

Según dice, el oro se estaba acabando. "Por eso vimos la alternativa de implementar la producción de miel. Vimos una oportunidad a futuro porque cuando se acabe el oro, todo se terminará en la zona”. 

Para la producción de miel buscó un terreno donde el agua esté cerca y esté rodeado de   vegetación silvestre "para que las abejas puedan trabajar” y recomendó que la limpieza es lo primero para evitar problemas con plagas e insectos que puedan dañar las colmenas. 

"Siempre debe estar limpia, cambiar las ceras estampadas y tener un conocimiento de las abejas, sus ciclos, en qué fecha llega la floración y otros”.

Hoy obtiene alrededor de 150 a 200 kilos de miel por año y la vende a 70 bolivianos el kilo.
 
Comenzó un diálogo con su comunidad para ampliar el negocio y producir este alimento ecológico y con todas sus potencialidades para conseguir mayores mercados. Él atiende pedidos por el  748 58431.

Majo, la semilla para los domésticos

El fruto de las palmeras de majo caía al suelo y se perdía, pero hoy se puede extraer aceite, la leche y pulpa. La primera demostró tener excelentes vitaminas para la piel o en el cabello y es ofrecida en ferias de diferentes partes del país. Mientras que la segunda se la consume en su mismo lugar de origen y la pulpa se  vende a un intermediario, que produce leche en polvo.

"Estas comunidades quieren aprovechar este producto que lo tienen en el bosque, quieren hacerlo de manera sostenible”, dice la presidenta de la organización denominada Pueblos Indígenas, Leco y Comunidades Originarias de Larecaja (PILCOL) Jhanet Pinto. Esta entidad reúne a indígenas de los municipios de Tipuani y Guanay, que está a un paso de industrializar su producción de aceite. El majo ancestralmente era cocido por 10 minutos en agua hirviendo y el líquido que se obtenía se lo consideraba como la leche que se puede consumir fría o caliente.
 
Los frutos eran exprimidos para conseguir la pulpa y si se desea sacar el aceite nuevamente debe ser hervida  por una hora. 

Este procedimiento pronto quedará obsoleto, porque la organización tiene previsto comprar una planta procesadora que permitirá obtener los nutrientes del majo en frío y sin perder ninguna de sus propiedades. 

Jhanet Pinto explica que invertirán alrededor de 350 mil bolivianos en la maquinaria que, espera, llegará para octubre.

Actualmente, el aceite lo destinan a la cosmetología. "Lo promocionamos para masaje de cabello porque lo fortifica; y para la piel porque es un aceite muy nutritivo al tener una variedad de vitaminas”. Ella atiende pedidos al 71263600; también se puede contactar al presidente de PILCOL, Arturo Quetty, al 72013190. 

Pero pese a sus esfuerzos, aún las comunidades no tienen un mercado fijo; por esta razón, lo promocionan de forma itinerante en las diversas ferias del país. 

"Son productos naturales y ecológicos. No tenemos un mercado fijo pero en estas ferias lo buscan”, agregó la responsable. Ellos venden botellitas de 30 mililitros de aceite de majo a 10 bolivianos cada una.

El municipio de Tipuani apoyó con la reforestación y a la fecha su vivero se tiene más de 10.000 plantines de majo. "No se saca el árbol, se lo aprovecha de forma sostenible”.

Del turismo a la caza y cultivos de subsistencia

De los 25 turistas que llegaban al mes a los albergues de San Miguel del Bala, hoy sólo se registran, en promedio, siete. Este problema obligó a las 35 familias que trabajaban en el lugar a regresar a la caza y continuar con sus cultivos, aunque sólo les permite subsistir.

"Antes llegaban entre 20 a 25 turistas mensualmente, pero  en la actualidad bajó la afluencia de turistas a Rurrenabaque. En un principio pensé que el endurecimiento de visas a israelíes desde  2014 no nos iba a afectar. Pero bajó el número de visitantes de cinco a 10 al mes”, afirma Hernán May, responsable del albergue turístico. Por esta razón, se vienen presentando en ferias nacionales para promocionar el turismo interno e invitar a los bolivianos a pasar unos días en su albergue.

