La Paz, Bolivia

Martes 22 de Agosto | 06:58 hs

Recuerde explorar nuestro archivo de noticias
En gran parte de la ruta los grupos de pequeños incluso bailan

Centenares de niños esperan la Navidad en la vía El Alto-Oruro

Esperan hasta ocho horas continuas en espera de monedas y algo de comer. Señalan que los choferes de vehículos particulares les entregan obsequios.

Centenares de niños esperan la  Navidad en la vía El Alto-Oruro

El frío ni la lluvia impiden soñar con alguna moneda, ayer cerca de Calamarca.

Sergio Mendoza / Calamarca, La Paz
A los costados de la carretera que une las ciudades de El Alto y Oruro, en las distintas poblaciones rurales, se encuentran grupos de niños que bailan por las fiestas navideñas, moviendo sus gorros y sombreros de atrás  adelante, para que los vehículos que pasan por la vía se fijen en ellos y les arrojen unas monedas o algo de comer.
Poco antes de Calamarca, un poblado a hora y media de la ciudad de El Alto con sus casas de adobe y ladrillo, se divisa a unas niñas que agitan sus coloridas polleras y dan un paso adelante y otro atrás, así repetidas veces. Un niño zapatea con sus abarcas y la mirada gacha. Esperan que desde el horizonte aparezca un carro, público o particular, mientras detrás de ellos pastan las ovejas.
Más adelante hay otras poblaciones. Cristina Mamani Paco vive en Ajoya y está sentada al lado de un letrero de concreto que anuncia un programa de seguridad alimentaria y servicios básicos, resguardándose del viento e intenso frío altiplánico. Está al cuidado de unos siete niños y niñas que al lado del camino  hasta hace poco dejaron de bailar.
Zulma Huaynoca tiene 13 años y cuenta que los vehículos que se detienen alguna vez para entregarles algún obsequio son los particulares, "los buses no tanto”, aunque igual les arrojan de vez en cuando una dádiva: pipocas, dulces y máximo un boliviano que cuando cae sobre la tierra y entre la paja brava "no es difícil de encontrar. Todos corremos pero igual nos repartimos como a 10 centavos”.
José Luis Cumara, con sus 10 años, es el mayor de cinco hermanos y el único de ellos que salió a pedir desde su casa en Taypipampa, ubicada al frente de Ajoya, cruzando la doble vía recién asfaltada. Dice que empezaron a las 8:00 y que se quedarán hasta las 17:00. Baila sin música, aunque tal vez lleve la melodía en su mente. No responde cuánto recaudan por día, pero Cumara asegura que para hoy sus padres le darán "una pelota o un camión” como regalo por la Navidad.
Los camiones, buses, camionetas, vagonetas y minibuses pasan a toda velocidad sobre el pavimento. A pocos pasos de este grupo de niños hay un ramo de flores blancas sujetas con rocas filosas. El año pasado, por estas mismas fechas, un niño pasó por allí después de pedir solidaridad y un camión lo atropelló, recordó ayer uno de los pequeños en la carretera.
Socambe es otro poblado ubicado entre las montañas, no muy lejos de Taypipampa. Una familia de cinco hijos cenó chuño y papa por Nochebuena. La madre con dos de sus pequeños estaba ayer sentada en una elevación rocosa, todavía húmeda por la reciente lluvia que no disipó las nubes grises del cielo. El viento sopla fuerte y a un extraño se le pueden entumecer los dedos y paralizar algunas gesticulaciones de la cara, pero a ellos no, dicen que la piel se acostumbra con el tiempo.
Otra madre, vestida con su gorro de lana, chompa gruesa, aguayo a la espalda y pollera oscura, salió desde Ticoma con sus dos wawas y su sobrino. Dice que en el tiempo que estuvieron pidiendo al borde de la carretera -no más de dos horas- no recibieron nada y que después de almuerzo ya no volverán.
Ayer por la noche pudieron haber ido a la misa (al templo de Calamarca) a las 21:00, aunque es poco probable porque allí "no te regalan nada, ni siquiera chocolate con pan”, se queja la mujer mientras arranca la paja brava de la tierra y juega con ella. Pero para la cena les esperaba un lechón asado que ellos mismos criaron.
¿ TE GUSTA ESTA NOTICIA ?
Comentarios

También te puede interesar: