Una conversación en La Paz con Pablo Bustinduy, asesor del eurodiputado Pablo Iglesias

España se apresta a dejar atrás cuatro décadas de bipartidismo

Todos hablan de Podemos. Las últimas encuestas ponen a la nueva agrupación política a pocos puntos del tradicional Partido Socialista Obrero Español. La crisis europea no deja de producir nuevos partidos.
jueves, 2 de octubre de 2014 · 21:45
Rafael Archondo / Mapamundi

Enciendo la televisión y veo a una periodista española criticando al ausente. El ausente está en Ecuador y acaba de pasar por Bolivia. "Que Pablo Iglesias se haya ido a ver a Correa y no esté en el puesto del deber, es algo que también hay que hacer notar”, deja ella planteado. Antes le había calificado como "todo un fenómeno”. España parece estar nomás al borde de ver quebrado su bipartidismo pétreo, tras casi 40 años de concentración del voto en un dúo de siglas: PP y PSOE.
No pude escuchar a Iglesias, invitado a conferenciar en La Paz por la Vicepresidencia, la pasada semana,  Sin embargo me tocó entrevistar, en ATB junto a Susana Bejarano y Amaru Villanueva, a Pablo Bustinduy, su asesor en Bruselas, donde  hace cuatro meses  funge como eurodiputado. Y claro, Iglesias aprovecha sus vínculos con América Latina para desplegar su primera gira por La Paz, Quito y Montevideo. Lo reciben en los palacios de gobierno.

La charla
Le pregunto a Bustinduy si "chavista” es un insulto con muchos adeptos en su país. Me dice que sí, sin apenas dudarlo. Añade que han sido los medios de comunicación los que han logrado satanizar con éxito en su país a los "bolivarianos” de boina roja. De modo que cuando en 2007, el rey, ahora dimitido, mandó a callar a Hugo Chávez en una Cumbre Iberoamericana, estaba haciéndolo con la venia de su opinión pública.
Pese a ello, Pablo Iglesias es, ante todo, un fenómeno mediático. Bustinduy asiente. Recuerda que su mayor mérito fue darse a conocer mediante desempeños cada vez más aplaudidos en las llamadas "tertulias” televisivas españolas. "Y es que Pablo comenzó a decir las cosas que la gente pensaba”, agrega.
Entonces me lo imagino. Tras la erupción de aquel volcán llamado 15M (por el 15 de mayo de 2012), muchos de sus "indignados” buscaron ansiosos una voz pública que les dé continuidad y presencia en el debate público. Iglesias empezó a ser esa plataforma, mientras los medios subían en el rating al tenerlo en sus pantallas. Entonces termina siendo paradójico: mientras demolían simbólicamente al "chavismo”, entronizaban a uno de sus simpatizantes.

Los de abajo
Le pregunto a Bustinduy lo que a muchos inquieta: ¿por qué prefieren no considerarse de izquierda? Lo hago suponiendo que mi duda está relacionada con un insulto llamado "chavista”. Casi doy en el blanco. Bustinduy responde que si ellos se alinearan en la dicotomía izquierda-derecha caerían en la trampa del bipartidismo dominante desde 1977.
En otras palabras, pasarían a ser el ala más progresista del Partido Socialista Obrero Español (PSOE) para adversar al Partido Popular (PP). Pues no. Podemos quiere representar a ese inmenso gentío afectado por la crisis social, ser la voz de los que perdieron sus viviendas, de los que no encuentran trabajo, de los que ven caerse a pedazos el llamado "estado del bienestar”, propulsado por la muerte de Franco en 1975 y el ingreso de España a la Unión Europea en 1985. Ese mar de descontentos o indignados no parece ser ni de izquierda ni derecha; son "los de abajo”.
Entiendo bien el dilema de Podemos.  De lo que se trata no es siquiera de reemplazar al PSOE y atraer los votos socialistas descontentos; Pablo Iglesias no quiere ser el Felipe González del siglo XXI.  
Bustinduy lo dice mejor: lo que se observa ahora mismo es que no sólo el PSOE se va erosionando, sino que eso también ocurre con el PP.  Podemos bebe de todas las fuentes de la crisis.

Catalanes
¿También de los independentismos?   Ése es justamente el segundo dilema de la nueva agrupación: qué hacer con los anhelos de separación de vascos, pero sobre todo de catalanes, que porfían en avanzar hacia un referéndum el próximo 9 de noviembre. Bustinduy apuesta por mantener la unidad del Estado español. Dice que a los de Podemos les gustaría construir el nuevo país junto con Cataluña. Y entonces recurre a una fórmula que funciona bien entre los televidentes bolivianos: alude a la posibilidad de que España camine por la senda de una Constituyente. Resuena entonces el eco de una revolución, una de ésas que se vienen haciendo en la década, sin fusiles ni barricadas, sino mediante sufragio y discusión encendida. ¿Una España plurinacional?
¿Son ustedes euro-escépticos? La pregunta era obligada ante la proliferación en Europa de siglas nuevas y no tan nuevas que apuntan sus dedos acusadores a Bruselas. Bustinduy lo niega. Ante la euro-crisis, Podemos quiere más Europa, pero no aquel proyecto capitaneado por Alemania, sino uno que vaya más allá del Banco Central y los intereses de los núcleos privilegiados. "Europa nació en Grecia y miren lo que estamos haciendo con Grecia”, nos indica.

Ganar y después organizarse
Más un millón de votos y todavía un ciber-partido.  Podemos fue la sorpresa en las elecciones al Parlamento europeo en España, 8%, pero para entonces aún no había armado una estructura partidaria. Recién lo hace ahora, desde este mes. Es para eso que ha convocado a una "asamblea ciudadana”, abierta a miles de personas ansiosas por establecer los principios y estatutos de la agrupación. Tres documentos sirven de base para el debate.  El único requisito, inscribirse.
El proceso confirma que no son sólo jóvenes los atraídos por la posibilidad de romper con el bipartidismo. Los llamados "indignados” ya tienen una identidad, sólo les falta un hogar para discutir. No se busca avanzar hacia un frente de izquierda con las organizaciones tradicionales. La meta es representar a una "nueva mayoría social”, forjada por el derrumbe de las garantías sociales y la llamada austeridad.
Una de las incógnitas es si Podemos participará en las elecciones locales que se avecinan.  900 espacios de decisión se han multiplicado en distintas regiones españolas y será ante ellos que tendrá que responder la nueva directiva.
Sin duda el desafío mayor llegará en diciembre de 2015, cuando se dispute el gobierno de Madrid.

Le pregunto a Bustinduy si "chavista” es un insulto con muchos adeptos en su país. Me dice que sí, sin apenas dudarlo. Añade que han sido los medios de comunicación los que han logrado satanizar con éxito en su país a los "bolivarianos” de boina roja.

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