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Criando niños felices

Legitimar, amar y proteger, son claves para la crianza; siempre con diálogo.
domingo, 14 de mayo de 2017 · 12:00:00 a.m.
Bitia Vargas  La Paz

 

Ser padres, ni en el presente  ni en el pasado ha sido una tarea sencilla. Hoy podemos decir que si bien los estudios han avanzado mucho con respecto a la disciplina positiva, a la crianza saludable, o se han formado escuelas de padres, todo esto se encuentra aún en los albores de la educación, puesto que no muchos padres y madres tienen acceso a este tipo de estrategias, y hoy en día continúan disciplinando y educando a sus hijos como a ellos los educaron, a veces de maneras poco adecuadas.    

La responsabilidad que tienen los padres es muy grande, y esto puede llegar a estresarlos, sobre todo porque nunca saben si lo están haciendo bien o si se están equivocando.

Tenemos en la mano el futuro de nuestros hijos, de nosotros depende que ellos sean buenas personas, y lo más importante, que sean individuos felices. Lejos de darnos tranquilidad, este aspecto  aumenta nuestra preocupación, porque no hay un manual para la vida, y lo único que podemos hacer es replicar solo lo que conocemos, funcione o no.

Hay un proverbio que dice: "Los hijos nacen príncipes y princesas, los padres los convierten en sapos”.

Enseñarles valores a nuestros hijos, prepararlos para vivir en sociedad, esa es nuestra tarea, la pregunta será entonces  ¿qué clase de hijos queremos dejarle al mundo? 

Toda madre y padre desean para su hijo la felicidad. Algunos serán más específicos y desearán inteligencia, salud, dinero, pero lo primero que pensamos cuando nos hacen esa pregunta es  que sean felices. 

Siendo la felicidad un estado específico del alma, un alma que no se siente vacía, que sabe que es única e irrepetible y que confía en sí misma y en la vida, la forma de enseñarles esta felicidad a nuestros hijos es practicando tres cosas, que ciertamente son relevantes, por no decir imprescindibles: legitimarlos, amarlos y protegerlos.

En palabras suena sencillo, después de todo ¿quién no ama a su hijo? ¿Quién no sabe que su hijo es único? ¿Quién no lo cuida del peligro?, pero ¿hemos desarrollado formas de hacerles saber esto?

Cuando comparamos a nuestros niños con otros, por muy ínfimas que parezcan están comparaciones: tu hermanito no se porta así, tu primo ya lee mejor que tú..., no estamos haciéndoles saber que nosotros los amamos y aceptamos tal cual son, les estamos transmitiendo el mensaje de: te amaré más en tanto seas como él o ella. 

Legitimar significa que pese a todas las limitaciones de nuestros niños y a sus características peculiares  los amamos tal cual son, sin necesidad de que sean otros para poder aceptarlos. 

Cuando  legitimamos a nuestras hijas e hijos estamos fortaleciendo directamente su autoestima, su autoconcepto y su autonomía. Si ellos entienden que sus padres los aman así, aprenderán a amarse como son, nunca permitiendo que les dañen, porque saben valorarse. 

¿Cómo les demostramos a nuestros hijos que los amamos? 

A través de actos visibles como los abrazos, las caricias respetuosas, los besos; y a través de actos invisibles como el respeto, la legitimación, no avergonzándolos en público, no comparándolos. 

La protección puede demostrarse en actos que aparentemente son sencillos pero eficaces, como el hecho de acudir a consolarlo cuando se lastima en vez de reñirlo por haberlo hecho, porque esto le demostrará que nosotros acudiremos a él en el momento en que nos necesite, dándole la confianza necesaria para explorar y descubrir el mundo. 

No debemos cometer el error de incumplir promesas cuando está empezando el proceso de desapego. Si le hemos prometido llegar temprano al colegio para recogerlo, así debe ser, entonces él aprenderá a creer. 

Legitimar, amar y proteger  son claves para la crianza, por ello es vital que como padres nos demos un tiempo para dialogar y meditar respecto a cómo estamos practicándolas en nuestro hogar, sobre todo si queremos preparar a nuestros hijos para la vida, para que sean felices.