Tráfico de animales en Bolivia: historias de crueldad y dinero

Las víctimas más frecuentes de este mercado negro son los jaguares, loros, tortugas y monos. En los departamentos de Beni, Santa Cruz y el norte de La Paz los traficantes ponen en riesgo a estas especies.
miércoles, 11 de abril de 2018 · 01:04

  Sarah Martínez /  Brújula Digital-ANF


De los más de 190 países que tiene la Tierra, sólo 17 son considerados “megadiversos”; es decir, son dueños de  una gran proporción de la biodiversidad biológica (animales y plantas) que habita el planeta. Bolivia es uno de los privilegiados, con unas 3.000 especies de vertebrados (mamíferos, aves, reptiles, anfibios y peces); 20.000 especies de plantas y miles de invertebrados, entre los que están incluidas una de las mayores variedades de mariposas del mundo.


Esta riqueza, sin embargo, convierte al país en uno de los centros del tráfico de animales, donde las víctimas son animales sometidos a las más diversas formas de crueldad en su captura y cautiverio.

Diferentes tipos de monos, tortugas, lagartos, iguanas, armadillos, perezosos y víboras, loros, sobre todo, parabas y otras especies figuran en la lista de las víctimas de este delito que no tiene fronteras.

Un gallo de pelea  puede ser vendido en $us  7.000.

A este drama debe sumarse que en los últimos años se desató en Bolivia una comercialización indiscriminada de colmillos de jaguar por parte de ciudadanos chinos, lo que expone a las especies felinos a una amenaza de muerte constante.


Y no se salvan ni los invertebrados: mariposas o escarabajos de varios tipos que, según el estudio Tráfico ilegal de vida silvestre, editado por el Ministerio de Medio Ambiente y Agua, muchos de esos ejemplares llegan a países vecinos y algunos cruzan el mundo para llegar a parar a países como Estados Unidos, y también a Europa o Asia.


Según los decomisos efectuados por la Dirección General de Biodiversidad y Áreas Protegidas (DGBAP),  en Bolivia al menos 120 especies son blanco del tráficos. Mientras los animales vivos salen en buses o camiones a países del exterior; las partes de los muertos, como colmillos o plumas, son traficados en forros falsos de maletas,  en sobres, a través del correo, y hasta en bolsillos falsos de los abrigos de los traficantes.


 El teniente coronel Wálter Andrade, director Departamental de la  Policía Forestal y Medioambiente de La Paz (Profoma), señala que el tráfico de animales es un delito con tentáculos que se extiende a todo el planeta, por eso muchas especies de animales de Bolivia terminan en otros países.


“Sabemos que es una red mundial, es por eso que pedimos ayuda a la población, no sólo a nivel colectivo sino de manera individual, porque necesitamos que ellos denuncien estos hechos”, expresó Teresa Pérez, directora general de Biodiversidad y Áreas Protegidas, en ATB.


La exhortación de la funcionaria pública obedeció al hecho de que en un operativo realizado el 3 y 4 de marzo, en el municipio de Rurrenabaque, Beni, una de las poblaciones donde se registraron denuncias de tráfico de colmillos de jaguares, la población se organizó para rechazar las acciones de la Dirección de  Biodiversidad y Áreas Protegidas,  porque considera que se le está quitando una fuente de ingreso. En la región se vende artesanías con partes de animales.

Las tortugas  son compradas de pequeñas.


Destino Bolivia


De acuerdo al director de Profoma, el tráfico de animales no sólo tiene mercado en el extranjero, sino también en Bolivia, sobre todo con especies como las tortugas de agua, más conocidas como petas.


“Las personas compran a las petas para tenerlas como mascotas. Les gusta tenerlas cuando están chiquititas y bonitas, pero cuando comienzan a crecer ya no les sirven porque empiezan a oler y hay que cambiarles el agua  cada día,  y  se deshacen de ellas”, comenta.


Las personas no toman en cuenta que las tortugas no pueden ser domesticadas y que no son inofensivas, pese a su pequeño tamaño -unos 15 o 20 centímetros-. Estos animales muerden y pueden provocar serias heridas.


