Luces y emoción en regreso del teatro presencial en Argentina

Desde 2016 hubo una reducción del 52% en puestos de trabajo. En la reapertura de los teatros con capacidad limitada está la esperanza de la normalidad.
viernes, 4 de diciembre de 2020 · 00:00:00

EFE / Buenos Aires

El murmullo del patio de butacas se detiene cuando las luces se apagan. Todo queda sumido en la oscuridad, salvo por un pequeño foco que alumbra el centro del escenario en el teatro. 

De los altavoces comienza a surgir una voz masculina que recuerda la excepcionalidad de ese momento, tan cotidiano hace no tanto tiempo: “Le recordamos que deben permanecer con los tapabocas colocados”, dice.

La única exenta de cumplir con ese requisito es Luciana Dulitzy, protagonista en solitario de La suerte de la fea. Hay algo profundamente emocional en su interpretación de ese día. No es una función más para ella y el público es consciente de esa circunstancia, con una sensación sobre el Ahora que los teatros han vuelto a abrir, la sensación de fondo es agridulce: los estrictos protocolos sanitarios, pensados para proteger a público y trabajadores, garantizan tanto el distanciamiento social como una ventilación adecuada, pero no todas las salas tienen las condiciones para cumplirlos y muy pocas han podido abrir sus puertas, escenario que resulta “completamente distinto” del habitual. “Me siento en la épica de la reapertura del teatro presencial. Me siento una privilegiada, muy agradecida y conmovida de volver al intercambio con el público y a que el alma me vuelva al cuerpo en escena”, confiesa la actriz a EFE pocos minutos antes de su actuación.

Casos como el de La suerte de la fea  todavía son más la excepción que la norma en Argentina, un país que en marzo prohibió todos los eventos teatrales por la pandemia de coronavirus y en donde esta actividad, habilitada recientemente tras meses de idas y venidas de protocolos, todavía está muy lejos de recobrar su ritmo de siempre.

Luciana Dulitzi, actriz de la obra  La suerte de la fea  en el Teatro Picadero. 
Foto:EFE

Que el teatro estuviese paralizado durante ocho meses supuso un verdadero drama: Argentina cuenta con la mayor tradición teatral de América Latina, especialmente por su capital, Buenos Aires, una de las ciudades con mayor número de salas por millón de habitantes del mundo, alrededor de 116, según el Sistema de Información Cultural de la Argentina. Pero al igual que el resto de sectores de la cultura, la actividad teatral cayó en picado durante los últimos cuatro años, como consecuencia de una crisis económica que hundió el poder adquisitivo de la clase media.

“La verdad (es) que veníamos de un lugar de mucha caída de público. Las recaudaciones empezaron a caer en el 2016 y continuaron cayendo en 2017, 2018 y 2019 (...). El ‘tarifazo’ -aumento de precios de los servicios públicos del gobierno de Mauricio Macri (2015-2019)- tuvo un efecto devastador”, señala a EFE Roberto Bisogno, presidente de la Asociación Argentina de Empresarios Teatrales (Aadet).

 Control de temperatura a los asistentes en el   ingreso al teatro. 
Foto:EFE

En esos años, los actores y actrices no lo pasaron mucho mejor, más bien al contrario: según Alejandra Rincón, secretaria adjunta de la Asociación Argentina de Actores (AAA), desde 2016 hubo “una reducción en términos de puestos de trabajo de un 52%” en el gremio. Con ese historial de constantes desplomes, lo peor que podría sucederle al teatro en vivo y a sus profesionales era un cierre indefinido de las salas durante meses.

Ubicado muy cerca de la avenida Corrientes, el Picadero es uno de los pocos recintos que abrió sus puertas, un tiempo en que la inmensa mayoría de los teatros grandes trabajarán con pérdidas económicas: ya no se trata de sacar algo positivo de este  año calamitoso, sino de dar los primeros pasos para un  año 2021 “más normalizado”.

Espectadores observan una obra en el Teatro  Picadero. 
Foto:EFE 

Tras la obra, las luces del Teatro Picadero vuelven a apagarse tras los últimos acordes de Fede Berthet, pero ya no hay más silencio: la sala entera rompe en vítores y aplausos. Toda la atención vuelve a centrarse en Luciana Dulitzy, cuyo rostro, desencajado por las lágrimas de emoción, resume a la perfección lo vivido por miles de artistas argentinos en los últimos meses.

“Todo esto que nos pasó nos volvió un poco como una manada. Están ayudándonos a sanarnos de esto; esto no terminó, pero aunque no haya terminado uno puede ir sanando de a poco. Gracias por perder el temor, ojalá puedan extender el deseo a otros”, concluye su alegato, y el público responde a su deseo con más y más aplausos.

 


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