Ad Libitum

El luto sexual

domingo, 13 de agosto de 2017 · 12:00:00 a.m.

Guery Zabala Gumucio

Cuando muere la pareja de un amigo,  o la nuestra, es muy común recibir   incontables ofertas de apoyo; pero nadie, ni siquiera los más  cercanos, se atreven a discutir una  necesidad presente en muchas mujeres y hombres mayores que han perdido al ser amado: la sexualidad.

La neuropsicóloga Radosh  lo llama el "luto sexual”, que define como el duelo asociado a la pérdida de intimidad sexual con una pareja de vida. Es un duelo sin derechos, un duelo que no se reconoce abiertamente, que la sociedad reprueba y que no se comparte públicamente. 

Muchas personas adultas mayores aún tienen deseo sexual y anhelan la intimidad que se ve interrumpida cuando la pareja se enferma gravemente o muere.  Estas personas consideran que sus relaciones sexuales son una parte extremadamente importante de su vida. Sin embargo, cuando el cónyuge muere, todo se acaba.

Es claro que somos seres sexuales durante toda la vida. Influye, aunque no determina, la edad de una persona. El dolor por el que se atraviesa frente a la muerte del cónyuge puede pausar (si es que se seguía vivenciando la sexualidad) el deseo sexual definitivamente. Lo importante es entender que la sexualidad es algo que construimos en pareja, pero que nace en nuestra condición individual.

Y es desde allí desde donde surge y se potencia el eje de la sexualidad: somos nosotros mismos y luego decidimos si compartimos esa sexualidad con alguien más o no.

Algunos profesionales comparten el prejuicio sobre el sexo entre la gente mayor y piensan que es "desagradable” o "simplemente gracioso”, por lo tanto, evitan discutir asuntos sexuales con estos  pacientes. Incluso entre viudas, no es común hablar del asunto, nadie menciona el sexo.

 Pero en la vejez la sexualidad tiene un papel muy importante, ya no  en el plano reproductivo, sino en el  placentero. La sexualidad en cualquier persona, independientemente de la edad, es un aspecto sustancial de su vida. Sólo se va transformando con el paso del tiempo.

 La sexualidad no se pierde con la edad y  se mantienen o incrementan las necesidades de afecto, el enamoramiento, el aprecio, ternura, empatía y el gusto por el contacto físico.

Las viudas no discuten con amigas o con profesionales de la salud mental sobre la pérdida de intimidad sexual porque sienten que están siendo infieles. Pero no estás traicionando o poniendo en entredicho el amor hacia tu pareja ausente. Puedes honrar tu pasado, atesorarlo, pero no tienes que vivir en él. No tienes que escoger entre una situación y otra. Puedes incorporar tu vida anterior a tu nueva vida. Tenemos una capacidad infinita para amar.

Muchas veces la viudez coincide con la vejez, lo cual no facilita retomar la vida sexual, por creencias erróneas de que una persona mayor no  debería ser sexual, pero sabemos que  la sexualidad se puede vivir de manera diferente.

Aunque sí sucede que  el duelo, y elementos como el aislamiento, restricciones físicas, el cuidado  de los nietos, la dependencia de los hijos, o  vivir en una institución para personas mayores, entorpece claramente la posibilidad. 

Cuando alguien pierde  a su pareja y cae en un período de inactividad sexual casi absoluto, puede suceder que, si en etapas posteriores desea iniciar relaciones con otra pareja, se presenten mayores dificultades para lograrlo, sobre todo en el hombre, por disfunciones de la erección.

Algunos sexólogos recomiendan la práctica masturbatoria durante este período de soledad. Esta recomendación, aunque parezca chocante para algunos, puede contribuir a mantener tanto en el hombre como en la mujer, los mecanismos fisiológicos sexuales en actividad relativa y no en inacción absoluta. 

 Lo importante después de la pérdida de un cónyuge es ser honestos  con nosotros mismos  y tomarnos el tiempo necesario para volver a plantearnos una nueva relación, aunque es válido también no querer dar ese paso. Cada quien sabrá para qué está preparado y qué es lo que desea. 

Recordemos que a lo largo de la vida no dejamos de ser personas   sexuales pero, más importante aún, no dejamos de necesitar afecto y cercanía, ya que el vínculo es lo más humano de nuestra sexualidad. 

En la exploración y el disfrute de las dimensiones de la sexualidad podría residir, en buena medida, el mantenimiento de una actividad sexual satisfactoria durante toda la vida.