Sin embargo, recientemente, fueron recuperadas 39 tortugas que iban a ser vendidas en la ciudad de La Paz. Las autoridades señalan que esa cifra de quelonios que llegó al mercado representa que al menos 1.950 murieron de su especie. Se estima que por  tortuga que llega al mercado negro mueren unas 50.


Loros y parabas


De acuerdo a las autoridades, las aves, como loros y parabas son otros de los  animales más amenazados por la red de traficantes. Los colores vistosos de sus plumas, utilizadas en muchos casos para la confección de trajes folklóricos,  han puesto a la especie al borde de la extinción.


“Las aves, especialmente las parabas, son llevadas a Argentina, Chile y Perú. En Argentina y Chile una paraba está sobre los 3.000 dólares”, señala el   Director de Profoma.


La autoridad añade que otras aves afectadas son los gallos de pelea, que pueden ser vendidos hasta en 7.000 dólares. Precisa que el negocio con esos animales está presente en Tarija, La Paz y Beni.


“Hemos empezado a decomisar los gallos de pelea que cuestan 7.000 dólares”, afirma.

 Los jaguares son codiciados por traficantes que extraen los colmillos para usarlos como amuleto.


Jaguares y monos


La directora General de Foro Boliviano sobre Medio Ambiente (Fobomade), Patricia Molina, expresa su alarma por el crecimiento del tráfico de colmillos de jaguar que -asegura-  está vinculada a la presencia de ciudadanos chinos en el país.


“Estamos vinculando la presencia de empresas chinas en Bolivia con esto del tráfico de jaguares, de sus colmillos y hasta de sus cabezas. Esto es muy grave y lo que se ha denunciado puede ser nada en relación a la magnitud de lo que puede representar”, expresa Molina.


 En las últimas semanas se decomisaron 185 colmillos. Lo que implica que para acopiar esa cantidad de piezas se tuvo que sacrificar al menos a 46 jaguares bolivianos (cada animal tiene cuatro colmillos).  Las piezas fueron encontradas por la  Policía, que intervino un negocio de pollos en la ciudad de  Santa Cruz, donde se incautó de los colmillos. Además encontró cornamentas de venados y pieles. 


 En la operación fueron detenidos los ciudadanos de origen chino Li Ming  y su pareja Yin Lan, actualmente con nacionalidad boliviana.   En Bolivia cada colmillo de jaguar puede llegar a costar entre 100 y 200 dólares, pero ese precio puede multiplicarse hasta 10  cuando la pieza llega a China, donde son usados como amuletos.

Y otra víctima de los traficantes en Bolivia es el mono. En operativos sorpresa a domicilios particulares, frecuentemente se encuentra a estos animales como mascotas debido a su gracia. Las autoridades señalan que muchas personas creen que pueden domesticarlos para que olviden su agresividad, pero al no lograrlos los abandonan.


La directora de Fobomade considera que los esfuerzos en la lucha contra el tráfico de animales deben concentrarse en concientizar a la población.

Las plumas de las aves son atractivas para trajes folklóricos.


Lugares de caza y venta


El Ministerio de Medio Ambiente y Agua señala que las regiones de Rurrenabaque, Santa Rosa de Yacuma y Reyes en Beni son las más vulneradas por el tráfico de animales. A éstas se suman algunos municipios de Santa Cruz, Ixiamas en el norte de La Paz y el Chapare de Cochabamba.


Esta cartera de Estado señala que los traficantes  instalan sus mercados en ferias locales, entradas folklóricas, mercados, áreas protegidas y hasta terminales de buses y aeropuertos.


“La Feria 16 de Julio de El Alto era un lugar de venta abierta de  colmillos, pieles, plumas y animales; ahora se encubre”, dice el director de Profoma.  


Acciones futuras


Instituciones que trabajan en contra de las redes de tráfico de vida silvestre están redoblando sus esfuerzos para poder controlar este delito en  Bolivia, sobre todo en  áreas protegidas. Según la Dirección de Biodiversidad y Áreas Protegidas, desde 2013 se comenzó tareas de sensibilización entre la población sobre la ilegalidad del tráfico de animales. Se prevé la aplicación de sanciones duras contra quienes incurran en este delito.

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