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Ad Libitum

Se nos muere el amor...

Se nos muere el amor...

Guery Zabala Gumucio

E l amor  no se acaba de un día para otro, con una infidelidad o una agresión. Son muchas las gotas que colman la copa. El amor suele recibir muchas  heridas antes de colapsar definitivamente.
 
Además de la  infidelidad, las mentiras o  los problemas económicos, existen otros comportamientos de los que se habla menos pero que son igual de destructivos para la vida en pareja.

Aunque pueda parecer sorprendente, existen conductas y acciones que influyen igual o de forma más negativa en la salud de los matrimonios que las causas más habituales de los divorcios. 

Pasar tiempo en pareja es importante, pero no es bueno dejar a las  amistades   a un lado. Es poco realista depender de tu pareja para satisfacer todas tus necesidades sociales. Que cada uno tenga su espacio para quedar con sus amigos puede beneficiar a tu matrimonio. Con tus amigos puedes obtener otras experiencias, perspectivas y un apoyo que realmente puede mejorar tu relación.

 He aquí algunos consejos prácticos:

Subestimar el contacto. Si es de los que raramente estableces contacto físico con tu pareja o incluso llegas al punto de tener sexo solo en ocasiones especiales (cumpleaños, aniversarios y vacaciones), tal vez sea el momento de cambiar, ya que te diriges hacia un camino sin dirección alguna.

No es necesario tener sexo todos los días, pero algún tipo de contacto sexual o erótico a diario es importante.

Tener amistades negativas. Rodearse del tipo equivocado de gente puede afectar negativamente a tu relación.  

¿Tus amigos se quejan en privado de sus parejas? ¿Coquetean con otras personas a sus espaldas? Las malas relaciones son tóxicas y pueden cambiar tus propios hábitos.

No repartirse las tareas del hogar. Cuando solo uno de los miembros de la pareja  se ocupa de los quehaceres del hogar, se crea resentimiento y se obstaculiza la conexión con la pareja. Las parejas que no dividen las tareas del hogar tienen menos satisfacción en su relación y menos sexo.

Comunicación. Reflexionar y comunicarse más allá de los habituales ¿cómo fue tu día? o ¿qué planes tenemos para el fin de semana? es esencial para que el amor dure, abordar el estado de la relación en las conversaciones, ya que tendrá consecuencias positivas aunque pueda parecer incómodo al principio.

Meros compañeros de habitación. El síndrome de los compañeros de habitación es un silencioso verdugo de las relaciones. Una vez que se ha alcanzado esa condición se puede sentir como si estuvieras viviendo una vida paralela a la de tu pareja, a la que solo les une el espacio que comparten, las cuentas bancarias y los hijos.

Una vez que han caído en esta especie de abismo, deberías sacudir tu rutina para traer de vuelta el fuego y la pasión. La pareja debe esforzarse  por pasar tiempo juntos, trabajando en equipo en un proyecto que les apasione. Por ejemplo, remodelando la casa, empezando a hacer deportes juntos o aprendiendo a cocinar platos vegetarianos, por poner solo algunos ejemplos.

Traumas del pasado. Hay quienes arrastran heridas emocionales desde su niñez o de relaciones pasadas y las llevan al matrimonio. Si tú o tu pareja tienen heridas del pasado que aún no han sanado, es vital buscar ayuda profesional. Es imposible tener una relación saludable y armoniosa si uno  no está sano emocionalmente.

Expectativas equivocadas. No quieras experimentar la misma pasión y deseo que tuviste al principio. Es normal no sentir el mismo deseo  después de los primeros años. Esto no significa que el amor se acabó. Amar es una decisión que tomas cada mañana cuando te levantas.

Sueños separados. Los matrimonios deben tener propósitos en común. Si tu meta es ahorrar para emprender un negocio, mientras que tu pareja quiere comprar un bote, ten por seguro que habrá problemas. Cuando ambos tienen sueños  distintos, cada cual se enfoca en lo suyo,  poco a poco se van alejando. Es preciso que encuentren intereses similares y los compartan.

Deterioro en la comunicación. La clave para minimizar las peleas es tener una excelente comunicación, y parte de la comunicación es dejarle saber a tu pareja las cosas que te incomodan.
 
Muchas frustraciones en el matrimonio son debido a que las personas se callan lo que no les gusta y un día estallan. Cuando hay comunicación, los problemas no se salen de control. Es bueno expresar desde el principio los temores, expectativas y frustraciones (de una manera amable).

A aquellos que van a contraer nupcias pronto les advierto: No puedes casarte pensando en que a la primera que te vaya mal te divorcias. El matrimonio es un vínculo que debería estar lleno de compromiso, afecto, pasión, convivencia, respeto y sentido del humor. 

El día que juran amor eterno los dos se comprometen a hacer todo lo posible porque ese amor perdure. Ambos tienen que dar el máximo para que el amor no se acabe y la relación se sostenga en el tiempo.

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