Ad Libitum

Swingers

domingo, 14 de mayo de 2017 · 12:00:00 a.m.

Guery Zabala Gumucio

P ensar en ver a tu pareja teniendo relaciones sexuales con otra persona te pone los pelos de punta y nacen, a menudo, sentimientos de enojo. Sin embargo, hay parejas para las que el  intercambio es parte de su vida.

Los swinger, como se denomina a las parejas que comparten  a su pareja en el sexo,  generan controversia.  Para algunos son "unos degenerados” (juicio moral); otros los consideran enfermos sexuales, con alto riesgo de contraer alguna enfermedad (juicio con connotaciones de salud pública). Y hay quienes la  consideran como una práctica libertina, sin reglas de autocuidado,
reconocimiento y responsabilidad por el otro

La clave de las parejas swinger es que dialogaron y pactaron el intercambio con el fin de unirse más.  A pesar de su práctica sexual no convencional, que rompe con los conceptos tradicionales de sexualidad, siguen conservando ideales de la pareja convencional.

Así, conciben a la pareja como una unidad relacional e institucional pero pactan,  de manera consensuada, otras formas de obtener el placer sexual.  Las parejas swinger deben considerar al interior de su relación algunas cuestiones concernientes a la interacción en el encuentro, lo permitido o no; lo que se puede hacer y decir. Por lo general se trata de disfrutar del sexo, tratando de no involucrar sentimientos.

La actividad sexual swinger debe enmarcarse dentro de una condición equitativa de placer y satisfacción consensuada, la cual debe garantizar goce recíproco tanto de lo que acontece en el propio cuerpo como en el de la pareja. Se trata de un acuerdo en el que ninguno intercambia pareja sin el consentimiento y presencia del otro.

Es frecuente ver a personas que se definen de este modo, pero que en realidad llevan a parejas ocasionales o a trabajadores sexuales a lugares swinger en busca de nuevas experiencias. Esa no es la idea.  

El swinging está desarticulado de cualquier posibilidad de relación afectiva; se deben evitar los compromisos afectivos que se proyectan en el tiempo, porque de ser así, se estaría comprometiendo la unión de la pareja por tratarse de una experiencia individual que traicionaría el pacto swinger. 

Para estas parejas, es claro que la prolongación del contacto sexual público hacia un ámbito privado es infidelidad. Es decir, existiría una supuesta "monogamia swinger” de naturaleza afectiva. Si durante el intercambio se empiezan a vislumbrar otros asuntos no previstos y cuando esa voz interna comienza a hacer mucho ruido, hay que preguntarse desde lo racional: ¿es esto lo que realmente quiero?, ¿qué buscaba yo cuando empecé?, ¿cuestionar a mi pareja?, ¿replantear toda mi vida?

En nuestra cultura, los vínculos amorosos son más posesivos y cuando existe un compromiso afectivo aparece el deseo de pertenencia, fidelidad y lealtad. Por ello, muchas veces se puede correr el riesgo de que una de las partes, por no parecer "anticuado”, o por miedo a perder a su amor, acepte más por acatamiento que por convicción, lo que puede devenir después en que uno de los dos involucrados pueda salir muy lastimado.

Donde dos no quieren, uno no puede. Para que este acuerdo funcione debe satisfacer a ambos. Cuando uno no se siente a gusto, lo mejor es abrirse, por más que en esa postura se corra el riesgo de perder a la pareja. 

Si uno de los miembros de la pareja no se siente a gusto con esta práctica, se debe interrumpir de inmediato, o bien conversar sobre el asunto, discutir y negociar con la base del respeto mutuo. Este diálogo puede fortalecer a la pareja, porque es una pequeña tensión que cicatriza de inmediato. En cambio, si el intercambio aparece como una imposición es probable que termine en una separación.

Adoptar el estilo de vida swinger no es sólo para probar o una decisión que se tome a la rápida, esto implica el fortalecimiento de  la pareja o en otra instancia la separación. No se debe tomar esta decisión para solo tener más parejas sexuales. Piénsalo.  Tú y tu pareja merecen lo mejor de cada uno y no sólo enfocarse en la inmediatez del placer sexual. Si no separan la fidelidad sexual de la afectiva, quizás esto nunca sea una opción.

Las parejas swinger postulan que todos tienen el derecho de vivir, amar y disfrutar de la sexualidad, pero la clave está en el consentimiento y el acuerdo mutuo.