El SOCIÓLOGO Emiliano Terán ANALIZA EL FENÓMENO

China, China, ¿qué estás haciendo?

La que pronto será y quizás ya es, la primera economía del planeta, goza de enorme popularidad en todo lado. Asciende como un cohete silente y desplaza a Estados Unidos, su viejo rival.
jueves, 11 de septiembre de 2014 · 23:42

Rafael Archondo

Mapamundi/La Paz


Latinoamérica ha vivido una década dorada. Mientras las potencias tradicionales del hemisferio norte se debatían en una crisis de la que no terminan de salir, nosotros hemos crecido y redistribuido, hemos reducido la extrema pobreza y hemos abierto cientos de catedrales del consumo. Desde el río Bravo hasta la Patagonia nos hemos enamorado de los contenedores despachados en dirección oeste. Todos los caminos llevan al océano Pacífico y le comenzamos a dar la espalda al mundo afianzado durante el siglo XX. Estados Unidos y Europa se van haciendo parte del Viejo Mundo, del capitalismo añejo.
En esta ocasión, compartimos la mesa con el sociólogo venezolano Emiliano Terán Mantovani. "No parece caribeño, más bien tiene la pinta de Osama Bin Laden”, nos comenta riendo  Patricia Molina, la amiga que lo antecede en su arribo al café, donde acordamos la entrevista.
Emiliano ha llegado a La Paz invitado por la cátedra Marcelo Quiroga Santa Cruz, que dirige nuestro colega Mirko Orgáz, director de periódico  Hora 25. Y, en efecto, ahí aparece Emiliano, el joven de la barba copiosa.  Hace como tres años empezó a interesarse en China y sus relaciones con América Latina. Su compatriota  Edgardo Lande, de la Fundación  Rosa Luxemburgo y del Instituto Transnacional, le fue abriendo los ojos a esa realidad, que ahora nos comparte.

Una potencia intermedia
Comencemos con los datos duros. De acuerdo a las tablas de la Comisión Económica para América Latina (CEPAL), entre 1980 y 2010  la economía de China ha venido creciendo de forma constante a un promedio de 9,8%.  
El año en que se inicia ese recuento  estuvo cerca del 8%; en 1984  batió todas sus marcas acariciando el 15%  y ha tenido 13 años, durante las tres décadas citadas, en los que ha superado el 10%, a veces con bastante holgura (sobre todo del 92 al 94). Sólo en los años de la crisis, entre 1989 y 1990, el ritmo chino ha caído a un pelo por debajo del 4%.
De haber comenzado siendo un inmenso enclave para las empresas transnacionales, en el que éstas disfrutaban de bajos salarios y ningún sindicato, China ha ido forjando una economía suya, con empresas privadas y estatales propias, las cuales han adoptado la tecnología extranjera para transformarse en jugadoras del mercado global.
Emiliano Terán nos dice que en un principio el modelo chino atrajo cientos de inversiones para producir artículos de consumo baratos, de baja calidad  y bajo un régimen salarial paupérrimo. En la actualidad, esa situación ha cambiado. Hoy China sigue siendo la factoría del mundo, pero sus productos han dejado de ser de ínfima calidad.  Ahora incorporan variada y alta tecnología, mientras los salarios han subido ligeramente, aunque no todo lo que uno esperaría.
"Tampoco es que el nivel de vida de los chinos haya mejorado mucho. Si vemos los índices de desigualdad, encontramos que éstos se mantienen y que el descontento social crece. Si a ello se suman las altas tasas de contaminación ambiental, podemos decir que la calidad de vida del obrero chino está aún muy lejos de la de los países industrializados”, anota Emiliano.  
La prueba más palpable de lo señalado por nuestro entrevistado es que China aún remunera mal a sus trabajadores. Bajo estadísticas oficiales de junio de 2013, una comparación entre 13 países del continente  coloca a China, en materia salarial, detrás de Japón, Corea del Sur, Taiwán, Hong Kong, Filipinas y Malasia.  Los asalariados de Hong Kong y Taiwán ganan el doble de sus pares chinos, mientras que los coreanos y japoneses perciben remuneraciones cinco y seis veces superiores, respectivamente. Esta combinación curiosa de potencia industrial con sueldos modestos sigue ayudando, sin duda, a incrementar su productividad.

Ellos y nosotros
Vayamos ahora a lo que nos toca de manera directa. Emiliano Terán afirma, junto a muchos estudiosos, que la economía china devora materias primas y que ha puesto al mundo a producirlas sin descanso. Según Morgan Stanley, China es el segundo consumidor mundial de petróleo y el primero de níquel, cobre, zinc, aluminio y acero. Esos materiales y toneladas de alimentos nutren al nuevo coloso.
Y ahora viene lo esencial: para poder garantizar la provisión de materias primas  China va por el mundo invirtiendo de forma directa.  Hoy es el segundo país en esta labor.
Aunque en Latinoamérica  las inversiones directas chinas aún representan sólo el 5,3% del total, la tendencia es hacia arriba, en un contexto en el que el intercambio comercial entre China y nuestro continente se ha multiplicado por 21 veces desde el año 2000 (CEPAL).
Entre 2008-2012, el principal mecanismo de penetración de los intereses económicos chinos ha sido, dice Terán, el llamado "préstamo por petróleo”. Dos tercios de los créditos chinos para América Latina corresponden a esta categoría. Miremos el caso de Venezuela.
El sociólogo nos explica que de los tres millones de barriles de petróleo diarios que produce su país, 250 mil son para pagar la deuda china. El monto que el gigante asiático le ha entregado al Gobierno de Maduro es de 40.000 millones de dólares. "Ya se pagó la mitad”, anota Emiliano.
De ese modo, el gigante asiático usa su liquidez, adquiriendo por adelantado la energía que necesita para mover su industria. ¿Algún problema?  
Terán añade que el destino de los fondos chinos está condicionado. Venezuela, como el resto de América Latina, utiliza el dinero que le llega de Beijing para impulsar más y más proyectos de extracción de materias primas, las cuales siguen siendo despachadas rumbo a los puertos del Pacífico.

Esa expansión no tiene límites. Nos endeudamos para seguir hipotecando recursos. 

Un nuevo ciclo del capitalismo
El sociólogo venezolano Emiliano Terán Mantovani opina que la relación con China refleja que estamos ante un nuevo ciclo del capitalismo, que como  los previos, "pasa por la explotación y el despojo a escala mundial”.
Si bien la línea filosófica de la política exterior china habla de "beneficio recíproco y solidaridad”, lo que registramos es una pérdida gradual de soberanía de parte de los países proveedores del nuevo imperio. Cada dólar que sale de Beijing, regresa convertido en más y más naturaleza depredada.
¿Qué diferencia a China de la hegemonía norteamericana? Terán Mantovani opina que este nuevo ciclo capitalista tiene a un Estado fuerte como distintivo. En tal sentido, sería sólo una mutación del neoliberalismo que conocimos en los 90. ¿Qué nos queda a los latinoamericanos por hacer?  Nuestro interlocutor apuesta por un nuevo ciclo de luchas, una actitud nueva que resista el despojo, pueblos que le pongan freno a este puñado de Estados codiciosos que apilan recursos sin observar los límites necesarios.

La economía china devora materias primas y ha puesto al mundo a producirlas sin descanso. Según Morgan Stanley,  el país asiático es el segundo consumidor mundial de petróleo y el primero de níquel, cobre, zinc, aluminio y acero. Esos materiales y toneladas de alimentos nutren al nuevo coloso mundial.

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