Testear la droga: una campaña protege a usuarios en Colombia

“Échele Cabeza” comenzó en 2014. El nombre proviene de la expresión “darse en la cabeza” (ingerir drogas) y pretende promover un consumo responsable.
miércoles, 8 de diciembre de 2021 · 00:00:00

AFP  /  Bogotá

Cae la noche en Bogotá y los jóvenes, algunos vestidos de negro y con maquillaje metálico, avanzan en fila bajo una carpa de música y luces. Antes de sumarse a la fiesta, someten su cocaína, éxtasis o ácidos a un examen rápido para descartar peligrosas adulteraciones.

Un grupo de voluntarios se encarga del testeo, gracias a una autorización oficial que les permite analizar las sustancias que los consumidores portan en las dosis mínimas autorizadas por la ley.

Voluntario  realiza una prueba a una muestra de cocaína.
Foto: AFP

“Hoy vine a testear una sustancia de ácido LSD para (...) saber qué está ingresando a nuestro cuerpo y poder disfrutar responsablemente”, dice  Brian Ramírez, un universitario de 24 años que acude por primera vez al servicio.

“Échele Cabeza” es una iniciativa que comenzó en 2014 y tiene como imagen un cerebro de colores. El nombre proviene de la expresión  “darse en la cabeza” (ingerir drogas) y pretende promover un consumo responsable.

El país que más produce y exporta cocaína en el mundo despenalizó en los años noventa el porte y consumo de la dosis mínima. Antes, si alguien era sorprendido con pequeñas cantidades de estupefacientes podía ir a prisión y recibir tratamiento contra la adicción.

El gobierno del presidente Iván Duque quiso atacar el aumento del microtráfico devolviéndole facultades a la policía para decomisar la dosis mínima. Pero la justicia ratificó el derecho de los consumidores.

“Hemos regulado desde abajo la manera de consumir drogas, desde una lógica del placer, no desde el delito ni de la persecución”, asegura el sociólogo Julián Quintero, fundador de la iniciativa.

La decisión

Aunque abundan las denuncias de abusos policiales, la iniciativa ganó espacio en fiestas, conciertos y festivales, cuyos organizadores financian los test. El programa también cuenta con una sede en Bogotá donde cada prueba cuesta casi cuatro dólares y recibe recursos de una ONG que hace consultorías sobre el tema.

Actualmente realiza hasta 250 test al mes en Bogotá y otras ciudades, según sus responsables.

En la fiesta, una bandera fucsia y verde sobre fondo negro advierte de la presencia de los voluntarios de “Échele Cabeza”, algunos de ellos confesos consumidores.

Liman pastillas de éxtasis o recortan papeles con ácido y luego sumergen las muestras en líquidos reactivos que se tornan violeta oscuro al detectar MDMA o la dietilamida de ácido lisérgico, un alucinógeno popular e ilegal conocido como LSD.

También analizan cocaína, a la que agregan reactivos y centrifugan para determinar su pureza.

Ante un resultado positivo, asesoran al consumidor sobre la dosis recomendable y posibles efectos secundarios. Uno negativo, en cambio, alerta sobre una posible adulteración y entonces el consejo es unánime: “Bota esa droga”.

Sin embargo, el testeo no protege del todo a los consumidores. “Las pruebas colorimétricas tienen un sesgo: una sustancia puede ser opacada por otra”, advierte Diana Pava, toxicóloga de la Universidad Nacional de Colombia.

Las drogas del mercado negro también “pueden tener otras sustancias químicas como medicamentos, productos de aseo y limpieza o incluso plaguicidas que no está detectando esa prueba”.

“Tenemos que hacer metodologías más robustas”, explica la toxicóloga. “Siempre las personas piensan: si me da taquicardia, si me da un infarto, si me da una lesión cerebral ¿Pero qué pasa con mi salud mental? A esa hay que ponerle mucha atención”, advierte.

A veces, el testeo detecta que pastillas comercializadas como éxtasis o MDMA en realidad contienen otros estimulantes que pueden resultar fatales.

Mateo Pineda, de 28 años, relata que cuando consumió sustancias adulteradas se sintió perdido, sin “saber quién” era. El joven llevó al servicio una muestra de supuesta MDMA que lo mantuvo despierto durante 72 horas.

“Nos confirmaron las sospechas: eran metanfetaminas, no era MDMA”.


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