La pieza es conocida como Iqiqu Tunu

El Museo de Berna devuelve la illa del Ekeko a Bolivia

La escultura, sustraída hace 156 años por Johann von Tschudi, retornará al país en los próximos días. El autor afirma que la compró de los indígenas.
El Museo de Berna  devuelve  la illa del Ekeko  a Bolivia
La escultura en piedra del Iqiqu será traída de Suiza.
viernes, 31 de octubre de 2014 · 12:53:00 a.m.
Anahí Cazas y Timo Kollbrunner /  La Paz
 El Museo de Histórico de Berna (Suiza), uno de los más importantes en Europa,  anunció ayer la devolución    de la escultura en piedra del  Iqiqu (Ekeko),  sustraída hace 156 años de Tiwanaku,  Bolivia.
La pieza será entrega al Museo Nacional de Arqueología.
 "(La devolución del Iqiqu) representa el éxito de una gestión del Ministerio de Culturas, la Embajada en Alemania en Bolivia. Trabajamos muchos meses para conseguir que nos regresen la pieza. Constituye además  un hito del rescate de  nuestro patrimonio”, aseguró Groux.
 Según el Ministro se tiene previsto que la pieza retorne  al país en los próximos días.
 Por su parte, la embajadora de Bolivia ante Suiza y Alemania Elizabeth Salguero destacó la decisión del Museo de Berna.   
La illa del Ekeko, conocido como Iqiqu Tunu,  fue robada de Tiwanaku por el suizo Johann Jakob Von Tschudi en 1858, según el libro Tunupa y Ekako, de Carlos Ponce Sanjinés. Luego, en 1929, su nieto la vendió al Museo Nacional de Berna, uno de los más importantes de Europa.
Figura de piedra
Para los suizos, es simplemente una figura en piedra de 15,5 centímetros y de unos 2000 años. Para los bolivianos es mucho más. Es la Illa del Ekeko, la deidad más importante de los Andes, la energía de la abundancia y prosperidad.
Hasta el 18 de octubre de 1858 la figura estaba en Tiwanaku, hasta que llegó Johann Jakob von Tschudi. El científico y lingüista suizo describió posteriormente en su libro Viajando a través de América del Sur lo que pasó en Tiwanaku en aquel tiempo.
Según su historia, él vio la Illa, "una estatuilla muy interesante y bien elaborada”, y "les pregunté a los dueños si me venderían esa deidad, pero lo rechazaron con indignación”, escribe von Tschudi. "Sin embargo, una botella de coñac los volvió más flexibles”. Primero, las negociaciones fracasaron por el precio, sólo cuando los indígenas estaban completamente borrachos se produjo la transacción, escribe.