CINE

Baywatch , gags de saldo sobre erecciones y vómitos

La versión cinematográfica de Guardianes de la bahía llega dos décadas tarde, despistada y sin gracia. Un filme que no está en condiciones de burlarse ni de David Hasselhoff.
domingo, 16 de julio de 2017 · 12:00:00 a.m.
Alejandro Alegré

 
P ese a que se produjo a lo largo de 11 temporadas y se emitió en más de 140 países, y que en el proceso acumuló una audiencia mayor que cualquier otra ficción televisiva de la historia -eso al menos fue lo que sus responsables no se cansaban de decir-, la teleserie Guardianes de la bahía es un producto excepcional en la cultura popular en tanto que no necesitó del paso de los años ni del filtro de la posmodernidad para convertirse en un chiste. Ya lo era en su propio tiempo.

Eso no sólo significa que cualquier intento de reírse de la serie llega dos décadas tarde, sino que directamente es redundante. Pero eso por sí solo no sirve para explicar por qué Baywatch es una película completamente despistada. A pesar de lo dicho, el director Seth Gordon tenía un amplio margen para la sorna; nadie le exigía respeto hacia su modelo. Sin embargo, la película se parece a la teleserie original en que ninguna de las dos es muy graciosa. El problema es que sólo la teleserie no pretendía serlo.

Concretamente, Baywatch ofrece más o menos un chiste decente por cada uno de sus guionistas -seis-, y en general confunde lo divertido con lo simplemente tonto; no tiene interés en la sátira o la parodia sino sólo en las cucamonas ocasionales. Peor aún, durante la mayor parte de su metraje funciona de forma muy parecida a un episodio de la serie. 

Muchas de sus escenas son los típicos instantes de avance argumental propios de una película de acción al uso. Las coreografías de acción ni siquiera intentan ser cómicas, pero por otro lado están tan mal rodadas y embadurnadas de tosco maquillaje digital que es imposible tomarlas en serio.

Baywatch, eso sí, reproduce con humor los momentos más icónicos de Guardianes de la bahía, en los que lozanas muchachas en bañador trotaban por la playa a cámara lenta, sus pechos sometidos a un hipnótico efecto rebote. También, obviamente, se burla de la estúpida premisa sobre la que la mayoría de los episodios de la serie se apoyaba: un puñado de socorristas que se pasan el día atrapando ladrones, desmantelando redes de narcotraficantes y, en general, haciendo el trabajo de la Policía. 

Sin embargo, también esa es su propia premisa, y al desarrollarla no es lo suficientemente ingeniosa para sacarle punta cómica a su ridiculez.

Al margen de eso, lo que Baywatch ofrece esencialmente es un puñado de gags de saldo de erecciones y vómitos copiosos, y una escena en una morgue en la que Zac Efron toquetea el escroto de un hombre muerto y se pone perdido con los fluidos corporales del cadáver. 

Y, en una secuencia más larga que una canción de Pink Floyd, a otro personaje se le quedan los genitales pillados entre las tablillas de una tumbona. Para partirse de la risa. De todos modos, por hilarante que tanta alusión a los órganos sexuales masculinos resulte, la jovial homofobia que evidencia hace que la película no sea sustancialmente menos sexista de lo que lo era su modelo.

Dwayne Johnson y Zac Efron son dos intérpretes francamente interesantes, que han esquivado las expectativas del público acerca de sus limitaciones y se han ido afianzando como sólidos actores de comedia. 

Pero en Baywatch ni el uno ni el otro tienen nada a lo que agarrarse: Johnson se pasa la película llamando a Efron cosas feas, y asimismo Gordon se muestra incapaz de hacer que el personaje de Efron resulte gracioso -y eso sin contar cómo, ocasionalmente, intenta emocionarnos con su angustia interior-. 

Al final, el filme es poco más que una sucesión de excusas para que se paseen de un lado a otro de la pantalla marcando músculo. Una película como ésta no está en condiciones de burlarse ni siquiera de David Hasselhoff.