Un auto-cohete “bala” aspira a cruzar la barrera del sonido

Diseñado exclusivamente para ser veloz, tiene la forma de un largo tubo blanco coronado por un reactor y de un estabilizador vertical de avión de combate.
miércoles, 11 de diciembre de 2019 · 12:00:00 a.m.

AFP  / Kalahari, Sudáfrica

 Instintivamente, el silbido que rompe el silencio del desierto lleva a alzar los ojos al cielo. Un avión caza vuela a ras de suelo, a todo gas, levantando una espesa nube de polvo. En apenas un abrir y cerrar de ojos, una ruidosa flecha cruza de un lado a otro el lago de Hakskeenpan, sin agua, en el extremo norte del desierto del Kalahari sudafricano.  

Pero hay que aceptar los hechos, lo que acaba de pasar por delante de nuestras narices, a la velocidad de una bala, es un automóvil. Diseñado y construido por un equipo británico, este bólido, llamado Bloodhound -el “sabueso”-, es de lo más puntero. El auto aspira a cruzar la barrera del sonido, batir el récord del mundo de velocidad terrestre (1.223,657 km/h) y, si fuera posible, rozar las 1.000 millas/h (1.600 km/h). 

Una estela de polvo sigue flotando por el camino que ha trazado pero, a varios kilómetros de allí, el prototipo ya está parado, con el motor apagado. Tras de sí, sobre la tierra ocre agrietada por el calor, yace el paracaídas que frenó su carrera.  

Con el casco en la mano, el piloto sale del fuselaje, feliz por su rendimiento.  “Alcanzamos los 904 km/h”, explica Andy Green. “A primera hora de la mañana, el impulso era bueno, la brisa permitió que el coche siguiera en línea, el paracaídas se desplegó bien. Vamos, el ensayo ideal”.

  Rápidamente, llevan el vehículo hasta una amplia tienda climatizada levantada a orillas del antiguo lago.  Diseñado exclusivamente para ser veloz, tiene la forma de un largo tubo blanco coronado por un reactor y de un estabilizador vertical de avión caza, sobre cuatro ruedas de aluminio.  

Reactor con ruedas

De algún modo, se trataría de un avión sin alas que representa el gran paso adelante desde que se batiera el primer récord de velocidad por carretera, homologado el 18 de diciembre de 1898. Ese día, el francés Gaston de Chasseloup-Laubat puso el motor eléctrico del cacharro que conducía a 63,15 km/h. 

“Pueden llamarlo reactor con ruedas pero es mucho más complejo que eso”, declaró el ingeniero encargado de los ensayos, Stuart Edmondson, un tanto molesto. “Lo que están viendo ahí es una mezcla de Fórmula 1, de avión caza y de vehículo espacial”, describió uno de sus diseñadores, Mark Chapman. 

“Sigue siendo un auto, con un volante, un pedal acelerador y un pedal de freno”, insistió, pero un auto capaz de circular a 1.600 km/h.  Su motor lo coloca definitivamente fuera de la categoría de los coches que rugen en la actualidad en los circuitos. 

 El Bloodhound está propulsado por el reactor fabricado por Rolls Royce que lleva el Eurofighter Typhoon, el caza de la Royal Air Force (RAF). El Ministerio de Defensa británico cedió tres ejemplares en desuso de estos. 

“Sin las instrucciones”, bromea uno de los miembros de la tripulación.  Como sus 9 toneladas de impulso no le bastarán para cruzar la barrera del sonido, Mark Chapman y su equipo le añadirán, más tarde, un motor de cohete. “Iremos 400 km/h más rápido que un Eurofighter a la misma altitud”, declaró, entusiasmado. 

“El desafío, es la aerodinámica del vehículo. hay que hacer que permanezca en el suelo. No querríamos que se transformara en un avión”.  Nada que pueda asustar a Andy Green, en cualquier caso, un hombre de unos 50 años.

 

Igual que en  un caza

  • Sensación La sensación, el entorno y el vehículo son distintos, afirmó el coronel Green. “Pero las competencias que se requieren para vigilar la velocidad, controlar y tomar decisiones preguntándose si es prudente continuar son las mismas que en un caza”.
  •  Reto La principal dificultad de la tarea radica en mantener el vehículo alineado, tanto en la aceleración como en el frenado.  “¡A partir de 350 km empieza a patinar en el suelo!”, explicó Andy Green. “Es algo así como conducir un coche normal sobre la nieve compacta”. A una gran velocidad, un error o un incidente técnico pueden resultar fatales.  

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