May explica que desde  2005, cuando comenzó a funcionar el albergue, ésa se convirtió en su principal actividad. Sin embargo, la reducción del número de visitantes "afectó la educación, la salud y las condiciones de la comunidad”. Incluso advirtió que "como bajó el turismo, la actividad principal se convirtió en la agricultura y la caza de subsistencia” para varias de las 150 personas que se dedicaban al turismo. Éstas eran sus actividades "ancestrales”, antes de 1995 y de que el Madidi fuera declarado un Parque Nacional.

Estas comunidades apostaron al turismo porque, dicen, "más allá de generar recursos económicos, estamos aportando en la conservación del medioambiente”. 

El emprendimiento comenzó en 2002 y luego de tres años de capacitación en gastronomía y hotelería lograron alcanzar una buena calidad de servicio al turista. "Tenemos capacidad para 30 turistas en nuestro albergue de San Miguel del Bala y tenemos otro albergue que está dentro del parque que se llama Kaquiwara Lodge, con una capacidad para 16 personas”, afirma.

Ellos vienen ofreciendo paquetes desde un día a cinco jornadas y cuatro noches. "Salimos de Rurrenabaque en bote por 40 minutos por el río Beni hasta la comunidad. El paquete mínimo (de un día) espera a los turistas con un jugo natural de la época y  comida típica de la región como el pescado en hoja, el pescado en bambú y tiene un costo de 75 dólares por persona”.

El segundo paquete, y más amplio, cuesta 450 dólares por persona,  todo incluido, transporte, alimentación y hospedaje. 

"Ese paquete incluye una visita a la comunidad de Tacana y al Parque Nacional Madidi, en transporte por balsa tradicional y se puede llegar a las pampas de Yacumo para apreciar la fauna”, dice May.

Extracción responsable de madera en Ixiamas

La Asociación Forestal de la Comunidad de Tumupasa aplica un sistema de extracción de madera responsable en el municipio de Ixiamas desde hace una década. Las áreas de producción de madera abarcan alrededor de 20.000  hectáreas y cada año intervienen, como máximo, alrededor de 800 hectáreas.

"Técnicos forestales nos dicen cuáles son los árboles aprovechables y son los únicos que se pueden talar. El resto se mantiene como semillero y continúa creciendo. Es sostenible porque regresamos al área después de 20 años hasta que exista renovación. Es un ciclo determinado por ley”, explica el representante de la organización, Fredy Howard.

Cada año producen alrededor de 20.000  metros cúbicos de madera. "Venimos a ofertar entre 16 a 20 especies de madera blandas, duras y semiduras a mercados como Santa Cruz; con la mirada puesta en llegar a mercados de Cochabamba, Oruro y La Paz”, declara Howard.

Ellos tienen una desventaja: venden  su producción en "tronca” y buscan transformarla para obtener una mayor utilidad. Este año, con apoyo del GET Forestal y el Ministerio, se plantean lograr ese paso. Para ello, gestionan un préstamo de 200 a 300 mil bolivianos.

La madera que obtienen se comercializa para usos en parquet, pisos, construcción, embovedados y muchos otros. Los compradores interesados les proporcionan su dirección y ellos envían el producto, aunque e para entregas a otras regiones, por el momento, deben enviar una cantidad mínima que es de 7.000  a 20.000  metros cúbicos.
 
El proyecto de conservación  

El proyecto de conservación de la biodiversidad se lleva adelante a través de la Gestión Sostenible de los Bosques por los actores locales y es más conocido por los indígenas como GEF Forestal. 

Es ejecutado por el viceministerio de Medio Ambiente y tiene la prioridad de mejorar la conservación de la biodiversidad en el Corredor Amboró Madidi (CAM) de norte del departamento de La Paz a través de la gestión integral de los bosques.

Técnicos de la entidad gubernamental llegan a las comunidades indígenas para llevar adelante un proceso de implementación y fortalecimiento de buenas prácticas de uso y aprovechamiento de los recursos forestales maderables y no maderables, así como la orientación para el desarrollo de sistemas de producción sustentables, fomento a la apertura de mercados con el fin de subir los ingresos económicos de las comunidades.

El proyecto trabaja en siete municipios del norte de La Paz que son Ixiamas, San Buenaventura, Mapiri, Guanay, Teoponte, Palos Blancos y Alto Beni; junto a dos Tierras Comunitarias de Origen (TCO) que son Tacana y Leco Larecaja.